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¡Felices Navidades!

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miércoles, 22 de marzo de 2017

Círculos viciosos y un poco sobre el síndrome de Down




Esta semana sé que fuerzo un poco la convocatoria de Maribel para llevarla al terreno que me interesa, pero toca, porque ayer fue el día internacional del Síndrome de Down y porque en estos días el asunto me ha ocupado mucho, más de lo que ya de por sí ocupa ser padre de Jaime.

Y me extenderé algo más de lo que se permite, aún así creo que he resumido demasiado. 

Otros relatos sobre círculos viciosos en Soliluna


Cuando conseguí decir que mi hermano era un cabrón, me sentí realmente libre. Esta frase, fuera de contexto puede perturbar. Si la contextualizamos, se refiere a una persona con síndrome de down y entonces escandalizará.
A mí me parece genial.
El escritor Marcos Chicot divulga la tesis que atribuye la discapacidad de las personas Down a sus problemas de comunicación verbal. Algo semejante a lo que ha ocurrido con los sordos, no se ha podido mantener una relación normal con ellos y se les ha catalogado como pobrecitos discapacitados.
Problemas de comunicación los relegan, la relegación los distancia más aún de la “normalidad”. Un círculo vicioso
La semana pasada descubrí a Giacomo Mazzariol, hermano de Giovanni, un chico con síndrome de down, sobre quien ha escrito un libro llamado Mi hermano persigue dinosaurios, en el que aparece de la frase que inicia este relato.
Planeé contrarregalar ese libro a mis hijas en el día del padre, pero el contraespionaje funcionó mejor y me lo regalaron ellas, junto con unas entradas para ver la magnífica representación de El rey león de Madrid. Recibí el libro el domingo y el lunes, tras comidas con familiares y amigos, disfrutar del musical, había terminado de leerlo.
Sobre su hermano, sus conductas. Por ejemplo,  parafraseando a Nietzsche dice Giovanni es un baile. Lo difícil es oír su misma música. O su vida es como una instantánea. Gio hace una foto, se mete en ella y la vive, luego enseguida otra. Porque Gio, como Jaime. a veces se centra en algo que nos parece una tontería, que creemos debería dejar de hacer porque con ello se pierde algo que nos parece más atractivo, pero él permanece inmerso en esa “fotografía”.
Explica como una persona cambia teniendo alguien con síndrome de Down a su lado Sin duda, insultando no se convence a la gente de que no insulte sino se les convence …como Gio había cambiado en mí con su presencia afectuosa y constante, con su frescura, con su mirada maravillada.
Además Giacomo, que en enero cumplió veinte años, recuerda su adolescencia en la que quiso ocultar que tenía un hermano como Gio y ello lo hace con un retrato maravilloso de lo que es ese periodo cargado de vergüenzas, conductas incomprensibles, sentimientos de culpa, querer y no hacer… como también le ocurre a Simba en su historia y como yo mismo viví en aquellos años. Él dice que la superó cuando Acciones e intenciones coincidían por primera vez. Era yo mismo.
En definitiva, un libro, insisto, delicioso, que afronta el síndrome de Down desde la convivencia diaria, viviendo momentos cargados de ternura, desesperación, amor, pena, desesperación, admiración y tantos otros sentimientos, porque ellos son capaces de dar una tremenda intensidad a cualquier momento.

Tal vez su integración avance a medida que se vaya rompiendo esa barrera de la comunicación de la que habla Chicot, pero entretanto no les ayudaremos tratándolos como a pobrecitos discapacitados, sí, en cambio, atreviéndonos a decir que son unos cabrones cuando lo son. Y, creedme, muchas veces lo son.


Para cierre, una foto de mi cabroncete favorito 


y un enlace a un precioso vídeo de los hermanos Giacomo y Giovanni Mazzariol



viernes, 17 de marzo de 2017

Un rápido testamento.









Este jueves nos pide Pikxi que relatemos alguna circunstancia de nuestra propia muerte. Después de no quedar satisfecho narrando mi muerte ideal, en un accidente aéreo llegando a una isla del Pcífico Sur, he decidido hacer testamento. Así, de buenas a primeras, sin hacer inventario, pero creo que básicamente está bien.

