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¡Felices Navidades!

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lunes, 4 de enero de 2016

¿Dónde está el guerrero ibero? (Parte 1 de 3)





La fotografía fue inmediatamente viral. En ella se veía a un guerrero ibero blandiendo una de esas espadas cortas, llamada falcata, con expresión feroz, delante del inconfundible teatro Coliseum de Madrid en cuya fachada se veían los anuncios del musical Chicago, estrenada el viernes anterior. La vi en twitter mientras desayunaba y me hizo gracia, pensé que era un curioso reclamo publicitario y pulsé sobre el corazón gris hasta que se coloreó de rojo indicando que “me gusta”.

Más tarde aquella seguía siendo una mañana de lunes de otoño, fría e inhóspita, y me encontraba en la agencia de seguros, donde el usual sonido de murmullos confidenciales se fue turbando por voces que subían de tono hasta llegar a convertirse en gritos de confrontación que proferían un cliente que aseguraba que un guerrero medieval había dañado su BMW Serie dos Gran Tourer a golpes de espada y una empleada que lo expulsaba de la oficina.

La historia llamó mi atención y dado que acababa de entregar en la agencia los informes que tenía pendientes y que no tenía ningún nuevo encargo, porque en esta crisis ni siquiera chocan los coches, decidí salir en busca del conductor del BMW, al que encontré en un bar cercano, con un vaso lleno de un líquido transparente indudablemente alcohólico. Me presenté como un historiador que se gana la vida peritando daños en vehículos. A él lo primero no le llamó la atención, pero lo segundo le entusiasmó y comenzó a contarme su historia.

Lo que escuché lo contaré adornada a mi modo, no puedo transcribir su insufrible relato, no os lo merecéis, estaba lleno de repeticiones, y probables exageraciones potenciadas por su indignación, el alcohol y sus ganas de ser creíble:

La noche anterior circulaba por la Gran Vía, a la altura de la Plaza del Callao, cuando cayó un rayo algo más abajo y se fue la luz unos instantes. Con los semáforos alumbrando en naranja pudo continuar circulando hasta que, llegando a la Plaza de España, vio que el semáforo pasaba de la permisividad naranja al rojo coercitivo. Se detuvo y escuchó gritos y terribles golpes metálicos, cada vez más cerca, hasta que vio llegar a su altura a un guerrero medieval, que asestaba un golpe de espada en el capó de su coche. Entonces el semáforo le concedió una verde libertad que aprovechó para esquivar al guerrero, quien aún dio dos golpes más en el lateral izquierdo, uno de los cuales rompió la ventanilla del copiloto.

Limpiándome algún salivazo que me había impactado, le ofrecí examinar su coche, en cuya chapa se apreciaban golpes producidos por un objeto metálico con un filo no muy refinado. No había rastro de óxido pero sí briznas de hierba y restos de barro frescos, imposibles en un vehículo que solo había circulado por la almendra central de Madrid. Aunque aquel conductor era un estereotipo de la gente que detesto, le dije que presentara un parte por escrito, que me encargaría de informarlo e intercambiamos teléfonos.


¿Me creí la historia? Puede que sí. Lo cierto es que en mi mente rondaban unas dudas y, dado que no tenía otra cosa que hacer, no resistí mi impulso de ivestigar. Si era cierto el ataque, seguro que no había sido un guerrero medieval, sino alguno de un tiempo muy anterior. ¿Y si la foto de twitter no era un montaje? 

5 comentarios:

Juan Carlos Celorio dijo...

Este es un cuento que pienso publicar, si tiene lectores, en tres entregas, dado que parece muy largo para publicarlo de una vez. Gracias anticipadas a quien lo lea, que espero lo disfrute.

emejota dijo...

Feliz ocurrencia y feliz año.

Ester dijo...

Yo lo leeré, la presentación promete y veremos que mas ocurre. Un abrazo

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Es un buen comienzo de historia.
Que tengas un buen año

Alfredo dijo...

Quedo inquieto a la espera del resto. Fructífero principio de año. Abrazos.