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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

jueves, 24 de mayo de 2018

Relatos sobre un premio

Aquí aparecen relacionados los relatos escritos bjo la premisa del premio con enlace al blog en que se alojan:












                                     




Imagen relacionada     Carmen            
                 
  Resultado de imagen de premio cine Sylvia
  Resultado de imagen de premio tamaño








Fabián

 





 


 Gus








 San









 Moli del Canyer






Campirela


 




         Mujer virtual 
 Sakkarah






 Myriam






          Tracy


 

domingo, 20 de mayo de 2018

Convocatoria literaria: el premio.

 



Resulta que esta semana se cumplirá el aniversario de una vez en que resulté ganador del mayor premio en un sorteo y se me ocurrió proponer este tema: EL PREMIO.

Ese será el tema de la convocatoria, aunque para quien quiera rizar el rizo, propongo desarrollar una idea que Chejov dejó apuntada y que nunca llegó a escribir:
Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida.

Os espero desde la tarde-noche del miércoles y las 24,00 horas del viernes y, muy importante, no olvidéis comunicarme el enlace del relato que quiera participar en esta convocatoria para poder hacer la relación de participantes.
Muchas gracias y… ¡qué las musas os premien!

jueves, 17 de mayo de 2018

Este jueves, un toque de locura.



Esta semana, como varias anteriores, pensaba volver al blog, a los jueves, y hacerlo, a la vista del título, con algún relato divertido, al menos amable, pero resulta que durante la comida he leído el siguiente artículo sobre la vida en el exilio de Jozef Mengele.

A Mengele lo conocíamos muchos encarnado por Gregory Peck en la película Los niños del Brasil. Vi la película en televisión y recuerdo que después de verla muchos utilizábamos el calificativo Mengele para referirnos a algo terriblemente malo.


El perfil que me hago de ese personaje es de una persona carente de cualquier toque de locura, un tipo extremamente cuerdo. El autor del libro que da pie al artículo, Olivier Guez, cree que sería el ejemplo perfecto de la banalización del mal, ya que es un tipo que jamás se arrepintió de lo hecho. Y lo hecho es de una perversión inconcebible.

Justamente el concepto de banalización del mal lo acuñó Hannah Arendt analizando a Adolf Eichmann cuando fue juzgado en Israel. Le sorprendió como aquel hombre se mostraba orgulloso por el trabajo realizado en el transporte de prisioneros a los campos de concentración, sin mostrar en ningún caso alguna emoción. Solo orgullo profesional.

Mengele se ofreció para trabajar como médico en los campos de concentración de modo que pudo conseguir seres humanos con los que realizar sus investigaciones. No sé ni sé si soportaría saber los experimentos que realizó. Me basta para que se me revuelva todo leer que tenía lo que llamaba un zoo de niños, su corral de cobayas de donde tomaba a quienes empleaba para aprender sobre el cuerpo humano.

Diréis que me equivoco, que no era un tipo cuerdo, sino un maldito loco, pero lo que afirmo es porque creo que los humanos tenemos toques de locura, incluso los necesitamos. El amor, la ternura, la solidaridad, muchos otros tantos sentimientos que nos mueven a cometer actos que tal vez no haríamos en nuestro sano juicio, que tal vez nos perjudican, de los que a veces nos arrepentimos, están implícitos en la condición humana.

Mengele careció de esos sentimientos, fue un absoluto cuerdo.

Su vida no fue feliz, era imposible. Porque, como dice la imagen que nos sugiere Pepe para ilustrar el relato, no se puede ser feliz sin tener algunos toques de locura.

Otros toques de locura aquí.