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¡Felices Navidades!

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miércoles, 13 de enero de 2016

Profesiones que desaparecen





Ponme un vino, Manolo, es su particular saludo. El tabernero llena el vaso algo más de lo normal, sabiendo que a su cliente le haría falta aquella noche de frío intenso.
Tras un primer trago, el cliente deja ese cajón cuya asa es un reposazapatos y lanza una maldición que resuena por el local casi vacío. Trabaja, que tienes que pagar nuestras pensiones, se escucha desde la única mesa ocupada. Hacia allí se va el limpiabotas tras apurar el resto del vino. Alguien se levanta espetándole no irás a tocarme con esas manos de betún, pero el limpiabotas no se arredra y le abraza toqueteándole repetidamente.
Entre risas, el tabernero contempla a sus últimos clientes, un limpiabotas en activo y un barbero, un sereno y un zapatero remendón jubilados, la última clientela de una taberna que tiene los días contados, los mismos que le quedan a él de vida laboral. A principios de mayo será reconvertida conforme a las órdenes del interiorista contratado por su yerno, acabando con tantas pequeñas historias que pensaba subsistían entre aquellas paredes.
Desde la mesa le reclaman que les ponga de beber y acude tan rápido como le permite la artrosis. Y tú, ¿no te sirves?, le dicen y piensa ¿Por qué no? Nadie más le reclama. Según se sienta pesadamente, le preguntan por el futuro de la taberna.
Será un gastrobar, dice dejando patente un sentir que lleva una molestia a la garganta década uno. Este mundo se amaricona a marchas forzadas sentencia el viejo sereno, no, solo cambia, dejándonos fuera afirma el barbero.
Antonio, el limpiabotas, sorprende diciendo que su hija se dedica a lo mismo que él. Tras un instante dramático explica que se dedica a la reflexoterapia, es decir, a dar masajes en los pies, lo mismo que él lleva haciendo toda su vida.
Entre las risas, el barbero lamenta que sin esta taberna no tendrán donde reunirse. Manolo no se lo piensa, Nos queda el bar de Ángel, le quedan dos años para jubilarse.
Conmocionados, pues todos conocen la terrible rivalidad que hubo entre las dos tabernas, confirman que su mundo no muere, solo se va reduciendo. Mientras tanto continúan las bromas y risas en la única mesa ocupada de la Taberna de Manolo.



Este relato está inspirado en la propuesta realizada por Dorotea Fulde en su blog Lazos y raíces, en el que sepueden encontrar los enlaces a otros relatos surgidos de la misma fuente.

15 comentarios:

LAO Paunero dijo...

tu relato es hermoso Juan Carlos. Te voy a contar que en un pueblo al que solía visitar había un bar con uno de esos simpáticos "Manolos" venidos a la Argentina desde España. El amaba mucho mi país y decía que era su segunda Patria. En realidad, la ciudad de Buenos Aires tiene en su historia una larga de esos apreciados Manolos y algunos quedan..... UN ABRAZO!

Ester dijo...

Oficios casi entrañables, no han desaparecido del todo pero quedan tan pocos que nos hacemos fotos con ellos. Abrazos

Divagaciones dijo...

Un delicioso aroma trae tu historia...olor a vino mezclado con adobo se respira...boquerones...jamón...y encima, de broche de oro, la estampa de esos amigos de toda la vida recordando la gloria de sus tiempos... Exquisito tu relato...besos

Rosa Mª Villalta dijo...

¡Qué precioso relato que nos recuerda esos oficios que ya han desaparecido y han pasado a la historia!
Abrazos.

Montserrat Sala dijo...

Buenos dias Juan Carlos: has escinificado perfectamente la
vid de estos últimos trabajadores de profesiones impossibles, que desde la barra del bar Los Manolos veian su ocaso tan cerca. Precioso escrito, amigo.

pikxi dijo...

Pequeños rincones que van transformándose y modernizándose sin remedio, pero siempre quedará alguno por ahí escondido.
Un saludo.

Cristina Piñar dijo...

Me ha encantado, Juan Carlos, un relato lleno de nostalgia que nos hace pensar sobre el pasado, el presente y el futuro y cómo va cambiando todo. El futuro gastrobar dejará atrás la esencia de una taberna "de las de toda la vida". Para reflexionar. Besos

Dorotea dijo...

Gracias, Juan Carlos, por participar con este relato descriptivo y muy humano narrando una escena que pronto formará parte de nuestra memoria colectiva. Un abrazo.

Tracy dijo...

Un tierno relato con guiños de humor que ha llegado a emocionarme porque es una realidad palpable al día de hoy.
Estos locales y estos oficios no deberían de desaparecer nunca, son nuestra historia.
Un beso.

Charo dijo...

Es una pena pero la sociedad exige cambios cada vez más drásticos. Has hecho una historia entrañable juntando esas profesiones desaparecidas sin remedio, aunque algunas se puedan reconvertir como la de la reflexoterapia, ja ,ja. Un beso.

Nino Ortea dijo...

Buenas tardes, Juan Carlos:
Enhorabuena por el relato, admiro la naturalidad de tus diálogos (a mí me suelen quedar artificiosos, para disimularlo opto por una estructura narrativa) Me ha gustado ese final agridulce, esa reflexión sobre realidades que no desaparecen pero sí que se van empequeñeciendo.
Feliz fin de semana, Juan Carlos.

Pepe dijo...

Como dice Nino, un relato natural, costumbrista, reflejando el ambiente de un lugar y de unos personajes que por un momento me han recordado la película Muerte en Venecia, una sociedad que languidece y se va reduciendo hasta desaparecer.
Me ha gustado mucho.
Un fuerte abrazo.

* dijo...

Me ha gustado estar de observadora de este relato. Yo no he visto esto en la vida del tú a tú, solo en películas o en documentales, pero en el fondo, ¿tanto hemos cambiado? ¿Tanto nos han hecho cambiar?

Un besazo.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Siempre que llego a un pueblo intento buscar un bar como de Manolo, y en muchos pueblecitos aun se encuentran, lo que es mas dificil es encontrar al resto de personajes. Un precioso escrito que es como un homenaje de despedida, besos.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Siempre que llego a un pueblo intento buscar un bar como de Manolo, y en muchos pueblecitos aun se encuentran, lo que es mas dificil es encontrar al resto de personajes. Un precioso escrito que es como un homenaje de despedida, besos.