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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 29 de junio de 2016

Nos reencontramos este jueves los siguientes compañeros.



Van llegando los asistentes a este reencuentro literario, por este orden:



2º) Jenofonte.

3ª) Carmen.

4ª) Inma (Molí del Canyer).

5ª) Leonor.

6ª) Charo.


8ª) Ame.

9ª) Pikxi.

10º) El Demiurgo de Hurlingham.

11ª) Diva de noche.

12ª) Tracy.

13º) Juan L. Trujillo.

14ª) Sindel.

15ª) Montserrat.

16ª) Verónica.

17ª) Mónica.

18º) Javier-Max Estrella.

19ª) Maite S.R
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sábado, 25 de junio de 2016

Convocatoria para el jueves 30 de junio.





Esta semana en la que los jueves vuelven a ¿Y qué te cuento? pensaba pediros que escribáis sobre reencuentros.
¿Motivo? El viernes tengo un reencuentro con mis compañeros de colegio. Un reencuentro repetido, porque el primero se produjo hace un año y medio y quedamos tan complacidos que nos volvemos a reunir cada seis meses.
Por tanto el tema de la convocatoria será
REENCUENTROS
Y una vez más, al realizar una convocatoria juevera ocurre algo que contradice el espíritu de la convocatoria. Esta semana ha sido un desencuentro que nos ha dejado con la boca abierta, el BREXIT.
Por tanto creo que la convocatoria debe abrirse a otro sentido, por lo que también se podrá hablar de
DESENCUENTROS
Y para cerrar esta brillante (o todo lo contrario) convocatoria, os dejo un tema musical que realizaron The lighting seeds para celebrar el reencuentro de nuestros amigos británicos, con uno de sus inventos más exitosos, el fútbol.

Ojo al tono de derrota, ojo al toque de esperanza, que entiendo dentro de esa desunión del Reino Unido con Europa y que puede representar la tristeza de una separación que dará lugar a que, algún día, el continente se reencuentro con sus islas más locas.


jueves, 23 de junio de 2016

Jueves de miedos infantiles





Esta semana toca hablar de miedos infantiles, nos lo pide Charo y los resultados pueden encontrarse en los enlaces enlace que hará en su blog, que enlazo aquí: ¿Quieres que te cuente?

Aquí van los míos:

Los sentía cada noche, justo en el momento en el que mamá me daba las buenas noches, apagaba la luz y cerraba la puerta de mi habitación.
Me inquietaban porque yo sabía que estaban allí, pero no los veía, ni los escuchaba, ni los olía.
Claro que pedí ayuda, pero papá volteó la cara con fastidio al escucharme y mamá me habló dulcemente, me acompañó a mi habitación y en cuanto me acosté negó su existencia, apagó la luz y cerró la puerta. Y ellos se dejaron notar de nuevo, como siempre.
Supe que no tendría ayuda, que estaba a su merced y viendo que pasaban las noches y no me ocurría nada, me fui acostumbrando a su presencia. El miedo fue dejando paso a una sensación de incómoda familiaridad que quería disipar conociéndolos. Necesitaba saber cómo eran, si eran capaces de comunicarse. Los imaginaba pequeñitos, porque tenían no había mucho espacio en la habitación y con formas de los animales más raros que veía en los libros que tanto me gustaban, pero siguieron sin ser perceptibles por los sentidos convencionales, aunque yo seguía notando cada noche su presencia.
Llegué a suponer que eran una colectividad marginada, que tenía miedo a los humanos y les daba la razón, porque iba comprendiendo que había más maldad en el mundo real que en el imaginario.
Cuando llegué en ese periodo llamado pubertad nos trasladamos a otra casa, una de nueva construcción. La antigua quedó vacía y todos los muebles fueron colocados en la nueva. Pero ellos ya no estaban.
Nunca sabré si se ocultaron por las ranuras del parquet o si quedaron relegados en mi mente, que ahora tenía más presentes a las niñas de mi edad, que de pronto se convertían en mi prioridad o en las músicas que iba escuchando. que en las extrañas criaturas que me habían asustado, me habían acompañado y que nunca habían aparecido.
¿Nunca?
Siempre recuerdo aquella noche en la vieja casa en la que intenté enchufar la lámpara de mi mesilla en la oscuridad y algo hice mal, porque sentí un calambre que me hizo saber lo que son 220 voltios. Tras ello temblaba en la cama y noté unas caricias que me confortaron. No fue mamá. Tampoco papá.

martes, 21 de junio de 2016

Semana 25 de 52: eclipse





Uno de los escritores que más me fascinan es Augusto Monterroso, que tiene un cuento titulado El eclipse, que es de los primeros que leí de él y que fue el que me enganchó con su talento.
Es un cuento muy corto, en dos tiempos, uno primero narrado desde la perspectiva del protagonista, que… Que no voy a contar, prefiero que leáis el cuento original.

Un enlace al texto del cuentista guatemalteco aquí.


Y ese final, tan sereno como cargado de esa ironía que nunca faltó a Don Augusto, que provoca una sonrisa a la vez que nos hace pensar, especialmente sobnre esa pretendida superioridad intelectual de unos pueblos sobre otros. 

