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¡Felices Navidades!

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miércoles, 9 de marzo de 2016

Un jueves de homenaje a las sinsombrero.








Esta semana mi querida amiga Lucía nos propone escribir sobre las sinsombrero. En su blog sintiendo en la piel se puede encontrar la convocatoria y la lista de participantes. Y afrontando ese tema, aquí está mi relato, de pura ficción aunque basado en hechos reales.



El mundo era injusto y ella lo sabía. Y como todo lo injusto, era falso. Las buenas formas de las personas honorables encubrían sentimientos y actos abyectos.

Con inocencia infantil vio falsedades, contrarias a la ética que le habían trasmitido, e inmediatamente las denunció a las autoridades: su padre, que se sorprendió y su madre, que la reconvino.

Perdió la inocencia comprobando que sus denuncias no tenían ninguna sanción para el infractor y sí para el denunciante.

Y calló.

Pero no cambió.

Sabiéndose impotente para cambiar el mundo, quería al menos mostrar su descontento, dejar salir el humo del fuego de su rebeldía que seguía ardiendo en su interior.

Como cada cual va buscando su sitio en la vida, al alcanzarlo se encontró con otras personas a quienes la vida había llevado también allí. Juntas decidieron denunciar esa sociedad con un acto que escandalizara, que epatara, que dejara ver bien claro que ellas eran las ovejas negras de un rebaño  mal pastoreado.

En pleno centro de la ciudad, en hora de máxima afluencia, entre tantas personas que cumplían rigurosamente las normas en su vestimenta, probablemente no otras más internas, se quitaron el sombrero y lo arrojaron, como gesto que invitaba a liberar las mentes, a dejar fluir las ideas.

Fueron vilipendiadas, el escándalo corrió por toda la ciudad, llegando a su propia casa. Su madre no dejaba de lamentar la desgracia de haber tenido una hija rebelde a la que no había podido enderezar. Su padre solo dejo ver un ligero desajuste en su rostro por la impresión que la noticia le había causado. Inmediatamente se dirigió a su escritorio para escribir una nota que ensobró y entregó a un chico de los recados.

Unas horas más tarde el chico llegó a la residencia en que ella vivía entonces y le entregó la nota, que ella abrió y que le provocó un escalofrío. La guardó siempre consigo, nunca la enseñó a nadie, pero puedo aseguraros que dice:

Estoy orgulloso de ti.

No de mí, porque nunca me atreví a quitarme el sombrero.

Papá.

16 comentarios:

Tracy dijo...

Me ha emocionado gracias a Lucía y a ti.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Una historia que demuestra lo duro que debió haber sido enfrentar aquella sociedad tan conservadora e hipócrita.
un abrazo

Mag dijo...

NO hay peor ignorancia que la del miedo a lo que va contracorriente.
Estas mujeres dieron un golpe sobre la mesa. Algunas tuvieron mejor final que otras, otras más reconocidas que otras pero hay tantas anónimas que dieron su vida...
Pero me ha gustado el final, el que su propio padre le reconozca su valía, aunque cobarde pues nunca lo gritó.

Un beso muy grande.

Yessy kan dijo...

Estas mujeres han sido muy valientes, y soporte de muchas generaciones que un día estuvieron sumidas bajo la opresión del gobierno y sometidos ante una época dominada por hombres. Me ha encantado ese final, el apoyo incondicional de su padre. Muy creativo, Juan Carlos. =)
Beso

Ester dijo...

Un relato denuncia de una sociedad, afortunadamente lo hemos superado. Un abrazo

Ilesin dijo...

Un bello relato sobre la dureza de una epoca que silenciaba las voces distintas.
Besos

Ilesin dijo...

Un bello relato sobre la dureza de una epoca que silenciaba las voces distintas.
Besos

Lucia M.Escribano dijo...

Maravilloso ! La vuelta de tuerca que le has dado a este jueves me parece estupenda. Y esos momentos finales en que he leido la nota del padre, han conseguido poner en mi cara una sonrisa complice con ese hombre que comprendió y empujó a su hija a seguir detras de sus sueños. Gracias por estar este jueves y por tu cariño, Abrazos querido amigo.

Diva de noche dijo...

ufffffff....nunca imaginé que harías saltar mi corazón de esa manera...ni hacerme llorar de emoción...
Bueno...aunque no es amor por ti, ni me quitaré la vida porque no me correspondas, si lo has hecho a leer el final de tu relato..
Escucha el clap clap clap de mis aplausos...me quito el sombrero por ti..

censurasigloXXI dijo...

Recuerdo a mi padre, una mirada o un minúsculo gesto, me hacían sentir la aprobación, su amor, o la severa crítica.

Un papa orgulloso de una hija que le superó en libertad, buen relato.

Beso.

pikxi dijo...

Ser valiente cuando el mundo está contra ti, debe de ser muy difícil. Seguro que agradeció la nota de su padre, pero si el apoyo hubiese sido público seguro que lo hubiera agradecido más. Un saludo.

Montserrat Sala dijo...

Hola Juan Carlos: menudo texto, que bueno! Hoy te has marcado un punto de los gordos. El hecho en si,ya está bien escogido, pero de la manera que lo explicas es genial, maravillosa. besos!!!
(Mi hija Imma esta al caso de vuestro viaje)

Alma Baires dijo...

Uffffff Juan Carlos... qué bien lo has expresado!! ...una emoción leerte.

Un beso.

Carmen Andújar dijo...

Mujeres que abrieron el camino de la libertad para todas nosotras, y que sin ellas seguramente no disfrutariamos de la pequeña igualdad que tenemos; aunque aún nos queda mucho camino por recorrer.
Un abrazo

Rosana Marti dijo...

Tu relato transmite, atraviesa los sentidos, me ha encantado tu historia tan real como la vida misma, y tan dura como lo era antes.

Un abrazo inmenso y agradezco de corazón tu visita a mi mundo de letras, seas siempre bien venido amigo.

San dijo...

Romper reglas, pasar por alto tanto prejuicio, abrir camino...no es de cobardes, aunque es duro. Muy buen texto Juan Carlos y un muy buen final.
Besos.