Los demás relatos sobre la muerte de cada uno de los participantes se pueden encontrar en este enlace con el blog la guarida de las locuras



Sí, es momento de pensar en el testamento, por edad, malos hábitos, por tantos kilómetros sobre malas carreteras, pero ese testamento estaría referido a objetos, que ni son tantos ni interesan aquí.
Estaría también el testamento vital. Ahí, lo que quieran, si alguno de mis órganos sirve para algo, sin duda, que haga su servicio, sean mis ojos astígmatas, mi corazón gastado, mis neuronas patinadoras…
Creo que este lugar es más adecuado para realizar otro testamento, el inmaterial.
Y en él, me gustaría dejar un buen recuerdo a quienes he conocido. Sé que es imposible, al menos me gustaría que nadie se sienta dañado por mí.
Entre mis más allegados, me gustaría dejarles mis sueños y sobre todo mis principios. No son los más apreciados en el mundo que representan triunfadores tipo Donald Trump y seguramente serían motivo de mofa para sus seguidores, pero son los que he mantenido durante todo el tiempo que llevo en este planeta los mantengo.
Principios como la justicia, la solidaridad y el respeto a todos y cada uno (aunque estos últimos sean simplemente vertientes de la justicia), la sinceridad, la persecución de la verdad y del conocimiento, la prevalencia de la persona sobre los intereses.
Sueños como el afán de conocer el mundo, descubrir su belleza, los grandes logros de la humanidad y las maravillas de la naturaleza, disfrutar de lo que no se aprecia en una primera mirada, porque lo maravilloso está en tanto en lo evidente como en lo impercetible si se sabe mirar.

Eso sería lo que me gustaría dejar, en ese sentido me gustaría que girase el mundo.

viernes, 10 de marzo de 2017

Para este jueves, ¡bon apetit!


Para este jueves Matices nos propone un relato gastronómico, que se puede ver en este enlace, desde el que también se puede ver el menú de los diferentes relatos, que os recomiendo probar, todos y cada uno.

Mi relato,  después de estas fresas con nata, que tendrán un papel decisivo en la historia.

Resultado de imagen de fresas con nata



Era la cena número cien que compartían y sin embargo era primera y él esperaba que también fuera última.
La primera en el apartamento que él acababa de alquilar y tal vez la última viviendo separados pues cuando sirviera el postre le propondría que se quedara a vivir con él.
Ella llegó impuntual, pero él ni lo notó, tan enfrascado como estaba repasando los detalles para todo saliera tal como la había imaginado, especialmente lo de después… La acomodó en el comedor, con un vermut que tenía un toque justo de ginebra, mientras fue a buscar el primer plato, una crema de espárragos, suave, con textura, la había hecho él mismo y había sido más generoso de lo que decía la receta en el uso de la verdura prima. Tal vez fuera cierto que el espárrago es afrodisíaco.
Un solomillo con generosa salsa de pimienta, con unos espagueti y verduritas salteadas como guarnición deleitaría y alimentaría convenientemente para la subsiguiente celebración. El vino, un rosado Cresta Rosé muy frío manaba generosamente de la botella a las copas. Sin problemas, había suficientes botellas enfriándose en la nevera.
Todo iba perfecto. Ella estaba feliz, todo le gustaba, sus mejillas iban enrojeciendo de felicidad (sí, también etílica) y el atrevido vestido verde no solo le sentaba muy bien, sino que además él ya había estudiado cómo quitárselo velozmente.
Entonces fue a buscar el postre: fresas con nata.
Nunca lo hubiera imaginado. Pensaba realizar un juego semejante con esas fresas al que practicaron Kim Basinger y Mickey Rourke un día de sus nueve semanas y media, pero no fue así.
Ella se levantó y comenzó a lanzarle fresas mientras gritaba ODIO LAS FRESAS. Él intentó calmarla, la sujetó, la abrazó y ella alcanzó con una mano la nata para propinarle una bofetada que llenó la izquierda de su cara del viscoso elemento.
Él perdió la paciencia y extendió nata por la cara de ella, que rompió a llorar. Él, arrepentido, la besó y comenzó a succionar la nata de su cara con la boca. Ella correspondió con la que él tenía en su lado izquierdo.
De camino a la cama sus caras eran una guarrada de nata y saliva, pero no les importaba e hicieron el amor apasionadamente sin saber que el salón había quedado lleno de fresas pisoteadas durante la pelea y la reconciliación.
Seguro que pensáis que la pareja no aguantó junta hasta la fecha de caducidad de la nata, pero os equivocáis. Aún siguen juntos. Y muchas veces preparan nata de postre, pero sin fresas. Ahora él también las odia.

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Para finalizar, aprovecho para pronunciarme sobre un tema de fundamental en este país, aún a sabiendas que alguien pueda sentirse hondamente ofendido. Pero es de una gran importancia y uno debe ser fiel a su ideología.