Más visiones de eclipses en este enlace.

martes, 14 de junio de 2016

Semana 24 de 52, de lonxe



De lonxe significa, en gallego, de lejos y como creo que sabéis, soy un enamorado de la música gallega y, en consecuencia de este arpista llamado Emilio Cao.

Este tema, titulado De lonxe, comienza con esa sencillez, esa sensibilidad propia de la música gallega y termina levantándonos el espíritu.

Mejor me callo y escucháis la música. Espero que la disfrutéis.

Otras visiones que acercan a un grupo de aficionados a las letras se pueden encontrar en las palabras de Sindel



miércoles, 8 de junio de 2016

Este jueves, la génesis de un personaje literario


Imagen by Susan Hoerth




Mónica nos propone hablar sobre la génesis de un personaje literario y voy a hacerlo de uno de los que mejor conozco, mi espía galés Daffyd Jones.




Las génesis de otros personajes pueden leerse siguiendo este enlace al blog Neogéminis. La de mi Daffyd viene a continuación.

Daffyd Jones nació en Gales en los primeros años 40 y el 9 de octubre de 1962 comenzó a trabajar en MI6, servicio secreto británico.

Le conocí en Malmoe. Por ahí estaba mi imaginación escribiendo El valor de una ficha naranja, que trataba sobre un personaje que ganaba una fortuna en el casino y después se suicidaba. Mi relato tenía fondo de espionaje y el detective me salió demasiado blando, por lo que tuve que buscar otro y ahí le encontré. Duro, aficionado al rugby y con gran sentido del humor. Me gustó tanto que tuve que casi terminó protagonizando del cuento.

Le miraba y me decía le conozco de algo… y claro, era uno de los agentes que aparecían al final del cuento El triciclo de Miss Molly Penny.

Ahora está retirado y tiene un alto grado de discapacidad, pues tras todos aquellos años de guerra fría, el nuevo orden mundial le pilló por sorpresa y unos rusos que no trabajaban para la KGB sino para un avaricioso oligarca le acribillaron a balazos. Los médicos pudieron mantenerlo con vida pero con muchas funciones vitales atrofiadas.

Daffyd tuvo dos hijos. Gwys, el mayor acaba de lograr un buen trabajo y ha hecho realidad algunos de sus sueños, compartir una pequeña casa con su chica, con un jardincito que recorre con entusiasmo su pequeña perrita para recibirle con mucho entusiasmo y una suscripción a una televisión de pago que transmite los mejores partidos de rugby para verlos con su padre y su hermano.

Además, dado que entre las funciones que perdió el viejo espía está la del habla, ayudó a su hermano para lograr un ordenador apto para que lo maneje con sus mermadas capacidades, que permita que su padre pueda comunicarse con algo más que gestos, lo cual cuentan El cumpleaños de Daffyd y el primer correo de Daffyd.

Ahora, como sus hijos, sigo esperando que lleguen más historias suyas por correo electrónico, hace poco envió uno recordando las herramientas que utilizaba en su trabajo, ahora consideradas objetos obsoletos.


Ya os las iré contando.

miércoles, 1 de junio de 2016

Fusión de biología y técnica-robótica



FUSIÓN DE BIOLOGÍA Y TÉCNICA-ROBÓTICA

Así lo llaman, pero es un cabronazo. Un mix de humano y robot, con lo mejor de cada clase.
Lo conozco bien, es mi compañero desde hace un año. Se escaquea como el humano más caradura y es pelota como solo lo puede ser una máquina. Como digo, lo mejor de cada especie.
El sábado nos tocó patrullar El Vertedero, que no es dónde van los camiones de basura, sino un barrio muy especial de mi ciudad. Cuando registrábamos a unos traficantes que parecían de poca monta pasó una furgoneta que nos ametralló.
Allí estábamos, sangrando como gorrinos y él chisporroteando como un carrusel hasta que llegaron los de urgencias. En el hospital nos atendieron un equipo de médicos y a él también uno de mecánicos que nos salvaron la vida.
Hoy el vuelto al trabajo, él aún no se ha incorporado. Alega que sus circuitos son demasiado sensibles y les cuesta reponerse de un shock como el que recibimos.
Lo que os digo, lo mejor de cada especie. Un cabronazo.

ASÍ SE HIZO

Como bien dice María José, en la cena del viernes Verónica repartió unas carpetas con una hoja como esa en la que escribí mi relato, cada una con un título diferente, un bloc de notas y un lápiz para que cada uno escribiéramos nuestro relato.
Como es lógico, fuimos comentando qué nos había tocado a cada uno y confieso que a mí me había tocado el perro viejo, pero cambié el tema inspirador con Montserrat.
No hubo mucho tiempo para escribir, yo lo hice en la noche del viernes, tendido sobre la cama antes de acostarme y lo terminé el sábado, en una mesita que hay en el estupendo balcón de la habitación del hotel.
Los que vinieron el sábado aún tuvieron menos tiempo para escribir su relato y de ahí la foto que encabeza esta convocatoria. Un momento imborrable ver a esos tres grandes amigos escribiendo en la mesa de un bar. 


Y como los mosqueteros, fueron cuatro cuando Verónica se les sumó.


Más relatos que  leyeron en aquella cena y otros que ojalá hubiéramos podido escuchar de boca de sus autores pueden encontrarse en este LUGAR DE ENCUENTRO.