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¡Felices Navidades!

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domingo, 30 de junio de 2019

Convocatoria literaria, el jueves 4 de julio vamos al cine de barrio



Estaba prevista la reapertura del cine de barrio hace unas semanas, pero tuvo que posponerse justamente hasta esta semana en la que quiero proponeros hablar sobre esos cines de barrio o de pueblo en los que pasábamos una tarde (generalmente la del sábado) viviendo las aventuras que nos ofrecía la pantalla.

Pasear por cualquier lugar es ir comprobando la masacre que han sufrido aquellas maravillosas salas. De algunas no queda ni rastro, otras sencillamente están cerrada y, lo más horrible, he visto una convertida en casa de apuestas.

Es cierto que en los tiempos de Netflix, HBO y otras plataformas, las salas de cine han perdido sentido, pero hace plantearse qué ha pasado en un mundo en el que el lugar que ofrecía a los niños aventuras y sueños sea ahora una tienda o una casa de apuestas. ¿Qué futuro estamos construyendo?

Para rememorar esas viejas salas os dejo algunas imágenes de algunas viejas salas abandonadas que he fotografiado como son el Gran cine Royalty Gandía (la primera imagen), y a continuación las del Cine Paris de La Coruña que es tienda de ropa, del cine Muñoz de Tembleque (Toledo), del cine Maravillas de Teruel y esa tan triste del cine Lowen de Tubingen (Alemania), en la que en la entrada han tachado en rojo la opción film.


Cine Muñoz en Tembleque
Cine Paris en A Coruña

Cine Maravillas de Teruel

Cine Lowen, en Tubingen

Cine Aranjuez

Pues con estas imágenes o cualqesquiera otras que elijáis, os espero el jueves para contarnos historias de esos antiguos maravillosos cines en los que tantas historias se vivieron o reflexionar sobre el cambio del mundo que ha supuesto su desaparición.

Os deseo que esta semana seáis tan felices como lo éramos con aquellos programas dobles y nos vamos leyendo.

jueves, 27 de junio de 2019

la mejor hora








Esta semana Dorotea, en su blog, lazos y raíces, nos propone escribir sobre la mejor hora.
Y esta semana, concretamente el lunes, pude ver en directo a uno de mis músicos favoritos, el brasileño Milton Nascimento (regalo de mis hijas), a quien vi muy viejito y enfermo.
Uniendo ambas ideas viene este relato. Os dejo un video de una canción que interpretó el lunes, por si a alguien le interesa escucharlo.






Es de noche, es muy tarde, y mi luz sigue encendida. La noche ha sido musical, he podido disfrutar de ver tocar a uno de mis favoritos en directo y no quiero terminar el día, quiero arañar los minutos que quedan para aún disfrutarlo antes de que el sueño haga pasar las emociones vividas al recuerdo.

Él quedó allí, saliendo dificultosamente del escenario con un rumbo que desconozco, pero dejando claro que su vida ha llegado a una noche a la que no sucederá ningún amanecer, arañando los minutos que le quedan en su vida para seguir generando sensaciones positivas con su música.

Seguro que sabe que su lista de canciones está cerrada, toda su obra está ya escrita y que muy pocas veces más las expondrá en vivo.

El día acaba cuando acaba. Cuando las dos manecillas del reloj analógico coinciden en lo más alto, cuando la pantalla del reloj digital se reinicia marcando el cero termina mi bonito día, que dejará para siempre el recuerdo de ese concierto y termina su día quedando permanentemente en el recuerdo de quienes apreciamos su arte.

miércoles, 12 de junio de 2019

Las mil y una sopas


Resultado de imagen de sopa de apio


Después de unas cuantas semanas en que olvido que tengo un blog y de otras pocas en que no he sido capaz de ofrecer un relato, esta semana tiro de fondo de armario para participar en la convocatoria de Ceci.
Se trata de hablar de ritos culinarios y los otros relatos participantes pueden encontrarse en este enlace.


Mi relato, se titula LAS MIL Y UNA SOPAS y es el siguiente:


A él las mujeres le duraban apenas una noche. Las conocía, las exploraba y, con el nuevo día, las dejaba.

Él decía que era nómada y callaba una sensación que le inquietaba, la de ser un asesino en serie, pues disfrutaba al conocer a una mujer en plena vitalidad, llevarla hasta la más trepidante excitación y abandonarlas tras haberlas infligido una pequeña muerte.
En una de aquellas noches conoció a Cherri y con ella realizó todo su ritual. En el momento de despedirse, quedó fascinado por efecto de un olor.

Apio.

Siguió el olor como si él fuera una rata y el apio la música que surge de una flauta hasta llegar a la cocina en la que ella, tras su pequeña resurrección, removía el contenido de una cacerola como si fuera un flautista interpretando música. Se acercó a ella, la abrazó por la espalda, besó su cuello mientras sus manos aprisionaban las colinas, recorrían los llanos y trataban de internarse en la hondura de ella que, ensimismada, removía la sopa.

Él se quedó para probar esa sopa y le entusiasmó y decidió hacer una excepción y repetir noche con Cherri. Y a la mañana siguiente, de nuevo un aroma detuvo su despedida, esta vez era tomate. Y así, cada noche de amor fue sucedida por una mañana de aromas, todos diferentes y siempre irresistibles para él, hasta que fueron mil y una mañanas, mil y una sopas que, según él confesaba, le transformaron en un hombre sedentario y, callaba, en un asesino en serie rehabilitado.

Y Cherri. ¿Qué pensaba?

Se sentía algo mejor, ya que al fin había comenzado un tratamiento que esperaba le ayudara a ser más asertiva y a dejar esas obsesiones, como la de probar una nueva receta de sopa cada vez que se sentía insatisfecha.