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¡Felices Navidades!

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viernes, 27 de enero de 2017

Jueves de soledad




Esta semana toca hablar de soledad y no he sido capaz de concretar las ideas que tenía.Finalmente he escrito esto sobre esa parte de España que se desertiza,  pueblos como Torremocha de Ayllón, donde tomé esta foto.
Los relatos sobre soledad se pueden leer desde este enlace.




Cuando era niño el autobús se llevaba del pueblo a más personas que las que nacían. 
No es dado a hablar, es seco y duro, como la tierra sobre la que creció. Sin embargo, sentado con él al calor de la chimenea y compartiendo unos vasos del vino que produce para su consumo, va rememorando y cuenta cosas.
Cuenta con orgullo que fue a la escuela en el pueblo, porque aún había una escuela, en la que Don Ramón, un viejo profesor, enseñaba todo a los niños de todas las edades. Hay un destello en sus ojos al hablar de Don Ramón porque fue quien además de enseñarle a leer, le indujo a hacerlo. Son sus libros y la radio quienes siempre le han acompañado, porque las personas que no se llevó el autobús fueron muriendo. De viejos, apunta con gesto resignado.
Ahora no queda nadie más que él en el pueblo. Una decena larga de kilómetros le separan del núcleo de población más cercano y varias de uno con comercio y servicios. Siempre por unas endiabladas carreteras que él recorre con su furgoneta para vender y comprar. Vender lo que la tierra le da. Comprar lo que necesita para subsistir.
Subsistir en una soledad que no siempre fue así. Me habla de amor, del que vivió y que fue una historia de Romeo y Julieta en la Castilla que se despuebla. Los padres de ella querían para su hija algo mejor que él y se la llevaron a la capital, no a la de la provincia, sino a la del Estado.
Cuenta que desde hace unos años algunos de sus amigos, incluso hijos de sus amigos, vuelven al pueblo en verano y que incluso se han vuelto a celebrar las fiestas. Sí, también ha vuelto ella y, me dice al oído, como si alguien pudiera escucharnos, que Julieta y él hacen el amor que entonces se les negó.
Realmente no ha sido nada desagradable quedarme atrapado por la tempestad en este pueblo perdido del interior. Realmente he disfrutado de la hospitalidad del último habitante de ese pueblo duro y frío y realmente estoy dispuesto a cumplir mi promesa de volver cuando haga mejor tiempo. Para las fiestas.

18 comentarios:

Rafaela dijo...

Que relato mas enternecedor contado al calor de la chimenea.
Aunque viva en soledad estoy segura que es muy feliz con sus recuerdos.
Un saludo.

Pepe dijo...

¡Que historia más hermosa y triste!. Pueblos que se desertizan, antes llenos de vida que acaban derruidos y abandonados. Soledad buscada por el protagonista de tu historia que se niega obstinadamente a abandonar el pueblo donde se crió y educó.
Me ha encantado tu historia Juan Carlos.
Un fuerte abrazo.

Ester dijo...

Nuestros pueblos se mueren de soledad y ausencias, el bullicio de la capital devuelve los fines semana a algunos habitantes ávidos de recuerdos. Tu le has puesto la ilusión de un reencuentro tardío dándole a la historia humanidad. Un abrazo

Sara O. Durán dijo...

Es una historia muy interesante, que fuiste hilvanando con ternura. Me creerás que no conozco ningún lugar vacío por acá. Al contrario, todos se han ido saturando.
Un beso.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Al menos ella volvió.

Sindel Avefénix dijo...

Me encantó este relato. Un solitario con tantas historias para contar! Me gustaría mucho ir a ese pueblo y pasarme horas hablando con él. Sus historias y su pasado le hacen compañia más allá de las ausencias.
Un abrazo enorme.

miralunas dijo...

me ha encantado, Juan Carlos!
me he quedado con una sonrisa pensando en ese solitario conciente de su vida, con sus amores y sus soledades.
Te dejo un beso, bonito.

Esther Planelles Arráez dijo...

Cuando veo un barco varado a merced de la herrumbre y el abandono, no puedo evitar pensar en las personas que ayer y hoy debieron abandonar sus lugares de nacimiento, y en aquellos que quedaron esperando su regreso junto al hogar. Todas estas historias merecen un final feliz, aunque sólo sea para que el corazón humano no se desintegre por la sal de las lágrimas. Gracias por el relato.

Un abrazo.

Yessy kan dijo...

Un relato conmovedor muy bien llevado con la soledad. Te estruja el alma saber que hay pueblos donde antes se daba la vida y ahora son parte de un aislamiento sin futuro. Pero unos que otros vuelven para recordar lo que antes fue, y refrescar sus circunstancias pasadas, como tu protagonista.
Bso

María Perlada dijo...

Conozco algún pueblo sin ningún habitante, cómo van quedando la vida rural, prácticamente deshabitada.

Me gustó tu relato.

Un beso.

Carmen Andújar dijo...

Una pena lo que pasa en muchos pueblos, se quedan sin gente. La gente emigra a las ciudades para ganarse la vida y buscar el amor. Ese hombre ha resistido, desde luego es un valiente. Ha buscado esa soledad, y le hace feliz.
Un abrazo

Tracy dijo...

¡Qué entrañable!

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Me ha encantado tu historia y me ha hecho pensar en pueblos de Lerida tambien abandonados donde como mucho viven dos personas. Tu protagonista ha sabido encontrar el equilibrio en esa soledad y recuperar un amor que se le habia negado. Besos.

San dijo...

Que suerte quedarse atrapado por unos días y disfrutar de una soledad compartida. Lo q si es triste es q los pueblos se queden deshabitados por no tener donde trabajar sus habitantes. Buena historia.
Un beso.

San dijo...

Que suerte quedarse atrapado por unos días y disfrutar de una soledad compartida. Lo q si es triste es q los pueblos se queden deshabitados por no tener donde trabajar sus habitantes. Buena historia.
Un beso.

Charo dijo...

Conozco pueblos así en la provincia de Soria en los que sólo hay habitantes en verano y otros en los que viven tres o cuatro personas. Para el que se queda atrapado por una tempestad durante unos días puede ser divertido, pero creo que tiene que ser durísimo ver pasar un día y otro y otro sin ver ni un alma, solo con tus recuerdos, dejando la vida pasar hasta tu muerte...
Muy triste, pero muy bien contado.
Un beso

Matices dijo...

Es feliz en su soledad, asumida por las circunstancias y regada de buenos recuerdos que hacen que sea revivida con nostalgia...
Una pena que los pueblos queden despojados de su vida como consecuencia de la situación económica en parte...

Leonor dijo...

Me ha encantado tu relato que puede ser real. Transmites una soledad bien aceptada. Y el triunfo de un amor que supo esperar.

Un beso.