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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

jueves, 28 de enero de 2016

Este jueves una entrevista

 




Después de visitar la exposición  sobre Cleopatra tuve un deseo, conocerla en persona y como, dicen que basta con desear algo con verdadera fuerza para lograrlo, aparecí en la embarcación de la más legendaria mujer de la antigüedad.

Allí otra mujer que se presentó como Charmion me guió, acercándome al sonido de una música de arpa.

De pronto la vi, tendida, sola, mirándome. Me costó mantener su mirada y ella, consciente del impacto que me había provocado, comenzó a hablar con tono suave y afectuoso, permitiéndome ganar confianza para hablarle.

Teniéndola cerca comprobé que, efectivamente, no es una mujer bella, menos comparada con la preciosa Charmion, pero su magnetismo es absoluto y sabe potenciarlo. Le comenté lo bien que manejaba su imagen y ella rio, explicándome que hizo de la necesidad virtud. Tenía pocas cartas y debía jugarlas todas y bien para lograr sus objetivos.

Me confirmó que, efectivamente, llegó hasta Julio César camuflándose en una alfombra enrollada y se recreó describiendo la sucesión de expresiones que fue apreciando en el gran César, con las que supo jugar hasta tenerle rendido ante ella.

Cuando pregunté si se sentía satisfecha de su vida me dijo que sí, que aunque fracasara en el logro de sus propósitos, Pretendió que el milenario Egipto, entonces en franca decadencia, volviera a estar en la vanguardia del mundo, pero su fracaso condenó a ambas naciones a quedar relegadas para siempre al pasado.

Sobre sus fracasos comenta que no supo prever lo que ocurriría en aquella Roma imprevisible, en la que resultaba imposible controlar tantas tramas como se urdían.

Al preguntarle por la manera que eligió para morir me preguntó si yo creía que realmente estaba muerta y me contó como la mordedura de la cobra, combinada con unos elementos que me detalló, pero que no me permitió contar, conducen a la dimensión atemporal, esa en la que nos habíamos encontrado.

Tuvimos que despedirnos, los marineros subían a la nave para comenzar un nuevo viaje. Charmion llegó para tomarme de la mano y llevarme hasta la salida de la embarcación mientras Cleopatra se despidió con un intrigante nos veremos.


Otras entrevistas, posibles o imposibles, en el blog de Mirella.
 

martes, 26 de enero de 2016

Semana 4 de 52, ningún lugar







Su largo camino transcurría por la eterna nada y no llevaba a ningún lugar.
Él, apasionado por el continente más desconocido, donde la naturaleza es virgen, porque allí es brutalmente extrema, donde se investiga en aparente armonía entre las naciones, seguro que no lo pensaba así.
El domingo murió Henry Worsley, que estuvo cerca de ser la primera persona encruzar la Antártida en solitario.



Me parece una muerte llena de grandeza, que quedará en el recuerdo de aquellos a los que nos fascina el continente helado.

Para más información, este enlace lleva a la noticia en Clarín y ésta a la noticia en El País.

Y para más visiones de ningún lugar, este enlace recoge los elaborados, como este,  en este, que lleva al blog de Sindel. 




viernes, 22 de enero de 2016

Sucedió a bordo de un transatlántico





En cuarenta años surcando el Océano he vivido muchas situaciones, pero ninguna como aquella.
Estaba reparando la calefacción de los camarotes de tercera cuando llegué al más pequeño, el número 58. Allí, además del pasajero, había un gran baúl y tres tipos extraños, uno de los cuales dormía aunque sin dejar de moverse. Cualquiera se habría preguntado qué harían aquellos tipos en un camarote tan pequeño, pero yo voy a lo mío y que cada cual haga de su capa un sayo, como dice el dicho.
Estaban haciendo la cama Debbie (menuda era, lo que podría contar de ella…) y Margaret, que estaba casada con un irlandés que abusaba de la cerveza. Aprovechando el poco espacio que quedaba, llegué al radiador pisando la cama lo que enfado a la dulce Debbie. Localicé pronto la avería, conocía aquel barco como la palma de mi mano  y mientras tanto entró al camarote la manicura, una chica nueva que decían tenía un asunto con el capitán. Luego llegó mi ayudante, el voluminoso Joe, adentrándose en ese maremágnum con su tamaño y su poca inteligencia.
Y como no hay dos sin tres, tampoco hay nueve sin once. Llegaron Selma, la de limpieza que sabíamos sisaba en los camarotes y una muchacha que buscaba a su tía.
Yo, a lo mío, ya sabéis, que cada uno haga de su capa un sayo. Me subí al baúl para hacer más cómodamente mi trabajo cuando volvieron a llamar a la puerta. Me temía lo peor, que no era tan malo como lo que ocurrió: entraban cuatro camareros, cada cual con una bandeja cargada de viandas y el sonámbulo, que se había subido en todo y todos los que entraban al camerino, se pretendía tumbar sobre las bandejas.
Aquello era una olla a presión y tenía que estallar y eso ocurrió  cuando la emperifollada Mrs. Claypool, (que no sé que tendría con aquel pasajero, pero créanme que algo había, aunque como saben, a mí no me importa) abrió la puerta.
Entonces todo se movió, algunos salieron despedidos fuera del camarote y a mí llegó una bandeja con pastelillos franceses..
Y dos huevos duros.
No, fueron tres.


Este relato, basadoen la famosa escena del camarote de la película Una noche en la ópera, es mi participación en la convocatoria de esta semana de Este jueves un relato. En el blog de Pepe, al que se puede llegar clicando aquí se pueden encontrar los demás relatos surgidos a partir de la misma idea.

