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¡Felices Navidades!

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jueves, 17 de mayo de 2018

Este jueves, un toque de locura.



Esta semana, como varias anteriores, pensaba volver al blog, a los jueves, y hacerlo, a la vista del título, con algún relato divertido, al menos amable, pero resulta que durante la comida he leído el siguiente artículo sobre la vida en el exilio de Jozef Mengele.

A Mengele lo conocíamos muchos encarnado por Gregory Peck en la película Los niños del Brasil. Vi la película en televisión y recuerdo que después de verla muchos utilizábamos el calificativo Mengele para referirnos a algo terriblemente malo.


El perfil que me hago de ese personaje es de una persona carente de cualquier toque de locura, un tipo extremamente cuerdo. El autor del libro que da pie al artículo, Olivier Guez, cree que sería el ejemplo perfecto de la banalización del mal, ya que es un tipo que jamás se arrepintió de lo hecho. Y lo hecho es de una perversión inconcebible.

Justamente el concepto de banalización del mal lo acuñó Hannah Arendt analizando a Adolf Eichmann cuando fue juzgado en Israel. Le sorprendió como aquel hombre se mostraba orgulloso por el trabajo realizado en el transporte de prisioneros a los campos de concentración, sin mostrar en ningún caso alguna emoción. Solo orgullo profesional.

Mengele se ofreció para trabajar como médico en los campos de concentración de modo que pudo conseguir seres humanos con los que realizar sus investigaciones. No sé ni sé si soportaría saber los experimentos que realizó. Me basta para que se me revuelva todo leer que tenía lo que llamaba un zoo de niños, su corral de cobayas de donde tomaba a quienes empleaba para aprender sobre el cuerpo humano.

Diréis que me equivoco, que no era un tipo cuerdo, sino un maldito loco, pero lo que afirmo es porque creo que los humanos tenemos toques de locura, incluso los necesitamos. El amor, la ternura, la solidaridad, muchos otros tantos sentimientos que nos mueven a cometer actos que tal vez no haríamos en nuestro sano juicio, que tal vez nos perjudican, de los que a veces nos arrepentimos, están implícitos en la condición humana.

Mengele careció de esos sentimientos, fue un absoluto cuerdo.

Su vida no fue feliz, era imposible. Porque, como dice la imagen que nos sugiere Pepe para ilustrar el relato, no se puede ser feliz sin tener algunos toques de locura.

Otros toques de locura aquí.

16 comentarios:

Tracy dijo...

Muy original tu aportación. Me ha gustado mucho.

Campirela_ dijo...

Muy buen relato tanto como cruel el personaje ..es horrible pensar que haya personas así tan depravadas y como bien dices cuerdas total pq si tuviera un mínimo de locura se hubiera arrepentido de esas atrocidades..
Un saludo .

Magade Qamar dijo...

No todos los locos están bajo tratamiento ni tienen el sadismo y poco apreció por sus congéneres, la verdad. Saben muy bien lo que hacen. Lamentablemente, toda la inteligencia la emplean para mal.

Muy bueno tu aporte, de verdad.
besos.

Ester dijo...

La locura no es mala, los criminales no son locos, son criminales. Estoy de acuerdo con tu planteamiento, estaba cuerdo, tendría que haber nacido muerto. Abrazos

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Esos asesinos no estaban locos, eran perfectamente responsables de sus actos, simplemente eran sádicos, malvados al extremo, con poder e impunidad. Ojalá jamás se repitan esas aberraciones, para eso hay que luchar para que nunca se olvide semejante horror. Un abrazo 😊

Pitt Tristán dijo...

Un relato periodístico que nos recuerda la maldad más que la locura como bien expresas.

Un saludo.

Myriam dijo...

Tal cual, Mengele -como los otros criminales Nazis- era un psicópata muy cuerdo y sabía muy bien lo que hacía. No tenía ni la más mínima empatía con otros seres humanos.

Excelente aporte, Juan Carlos.
Un abrazo

Montserrat Sala dijo...

Solo penrar en Mengele y compañía, se me revuelven las tripas. a estos sí que les convenia un gran toque de locura pues estaban demasiado arios y cuerdos, además de exageradamente efectivos.
Un abrazo, amigo Juan Carlos. TE deseo lo mejor en tu nuevo trabajo.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Bien planteado. Inquietantemente cierto.
Si llamamos locura a comportarse de acuerdo a ciertas emociones, entonces la cordura, como exención de esas locuras, es algo nefasto.

Saludos

MOLÍ DEL CANYER dijo...

De loco nada, los que denominamos locos son empaticos y llevan como pueden su sufrimiento. Los psicopatas son otra cosa, algo asi como Menguele. Muy buena tu aportación, besos.

sakkarah dijo...

Se me ha puesto mal cuerpo solo de pensar en él...

Sí, un absoluto cuerdo, pero... Me encantaría poder averiguar por qué razón hay gente con una maldad así, de que puede depender esa falta de corazón. Nunca podré comprenderlo.

Cuanta rabia me da pensar en lo que hizo...

Muy bueno tu relato, un relato que hace pensar en la complejidad de los seres humanos.

Muchos besos.

Mujer Virtual dijo...

Vi la película, creo que la inteligencia de ciertas personas que la usan para la maldad es escalofriante y sí, saben bien lo que hacen, muy buen relato.
Abrazos

Dafne Sinedie dijo...

Curioso el artículo y tu relato sobre él. Creo que conocía de oídas el caso que se comenta... Está bien saber más sobre el tema.
¡Besos jueveros!

Carmen Andújar dijo...

Pues nunca lo había pensado así, pero tienes razón, un hombre carente de sentimientos, nunca puede tener un toque de locura.
Un abrazo

Pepe dijo...

No creo en la existencia de un gen criminal que de alguna manera disculparía a su portador de actos tan crueles. Así que estoy de acuerdo que los mismos son obra de alguien perfectamente cuerdo, carente de todo tipo de humanidad.
Gracias Juan Carlos por estar en mi convocatoria.
Un fuerte abrazo.

Campirela_ dijo...

Por segunda vez comento este relato en el cual estoy no más convencida pq ya lo estaba en Mayo ese ser no era humano ..a él deberían de estudiar seguro que encontraba una mutación para que no tuviera un solo gramo de sentimientos hacía el prójimo .
Un abrazo .