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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

jueves, 19 de enero de 2017

Esta semana hablamos de tutela.



Esta semana nos vuelve a dirigir San, que propone hablar de la tutela. He estado recordando a mi estupendo profesor de Derecho Civil IV, Sr. Martín Blanco, probablemente el mejor que tuve en la carrera.
Pero creo que será mejor que os cuente lo siguiente, basado en algo que viví hace justo un año al conocer casualmente unos pisos tutelados para personas con discapacidad intelectual. 
Los demás relatos sobre tutela pueden encontrarse en este enlace.




Es una mañana de domingo de invierno en la que se agradece el esfuerzo del tímido sol para dar una tenue luz. Un coche blanco cruza el pueblo. Para, preguntan algo a Manolo Carretilla, quien hace gestos indicando que sigan de frente y luego giren a la derecha.

Sigue esa ruta el coche blanco hasta aparcar cerca de la Plaza. Del coche salen una mujer, un hombre y un niño y avanzan hacia los pisos tutelados de las monjas. En la misma puerta se ponen a hablar con dos de los chicos que viven allí. Son Javi y Alfonso. Javi es muy dicharachero y Alfonso no habla, probablemente porque no encuentra momento dada la locuacidad de su compañero.
No saben quién es ese Gabriel por el que preguntan los forasteros y deducen que debe estar en la residencia hacia la que les guían. Durante el trayecto Javi explica que casi todos viven en la residencia, pero ellos no porque son capaces de vivir solos. Se levantan, van a su trabajo, hacen sus compras, su comida y salen a divertirse sin necesidad de ayuda, aunque, reconoce, que hay personas que les supervisan.
Interrumpe su relato continuamente para saludar o bromear con las personas que se cruzan en su camino y cuando llegan a la residencia todo son abrazos con los residentes y sus responsables aunque, según el relato de Javi, debían haber estado juntos apenas unos minutos antes.
Los forasteros se quedan en la residencia, donde Gabriel les recibe con un gran abrazo. También les reciben con cariño el resto de personas alojadas allí, todos queriendo saber qué relación une al compañero nuevo con sus visitantes. Toda la escena se desarrolla bajo la mirada atenta de quienes trabajan el domingo con esa su otra familia.
Mientras tanto, Javi y Alfonso vuelven a esa casa en la que viven solos. Solos pero tutelados. Solos pero derrochando cariño. Solos pero arropados por todo el pueblo. 

17 comentarios:

San dijo...

Solos sin sentir soledad, solos pero acompañados, solos independientes, libres, pero con mucho cariño de quienes desde lejos le tutelan. Preciosa historia Juan Carlos.
Gracias por participar y estar.
Un abrazo enorme.

Ester dijo...

Los pisos tutelados son un gran logro, no solamente estan los que acogen a personas con bajo rendimiento psíquico, hay otros que acogen a chavales procedentes de familias desestructuradas. Conocerlos es un regalo. Abrazos

Tracy dijo...

Las casas tuteladas están haciendo una buena labor en todos los sitios en los que se encuentran.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Una buena forma de que estos chavales sean independientes, lo que para ellos es fuente de felicidad. Realmente hay proyectos fantasticos pensados en dar a estos chicos una buena calidad de vida con una gran dosis de libertad. Muy bueno tu escrito, veo que los dos hemos ido por caminos similares a la hora de escribir. Besos.

Roxana B Rodriguez dijo...

¡Hola! ¡Cuánta ternura derrocha el relato! Me ha encantado. Realmente, son un gran logro. Precioso.

¡Un abrazo!

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Buena manera de acercarlos a las responsabilidades que deberán asumir. Un abrazo

Sara O. Durán dijo...

Qué bien lo planeaste. Son muy buenas alternativas para muchos casos en que se requiere de protección sin dejar de ser independientes.
Un saludo.

Montserrat Sala dijo...

Muy bonito tu raelato, pero se em ocure ènsar en los pisos tutelados para ancianos, que es una manera distinta de estar en una residencia. Unos besos sueltos pero abundantes.

Charo dijo...

Buen relato Juan Carlos, muy bien contado. Me ha recordado que en prisiones también hay pisos tutelados para mujeres con niños que se llaman "unidades dependientes", por supuesto para reclusas que reúnan ciertos requisitos. Durante un tiempo, en Valencia, hice servicio en una de ellas, solo íbamos por las noches. (Perdona el rollo, es que me ha venido a la cabeza y tenía que contártelo, no sé por qué...je,je)
Un beso

miralunas dijo...

Ay, Juan Carlos! No sabés que cerca del alma me llegan esas historias. Si hubiera más corazones cuidando esos jóvenes, esos viejos, esas mujeres, esas personas que andan solas de la vida, a toda intemperie, otro sería el sol que brillara, especialmente los domingos.

mi abrazo desde acá, querido Juan!

Carmen Andújar dijo...

He oído hablar de esos pisos tutelados, deben estar bien, y les dan una gran independencia, siempre supervisada.
Un abrazo

Ame dijo...

Vaya que es excelente, no sabía que existieran, es un relato excelente, Juan Carlos, emotivo sin duda
Un beso

Noa dijo...

Yo no sabía que habían casas tuteladas. Gracias por enseñarme, Juan Carlos.


Un abrazo,

Noa

Musa dijo...

Como la vida misma, creo que es un gran logro.
Un beso

Yessy kan dijo...

Que linda historia, Juan Carlos. Es magnífico que existan estas clases de tutelas, son de gran ayuda para los jóvenes con problemas familiares. Original texto.

RECOMENZAR dijo...

Algo nuevo para mi tu blog y lo que nos cuentas
gracias

Mar dijo...

Tu relato rezuma ternura. Gracias por esta visión fresca, proxima, humana de los pisos tutela dos. Un abrazo