Y por si alguien quiere repasar la escena del camarote, aquí está el vídeo.


 

lunes, 18 de enero de 2016

Semana 3 de 52 de 2016: Heroes




Esta semana, presente aú el espíritu de David Bowie, la clave para contar esta semana tercera de 2016 es Héroes.

Otros relatos con esta mis a inspiración se pueden leer en este enlace con las Palabras de Sindel.




Space Oddity fue una canción que me fascinó en aquellos lejanos tiempos en que me enamoraré irremediablemente de la música. Sin embargo no compré nada de Bowie hasta que publicó el álbum Heroes. En aquellos tiempos comprar un disco representaba un sacrificio para mi exigua economía y escuchaba hasta aprenderme todo el álbum.

Para aquel disco, como para cada uno de los que publicaba, Bowie creó un ambiente especial, en este caso era futurista, estando ese futuro gobernado por un totalitarismo muy tecnificado.

Con esa idea entiendo los cuatro temas instrumentales que aparecen en la cara B del álbum, en los que es evidente la colaboración de Robert Fripp y Brian Eno. De ellos destacaré este, titulado Moss garden.

miércoles, 13 de enero de 2016

Profesiones que desaparecen





Ponme un vino, Manolo, es su particular saludo. El tabernero llena el vaso algo más de lo normal, sabiendo que a su cliente le haría falta aquella noche de frío intenso.
Tras un primer trago, el cliente deja ese cajón cuya asa es un reposazapatos y lanza una maldición que resuena por el local casi vacío. Trabaja, que tienes que pagar nuestras pensiones, se escucha desde la única mesa ocupada. Hacia allí se va el limpiabotas tras apurar el resto del vino. Alguien se levanta espetándole no irás a tocarme con esas manos de betún, pero el limpiabotas no se arredra y le abraza toqueteándole repetidamente.
Entre risas, el tabernero contempla a sus últimos clientes, un limpiabotas en activo y un barbero, un sereno y un zapatero remendón jubilados, la última clientela de una taberna que tiene los días contados, los mismos que le quedan a él de vida laboral. A principios de mayo será reconvertida conforme a las órdenes del interiorista contratado por su yerno, acabando con tantas pequeñas historias que pensaba subsistían entre aquellas paredes.
Desde la mesa le reclaman que les ponga de beber y acude tan rápido como le permite la artrosis. Y tú, ¿no te sirves?, le dicen y piensa ¿Por qué no? Nadie más le reclama. Según se sienta pesadamente, le preguntan por el futuro de la taberna.
Será un gastrobar, dice dejando patente un sentir que lleva una molestia a la garganta década uno. Este mundo se amaricona a marchas forzadas sentencia el viejo sereno, no, solo cambia, dejándonos fuera afirma el barbero.
Antonio, el limpiabotas, sorprende diciendo que su hija se dedica a lo mismo que él. Tras un instante dramático explica que se dedica a la reflexoterapia, es decir, a dar masajes en los pies, lo mismo que él lleva haciendo toda su vida.
Entre las risas, el barbero lamenta que sin esta taberna no tendrán donde reunirse. Manolo no se lo piensa, Nos queda el bar de Ángel, le quedan dos años para jubilarse.
Conmocionados, pues todos conocen la terrible rivalidad que hubo entre las dos tabernas, confirman que su mundo no muere, solo se va reduciendo. Mientras tanto continúan las bromas y risas en la única mesa ocupada de la Taberna de Manolo.



Este relato está inspirado en la propuesta realizada por Dorotea Fulde en su blog Lazos y raíces, en el que sepueden encontrar los enlaces a otros relatos surgidos de la misma fuente.

lunes, 11 de enero de 2016

Sin desencuentro




Si entendemos desencuentro sin más connotaciones que la falta de encuentro, ayer anuncié uno, que sería mi ausencia en los encuentros de la cuenta de semanas que nos propone Sindel en este 2016.

El comentario a esa publicación de nuestra médium con las musas me conmovió, me  pedía que continuara, aunque fuera eventualmente. Imaginarla diciéndome lo que leía, con esos ojazos y con esa voz que conozco porque la escuché en la versión radiofónica de alguno de sus cuentos, me hace imposible mantener mi decisión.

Pero mantengo lo que dije ayer, así que seguiré pero sin trabajar mucho, contando las semanas con canciones o fotografías. Y en alguna escribiré.


Así que nada de desencuentro, nos seguimos leyendo aquí cada semana.

Más visiones de desencuentro en este enlace.

domingo, 10 de enero de 2016

Contando semanas, despedida para 2016.




A veces uno tiene que tomar decisiones que son necesarias, aunque no dejen buen sabor de boca. Como es dejar de contar las semanas al ritmo que marca mi querida Sindel.

Empecé a seguir esta iniciativa en 2014, con la idea era escribir una especie de diario basándome en las palabras propuestas, luego fui incapaz de cumplir esa idea y publiqué textos muy flojos o me quedé sin publicar, pero sintiéndome en deuda, porque cuando comienzo algo siento que debo terminarlo y si no, es así, me carcome una sensación de estar en deuda.

Así que, tras vivir la primera semana de 2016 como un recién nacido, dedicando fundamentalmente a comer y dormir, en esta segunda me despido, no con tono de desencuentro, sino con la ilusión de mantener el contacto con mis queridos contadores de semanas.


Nos leemos.