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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

viernes, 22 de enero de 2016

Sucedió a bordo de un transatlántico





En cuarenta años surcando el Océano he vivido muchas situaciones, pero ninguna como aquella.
Estaba reparando la calefacción de los camarotes de tercera cuando llegué al más pequeño, el número 58. Allí, además del pasajero, había un gran baúl y tres tipos extraños, uno de los cuales dormía aunque sin dejar de moverse. Cualquiera se habría preguntado qué harían aquellos tipos en un camarote tan pequeño, pero yo voy a lo mío y que cada cual haga de su capa un sayo, como dice el dicho.
Estaban haciendo la cama Debbie (menuda era, lo que podría contar de ella…) y Margaret, que estaba casada con un irlandés que abusaba de la cerveza. Aprovechando el poco espacio que quedaba, llegué al radiador pisando la cama lo que enfado a la dulce Debbie. Localicé pronto la avería, conocía aquel barco como la palma de mi mano  y mientras tanto entró al camarote la manicura, una chica nueva que decían tenía un asunto con el capitán. Luego llegó mi ayudante, el voluminoso Joe, adentrándose en ese maremágnum con su tamaño y su poca inteligencia.
Y como no hay dos sin tres, tampoco hay nueve sin once. Llegaron Selma, la de limpieza que sabíamos sisaba en los camarotes y una muchacha que buscaba a su tía.
Yo, a lo mío, ya sabéis, que cada uno haga de su capa un sayo. Me subí al baúl para hacer más cómodamente mi trabajo cuando volvieron a llamar a la puerta. Me temía lo peor, que no era tan malo como lo que ocurrió: entraban cuatro camareros, cada cual con una bandeja cargada de viandas y el sonámbulo, que se había subido en todo y todos los que entraban al camerino, se pretendía tumbar sobre las bandejas.
Aquello era una olla a presión y tenía que estallar y eso ocurrió  cuando la emperifollada Mrs. Claypool, (que no sé que tendría con aquel pasajero, pero créanme que algo había, aunque como saben, a mí no me importa) abrió la puerta.
Entonces todo se movió, algunos salieron despedidos fuera del camarote y a mí llegó una bandeja con pastelillos franceses..
Y dos huevos duros.
No, fueron tres.


Este relato, basadoen la famosa escena del camarote de la película Una noche en la ópera, es mi participación en la convocatoria de esta semana de Este jueves un relato. En el blog de Pepe, al que se puede llegar clicando aquí se pueden encontrar los demás relatos surgidos a partir de la misma idea.

Y por si alguien quiere repasar la escena del camarote, aquí está el vídeo.


 

17 comentarios:

Pepe dijo...

Me has fastidiado el comentario Juan Carlos porque precisamente a medida que leía iba rememorando la famosa escena del camarote de los hermanos Marx. Hilarante como la escena que tú nos cuentas.
Gracias por acompañarme en este viaje Juan Carlos.
Un fuerte abrazo.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

jajaja excelente recreación de una escena memorable que has evocado como se merece!!!
Muy buen aporte!
Un fuerte abrazo

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Soy fan de las peliculas de los hermanos Marx y me ha encantado tu recreacion. Besos.

Yessy kan dijo...

Me ha matao’ de risa el video, lo mismo tu relato que no tiene nada que envidiarle al original. Lleno de jocosidad, muy entretenido, Juan Carlos. Un gusto leerte nuevamente.
Beso

Max Estrella dijo...

Me parto y encima arreglando la calefacción. Muy bueno...y sucedió, vaya si sucedió.
Un abrazo

Tracy dijo...

Justamente es lo que me recordaba...
¡¡¡MÁS MADERA!!!

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Divertido lo que contaste y recuerdo esa escena.

Ester dijo...

Gracias por entretenernos con un pasaje de los mas divertidos, he disfrutado rememorando la situación. Un abrazo

Alberto V. dijo...

Buenísimo Juan Carlos!! Cuánto tiempo sin ver esa escena! Y me ha gustado tu relato descriptivo. Yo también me alegro de volver a leerte. Espero poder seguir participando.

Un fuerte abrazo

H... (Perla Gris) dijo...

Jajajajaja... pero que bueno, una escena buenísima recreada de un modo aún mejor... que artista estás hecho Juan Carlos, es vídeo para verlo una y otra vez...
Besines...

* dijo...

Fijate que estaba diciendo yo que me recordaba a esa misma escena... y resulta que sí...
Cualquier cosa te podría haber pasado dadas las circunstancias :-) :-) :-)
Genial!!!!!!

Un besazo.

Carmen Andújar dijo...

Muy divertida esa famosa escena, y tú has hecho una magnífica rinterpretación.
Un abrazo

Alma Baires dijo...

Lo que me has hecho reir... más que la escena que te inspiró!
Un relato genial, grandioso aporte, Juan Carlos.

Un beso.

Nino Ortea dijo...

Buenas tardes, Juan Carlos:
Me ha atrapado el ritmo con el que has narrado el relayo.
Un abrazo.

Charo dijo...

Qué bueno Juan Carlos! Has contado la escena maravillosamente bien! ¿Te puedes creer que nunca la había visto?...o al menos no lo recuerdo...
Un beso

Montserrat Sala dijo...

Vaya episodio Juan Carlos. Un guión atropellado y vibrante como ninguno delso que he leido hasta ahora.
Me ha gustado leerte. Un fuerte abrazo

Mar dijo...

No recordaba esta escena. Jajajajaja Y claro, me costaba entender tu relato, jajajajaja Me has hecho reír!!!! GRACIASSSSSSSSSS