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¡Felices Navidades!

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miércoles, 19 de abril de 2017

Un relato que finaliza en el día de hoy: Por un puñado de euros (western castizo).

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Hace dos años escribí un cuento basado en la realidad madrileña y en la profusión de películas malas de vaqueros que emite Telemadrid. Aquel cuento, basado en hechos reales, tenía un final abierto y justamente hoy parece haber llegado el final de esa historia, lo cual me obliga a publicarlo.

Dado que los personajes reales están transformados en personajes de películas del oeste no publicaré el "reparto", pero si alguien lo quiere, se lo puedo mandar por correo con las explicaciones sobre quien es quien y por qué.
En el relato faltan algunos personajes dignos de participar en ella, como Thomas from Parla o Raymond Spin (ambos malos malísimos).

Hay que explicar que este relato lo escribí bajo la consigna Hay épocas en las que apetece matar gente, frase de un relato de mi amigo Max Estrella y que es excesivamente largo para lo que se ha impuesto para los relatos de los jueves, así que no tenéis obligación de leerlo.

POR UN PUÑADO DE EUROS (WESTERN CASTIZO)


Hay épocas en las que apetece matar gente. Yo estoy en una de ellas desde que, yendo al trabajo, la radio de mi coche narraba una historia que, en ese momento hiperrealista del día que es la madrugada, interpreté bajo la influencia de la película del oeste que había visto la tarde anterior en Telemadrid.
Comenzaba doce años atrás, en el acto en que se iba a entregar la estrella de sheriff a Ralphie, un tipo soso que contaba con el apoyo la mayoría de los habitantes de esa comunidad, que no llegó a consumarse, pues cuando le iban a poner la estrella que le conferiría el poder, uno de los hombres de confianza de Ralphie escapó en medio de la ceremonia, cabalgando a toda velocidad con destino sur, llevando consigo el distintivo de un rango al que Ralphie nunca accedería.
La dueña del saloon, Mrs Hope, contempló la escena desde el ventanal de su habitación y, riendo maléficamente, supo que era el momento de dar el siguiente paso en su estrategia: presentarse ante el consejo ciudadano para, con su característica vehemencia, exigir, como propietaria del establecimiento más próspero y honorable de toda la comunidad, que se garantizara el imperio de la ley.
Así lo hizo y dado que cada uno de los ciudadanos notables de la comunidad había protagonizado algún suceso en el saloon que preferían no saliera a la luz, dejaron en su mano la elección.
Ella tenía muy claro el perfil del nuevo sheriff, alguien que estaría a su lado, pero siempre a sus órdenes. Juntos serían dos, pero en contra de las reglas aritméticas, solo sumarían uno, ella, pues el sheriff, a su lado, tendría valor de cero.
No se decidía entre dos candidatos: el norteño y moderado Atticus[1] Gonsales y el sureño y visceral Frankie Granados, por lo que decidió que ambos compartieran la estrella. Pero ellos nunca sumaron dos, eran uno contra uno.
Cuando Mrs. Hope comprendió que la comunidad era demasiado pequeña para aquellos dos, tomó partido eligiendo a Atticus.
Despechado, Frankie se dedicó, ya abiertamente, al pillaje, liderando una banda de forajidos que sembró el terror por toda la comunidad y territorios limítrofes hasta que el coronel Velasco y sus casacas verdes lo abatieron.
Atticus, con la estrella en el pecho, aplicó la justicia con su criterio. Fue ese el tiempo en que los terratenientes se adueñaron de las reses de los pequeños ganaderos, cuando el médico estuvo obligado a prescribir medicamentos según el criterio de la boticaria, cuando se veía como el banquero gastaba obscenamente en el saloon el dinero que le confiaban los pequeños ahorradores.
El coronel Velasco quiso que las leyes estatales se aplicaran también en aquella comunidad, pero topó con el gobierno federal que le frenó hasta que no pudo más, pues había evidencias de una estrecha y extraña relación comercial de Atticus con el jefe de los indios, Cerezo Rojiblanco.
Atticus tuvo conocimiento de ello y se negó a entregar la estrella, atrincherándose en su despacho junto a sus secuaces, para resistir la inminente llegada de los casacas verdes que pretenderían detenerles.
Entre tanto, la dueña del saloon volvió de un viaje en el que había ido a buscar personas de talento para su negocio y bajó de la diligencia de la Wells Fargo & Co, advirtiendo estar dispuesta a ser ella misma quien impusiera el orden en la comunidad. Pero cuando llegó al salón, encontró que la encargada había puesto en práctica nuevos métodos de gestión, al considerar anticuados los de la vieja Mrs. Hope. La mirada que ambas se cruzaron evidenció que las ideas de ambas nunca sumarían.
No sé cómo termina la historia, porque llegué a mi destino, apagué el motor del coche y calló la radio. Creo que Atticus sigue atrincherado para intentar repeler el ataque del coronel Velasco y sus casacas verdes y que Mrs. Hope y su oponente negocian hipócritamente un acuerdo para repartirse el negocio, aunque parece claro que no fructificará y terminarán batiéndose en un duelo al amanecer.
Y lo malo es que esto no ocurre en el lejano oeste, sino en la mismísima Puerta del Sol.
Por eso hay épocas en las que apetece matar gente.



