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¡Felices Navidades!

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jueves, 28 de abril de 2016

Jueves de estatuas


Esta estatua situada en la ribera del río Onís, en Cangas, muy cerca del puente romano, recuerda a esos guajes que abandonaban su pueblo con destino a otras tierras, en el otro lado del mundo.

Iban con los dibujos que había hecho su imaginación de las historias que les contaban esos que emprendieron el camino años atrás y ahora regresaban, los llamados indianos. Unos para morir en su tierra, otros solo para grabar de nuevo en su memoria aquellos paisajes que el tiempo iba difuminando y volver a ese otro hemisferio en el que habían construido su vida.

Los jóvenes seguían su estela con la esperanza de dar a su vida un cambio, ver un horizonte que no delimitaran las montañas del sur y el mar del norte, poco suelo y sobreexplotado, para llegar a un mundo inabarcable, que veían como una virgen esperando a su hombre.

Allí fueron, con una sencilla maleta que acogía todas sus pertenencias materiales y la fe en el futuro que se tiene cuando uno queda la vida entera por delante, dispuestos a conocer tierras, colores, olores, sabores muy diferentes a los que conocían.

Algunos tenían un destino concreto, serían ser acogidos por alguno de esos indianos que le habían encandilado con sus historias. Otros no tenían más que ilusión. Los primeros creían tener todo resuelto, pero no sería así, la vida resultaría casi tan difícil para ellos como para quienes iban a la aventura. Todos hubieron de aplicar todas sus fuerzas, emplear toda su inteligencia y gastar toda su suerte para situarse en esa nueva vida que a unos les permitió volver a su tierrina. A otros no.

Mi abuelo, Juan Bautista Celorio salió hace más de cien años de su Vibaño con destino Veracruz para nunca volver. Tal vez Rosa, su madre, está representada por esta estatua conocida por los gijoneses como La Lloca del Rinconín, que representa a las madres que despedían a esos hijos que se iban a buscarse la vida para, tal vez, nunca volver.



Más relatos sobre estatuas en el blog de Molí del Canyer.

17 comentarios:

Tracy dijo...

Historias tristes de nuestro pasad que nunca debemos olvidar.

Sindel Avefénix dijo...

Me emocioné mucho con tu historia. Me ha tocado el corazón, será que soy madre y comprendo lo que habrán sentido todas esas madres al despedir a sus hijos, sabiendo que tal vez jamás los volverían a ver.
Un abrazo enorme!

Ester dijo...

Las madres siempre sufrimos por los hijos, cuando se van al colegio, cuando se van de excursión, de acampada, de vacaciones, de Erasmus, cuanto mas en aquella época en que las distancias parecían infranqueables, era como una despedida para siempre. Duele pensarlo. Abrazos

Esther Planelles Arráez dijo...

Muy emotivo. Siempre hay alguien que se va y alguien que se queda, forma parte de la vida real.
Me ha encantado la narración.
Saludos.

Nino Ortea dijo...

Buenos días, Juan Carlos:
Ya antes de llegar a su emotiva conclusión, me iba emocionando la lectura de tu relato.
Creo que hacer memoria de un dolor que fue y es cotidiano, como la marcha forzada de nuestros iguales en busca de sustento y/o libertad, es más difícil que fabular falsos recuerdos (como fue mi caso). Pues hacer una descripción objetiva de un sufrimiento subjetivo es un gran ejercicio de honestidad; y al final, lo que cuenta quienes somos son nuestras verdades, no las fábulas que contamos.
Un abrazo, Juan Carlos.

Juan L. Trujillo dijo...

El dolor de la despedida, cuando el viaje es para darle la vuelta a la vida, no se mitiga ni con los besos tardíos del regreso.
Emotiva y real entrada.
Un abrazo.

censurasigloXXI dijo...

Y siempre ha sido así, el dejarles marchar ahora es cosa de hijos e hijas, esposos y esposas, hermanos y parientes, allá está el trabajo, allá van, como nuestros ancestros. Lo de la vuelta ya es otra cosa... Un amigo nuestro lleva seis meses en Argelia en la construcción, una esposa y dos niñas muy alejadas de los vecinos. Da miedo.

Un abrazo, chicos.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Detrás de la historia de estos inmigrantes siempre se puede leer al menos dos puntas: los que partieron y los que se quedaron, los que labraron desde este otro lago una fértil historia evocando siempre sus raices de las que nunca se desprendieron. Muy emotivo aporte.
Un fuerte abrazo

Leonor dijo...

Muy triste tu historia que hoy se empieza a repetir de nuevo. Nuestros hijos se tienen que ir lejos y quién sabe si podrán volver. Gracias a que hoy día las comunicaciones no son las de antes. Pero las madres, y padres, siempre sentirán la ausencia de sus hijos.

Un beso.

Yessy kan dijo...

Un relato compungido sobre la vida de aquellos que parten a otras tierras buscando un mejor futuro. Madres, hijos se quedan impacientes a la espera de su regreso, y debe ser muy dolorosa esa partida.
Beso

Diva de noche dijo...

Es verdad que antes, las despedidas podrían ser mas duras debido a que no existían los adelantos de hoy en día que nos comunica por cámara con nuestros familiares en un tris..pero, aún estos aparatos no suplen la calidez de un beso de buenas noches..ni un abrazo...ni la cercanía ...
La vida en cada ciclo ha sido igual..los hijos crecen..y se marchan...los abuelos vamos quedando atrás..con la esperanza de volver a estar en algún momento juntos..
Emotiva tu entrada...besoss..buen fin de semana

Alberto V. dijo...

Interesante lo que nos cuentas Juan Carlos. Desconocía que llevaras sangre asturiana ;-) A mí me encantaría indagar sobre mis antepasados.

Un fuerte abrazo

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Emigrar tiene esos puntos de dolor, esperanza y aventura. Unos sueñan con regresar, otros quieren olvidar e iniciar una vida nueva. Lo mas triste es para las madres que saben que en muchos casos no los volveran a ver más. Muy buen relato, besos.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Emigrar tiene esos puntos de dolor, esperanza y aventura. Unos sueñan con regresar, otros quieren olvidar e iniciar una vida nueva. Lo mas triste es para las madres que saben que en muchos casos no los volveran a ver más. Muy buen relato, besos.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

A veces no queda otra cosa que partir, a riesgo de no volver.
Esa estatua representa muy bien la situación de despedida.

Alma Baires dijo...

Un relato que emociona... bisnieta de españoles e italianos, luego de más de 100 años vuelve a las raíces buscando un futuro mejor para su hija... la historia vuelve a repetirse en una y otra orilla.

Besos.

Pepe dijo...

El desarraigo siempre deja profundas cicatrices, heridas que difícilmente cierran definitivamente. Viajes de ida que no siempre tienen la vuelta deseada.
Un fuerte abrazo.