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¡Felices Navidades!

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viernes, 7 de abril de 2017

Amores de infancia


Esta semana los relatos del jueves se encuentran enlazados en el blog Molí del Canyer, desde el cual Inma nos pide que hablemos sobre amores de infancia.
Aquí están mis recuerdos:


Como primera toma me quedo con aquella en la que compartimos cama en una siesta. Nuestros padres (ahora lo imagino, entonces ni me fijé, como seguramente tú tampoco) nos mandaron a la cama después de una comida en la que debía haber corrido el vino y querrían una sobremesa sin que estorbásemos. Seguramente terminaron echándose la siesta, pero ellos durmiendo, no como nosotros.
Si esto lo lee alguien pensará algo que no ocurrió, porque a nuestros ocho o nueve años compartir cama era eso, estar juntos e imaginar. Me acuerdo que te veías como una princesa de cuento árabe y yo como un explorador en la selva y al final nuestros caminos se encontraban y el explorador rescataba a la princesa y terminaba con un beso, pero en aquel entonces los besos eran en la mejilla.
La siguiente toma sería en la playa, tú ya eras adolescente y yo casi. Me parecías muy mayor, inalcanzable para mí, ya usabas la parte de arriba del bikini y llegaste a ser más alta que yo. Realmente me sentía una oruga que admiraba a esa mariposa que eras tú. Recuerdo especialmente aquella vez que te caíste de un ciclomotor (tú ibas en ciclomotor, con tus amigos, yo en bici, solo). Recuerdo que llegaste llorando, yo me alarmé, fui a consolarte y cuando me enseñaste tu muslo herido probablemente la primera vez en que me sentí verdaderamente atraído por un muslo femenino. Y la primera vez en que tuve que hablar de tu herida, cuando esa era la zona que menos me interesaba.
Ahora haremos un flash-back y llegaremos a cuando éramos más pequeños y nuestros mayores decían que éramos novios. Tú lo asumías, siempre lo asumiste hasta justo el momento de la toma anterior, hasta que te hiciste mujer. Yo en cambio lo consideraba absurdo ¿para qué quería una novia? Ya estaba bien, éramos amigos. Bueno, a ti no te lo decí porque no quería romper tu ilusión. Creo que me faltaba entender algo, eso que comprendí cuando tu frágil cuerpecito de niña pasó a ser un atractivo cuerpo de mujer.
La última toma debe ser en un aeropuerto. Allí solíamos coincidir para recibir o despedir amigos de nuestras familias y seguíamos buscándonos, juntándonos y hablando para mantenernos al corriente de cómo evolucionaban nuestras vidas. Y llegó el momento en que dejamos de vernos. Los dos nos marchamos de Madrid.
No fuiste princesa, tu vida te mantuvo en los aeropuertos.
Yo tampoco exploré África, la vida me llevó a transitar por carreteras secundarias.


16 comentarios:

Campirela_ dijo...

Buenas noches , preciosa historia hay que ver como los recuerdos llegan con una nitidez que hasta el más ínfimo recuerdo tiene su importancia .
Un saludo.

Carmen Andújar dijo...

Esos sueños que se tienen de pequeño y que pocas veces se hacen realidad. La vida es así, pero fue bonito mientras duró.
Un abrazo

Ester dijo...

Recuerdos que regresan por una propuesta de relatos, que seguramente estaban en el baúl, airearlos los refresca y florecen los deseos de que le fuera bonito y fuera feliz. Un abrazo

Diva de noche dijo...

Gracias por esos flash que nos hacen ir y venir por tu memoria...una vez el niño... luego el joven que empieza a descubrir a las mujeres...hasta llegar al adulto..
Tu relato tiene un hechizo muy especial...quizás no hubo princesa...tampoco un explorador en la selva..pero dejaste el aire oliendo a recuerdos...
Besosss Juan Carlos...como siempre, tus historias son encantadoras.

Roxana B Rodriguez dijo...

¡Hola! ¡Qué precioso relato! Esa manera de evocar recuerdos, ilusiones y llevarlos lentamente a separarse por la vida misma. Me ha gustado mucho.

¡Un abrazo!

Matices dijo...

Y en ca da toma un paso invisible, la complicidad, los cambios y la vida hacen el resto y en muchos casos ese amor infantil inocente se convierte en un mero recuerdo, tal vez... agradable.
Por cierto, me queda la duda de si esos sentimientos cambiaron.
Un beso!!

Juan L. Trujillo dijo...

Bonita historia. Se unen el cándido recuerdo de un niño que sabe de princesas, pero no de enamoramientos y la cruda realidad de unas vidas, que aun pareciendo paralelas, terminan por alejarse en el infinito de la madurez.
Un abrazo.

Sara O. Durán dijo...

Muy bonito relato. A mi primer amor, solo lo miraba desde mi ventana en el segundo piso. cuando entraba y salía de su casa, frente a la mía. Era chico más apuesto del mundo. jajaja.
Un abrazo.

Juan Carlos Celorio dijo...

Esa duda me enorgullece como escritor, significa que he puesto el alma.
En la realidad es una historia del pasado remoto, queda el recuerdo de una amistad de la infancia.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que mal se porta la vida, dando sueños para luego alejarlos.
Pero aun así son recuerdos importantes.
Saludos.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Y es que a los niños parece no interesarles tanto los temas de amor, pero ya ves que cuando os dais cuenta ha pasado el tiempo. Precioso relato compuesto por retales de recuerdos, me ha encantado, besos.

Yessy kan dijo...

Hola, Juan Carlos
Tierno y muy dulce relato. Encantadora la forma que narras cada época, te quedo muy original. El final me fascino, bello cierre.
Beso

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Una muy bella historia de varias escenas discontinuas en la que los sentimientos y sensaciones se van transformando. Un abrazo

Charo dijo...

Guau! Esta vez te has lucido especialmente con tu relato. Me ha parecido magnífico la forma en que lo has contado, con esos recuerdos de escenas del pasado que nos dan una idea de la trayectoria que siguió ese amor. Y el final...maravilloso.
Te felicito!
Un beso

San dijo...

El fondo tan dulce y tierno...la forma perfecta para llegar al corazón del lector y hacerle percibir esa colección de sentimientos que vive el protagonista. Me gustó especialmente Juan Carlos.
Besos.

Fanny Sinrima dijo...

Juan Carlos, ¡qué formidable relato, evocador de esos años infantiles y adolescentes! Describes muy bien ese tránsito de la mirada inocente a una mujer, hacia la mirada que revoluciona los sentidos.

Un placer leerte, pues me transportas a mi infancia.
Un abrazo.