[1] Nota exigida por mi mujer: Nada que ver con Atticus Fynch, de Matar a un ruiseñor.

14 comentarios:

Ester dijo...

Y luego nos arrepentimos de no haberlos matado y nuestros descendientes nos lo echarán en cara. Buenas noches y dulces sueños

Campirela_ dijo...

Bueno , mejor no matarlos , que penen sus maldades , si ya no están no sufren descansan y hay personas que merecen penar lo que ellos hacen a los demás .
Buenas noches .

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Entreveo indirectas a situaciones reales que se me escapan por no ser local, igualmente el mensaje general se lee claro y se comprende esas "ganas de matar "que justifica la ambientación en un western. Un abrazo

Tracy dijo...

Jajaja y desde luego comprendo que lo hayas reeditado porque ahora más que nunca estamos en una época que justifica que tengamos ganas de matar a gente, jajajaa

censurasigloXXI dijo...

¡¡Uf!! Si no estuviera penado dejaría que desapareciesen unos cuantos y tantos... O MEJOR, COMO DICEN LOS COMPIS, les haría pudrirse poco a poco sin ocasionar gastos! :)

Abrazos.

Ah, ya está mi relato desde hace unos días!

Carmen Andújar dijo...

Un gran relato y más cercano a la realidad de lo que parece.
La verdad es que el poder corrompe a casi todos, y aquí está la muestra.
Un abrazo

Juan Carlos Celorio dijo...

Lo de matar es, por supuesto exageración, realmente lo acoplé para contar esta historia porque era una premisa a seguir.
Creo que tiene actualidad justo cuando Velasco y sus casacas verdes han logrado doblegar a los atrincherados.
Muchas gracias, amigos.

rosa_desastre dijo...

jajajaja, leyendo esta historia del centro-oeste, se contagian las ganas de matar a alguien, si. (aunque sea pecado mortal)
Un besazo

Mamaceci dijo...

Entiendo los eufemismos, igual me pierdo. Digo que entiendo a medias o tres cuarto pero me pongo celosa! porque los del norte se llevan la ambientación?
Beso grande!

Roxana B Rodriguez dijo...

¡Hola! 'Hay épocas en las que apetece matar gente', me encantó y que haya quedado en suspenso el verdadero final de la obra por llegar a destino. Perfecto.

¡Un abrazo!

Pepe dijo...

Tal vez nada de esto hubiera pasado si un tal Tamayo no hubiera ejercido de Judas vendiendo a los suyos. Digo tal vez en un exceso de optimismo porque visto como está el patio, posiblemente sólo hubieran cambiado los protagonistas.
Un magnífico western, Juan Carlos, aunque mucho me temo que no ha terminado aún, esto de pan para unos pocos es un tornillo sinfin.
Un fuerte abrazo.

Matices dijo...

Suma y sigue... el pan nuestro de cada día. Ambientado en otro momento pero igual resultado. Me gustó ese guiño a Atticus, sea o no el Fynch ;) .
Besos!!

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Podría incluirse el mensaje de cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, en esta o en otra parte del mundo.
Interesante la ambientación como western.
Saludos.

Yessy kan dijo...


Tremendo relato western con una pizca de humor y casi llegando a la realidad.
Abrazo