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¡Felices Navidades!

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lunes, 12 de septiembre de 2016

Las semillas del corazón.

Este relato responde a un reto realizado por mi amigo bloguero Ibso, que regenta el blog Camino a Utopía, uniendo dos relatos escritos por él.
Mi relato así trata de hacerlo y de paso recoge frases casi textualmente escritas por él en sus dos bellos relatos.





El gorrión saltaba insistentemente dentro de la jaula, buscando desesperadamente su libertad, esa que veía delante él y a la que le impedían acceder unos delgados pero firmes barrotes.
 A unos metros de la jaula su captor seguía mirando por la ventana hacia el jardín de Doña Tea. Había comprado aquella casa en las afueras de Pejiguera con ese único objeto, observar el más primoroso de los jardines en aquel desolado páramo para descubrir el secreto que la mujer empleaba para lograrlo, algo que estaba convencido le abriría las puertas de la fama como profesor de Agronomía y las de la riqueza en cuanto patentara y comercializara la técnica de la vieja.
Solía internarse en aquel jardín, unas veces buscando el encuentro con Doña Tea para, a través de sus afirmaciones, confirmar las tesis que iba pergeñando para explicarse aquel milagro, otras explicando con sus suposiciones aquel milagro a grupos de sus alumnos más aventajados, a quienes despedía con la suficiencia de quien ha dado una formidable lección, aún sabiendo íntimamente que no había enseñado nada, que todo lo que decía eran meras hipótesis, palos de ciego que nunca atinaban, como le confirmaban los ojos aquella mujer, que le decían que ella era humilde y no podía contradecir a tan importante profesor.
Reconocía que él no se atrevía a hablar directamente con Doña Tea porque pensaba que eso sería rebajarse él, un importante docente, ante una mujer ignorante. Y le resultaba acuciante conocerlo, pues en ese punto de su vida pensaba que descubrir el secreto de Doña Tea sería su última opción de destacar, de ser en su vida algo más que un simple profesor de Agronomía de una Escuela de tantas.
Más que la incapacidad de descubrir el secreto, le dolía ver que se estaba rebajando a la bajeza de otros tantos profesores de su misma escuela quienes habían obtenido grandes logros haciendo suyas ideas ajenas y descalificando a quien se las había ofrecido.
El gorrión había dejado de intentar la huida. Resignado a perder la libertad se hizo una bola en una esquina de la jaula, esperando la muerte.  Así lo vio el hombre cuando se fue a la cama, en la que no pudo descansar. Entre vueltas y más vueltas pensaba, no tanto en el secreto de Doña Tea, sino en esa transformación odiosa, viéndose como una de esas personas que siempre había detestado, víctima de una absurda soberbia y una contagiada avaricia. Pensaba que, tal vez, si preguntaba a la vieja… podía ofrecerle acciones de su futura empresa, participación en la patente…
Tras la mala noche, se levantó con el primer clarear y lo primero que hizo fue abrir la jaula, un gesto que el pájaro, resignado a morir, no pareció apreciar.
Al mirar por la ventana se encontró con doña Tea escuchando a un viejo harapiento que hablaba sentado en medio de las flores, quien, de repente, emitió el sonido de un llanto que quebró algo en su interior, en el que sentía el quejido profundo y desgarrador que solo un corazón vacío puede provocar. Un llanto en el que él mismo incurrió, fuera por contagio, fuera porque su propio sentimiento de fracaso necesitaba materializarse.
Vio a la mujer consolar al viejo y, sin alcanzar a escuchar la conversación, la vio enjugar sus lágrimas y depositar algo en sus manos.
Cuando el viejo marchó, en dirección al oeste, él decidió salir de su casa, dispuesto a sincerarse con Doña Tea y ofrecerle la patente del método de cultivo. Él se limitaría a comercializarla. Eso resultaba milimétricamente justo.
Y tal como abrió la puerta poara ejecutar su idea notó que un gorrioncillo salía algunos centímetros más arriba de su cabeza y volaba desesperadamente, con todo el vigor de su diminuto cuerpecillo, rumbo al cielo.
No sabemos si finalmente el profesor sacó las fuerzas para presentarse humildemente ante Doña Tea. Sí sabemos que la respuesta a sus esfuerzos se iba, muy lentamente, guardada en un pañuelo, camino al oeste, en el bolsillo de un hombre a quien Doña Tea se lo entregó para que le sirviera, como le sirvió a ella, para llenar su corazón.

Luego si el encuentro se produjera,, sabiendo que ella es parca en palabras, en el fundido en negro veríamos a un hombre desconcertado y a una vieja que lo miraría compungida, aunque en ella se adivinara la convicción de haber dado el mejor uso posible a esas semillas que aliviaron sus peores momentos.





Y terminada mi participación, tengo el honor de presentaros e invitaros a visitar la versión que sobre los dos relatos de nuestro anfitrión ha realizado una bloguera muy querida, una de las mejores seguidoras que uno puede tener y muy buena escritora.
Con vosotros: Ester

6 comentarios:

Ester dijo...

He disfrutado con tu relato, siempre me sorprendes porque nunca encuentro lo que espero. Gracias, Después de algunos cambios según pautas de Ibso puede que esto ya funcione, Ahora no tengo la seguridad de que mi entrada se actualice, creo que no la ven en ningún blog. Un abrazuco

Sara O. Durán dijo...

Plasmaste a la perfección esa parte defectuosa de la naturaleza, entre la soberbia y la codicia. Te quedó espectacular.
Un fuerte abrazo.

José Vte. dijo...

Como tantas veces te he leído, Juan Carlos, dejas tu poso de amor a la naturaleza y una sutil denuncia hacia la envidia y la manipulación de tantas sociedades por poseer todo lo que les de beneficio. Incluso la magia de unas humildes semillas. Me gustó mucho.

Un abrazo, compañero.

Buscador dijo...

Estoy leyendo en su conjunto...Me hace reir eso de Pejiguera y he disfrutado con su continuación...

Buscador.

Un saludo

ibso dijo...

Me ha encantado la historia paralela de pájaro enjaulados y cómo da pie a contarnos el cambio que va surgiendo en la conducta del profesor en su ambición y su envidia.
Además, la parte de comercializar el secreto de Doña Tea me inspiró para escribir la última parte de mi relato.

Muchas gracias de nuevo por participar. ¡Espero que te hayas divertido!
Un abrazo, Juan Carlos.

Rosana Marti dijo...

Bello y emotivo escrito lleno de grandes valores que solo pueden salir del alma.

Abrazos amigo!!