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¡Felices Navidades!

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viernes, 25 de septiembre de 2015

Este jueves hablamos de refugiados.




Este jueves Nieves nos pide que hablemos sobre los refugiados. El pasado abril publiqué un relato que encajaría perfectamente en esta convocatoria, despedidas.

Pero esta semana, sin olvidarme de los refugiados de hoy, hablaré de otros, de los de hace mucho tiempo, de aquellos que conocí con ese nombre, que eran los refugiados españoles en México, exactamente de una hija de refugiados que fue mi amiga.

Los relatos escritos bajo la misma fuente de inspiración se encuentran en este enlace al blog Matices de la vida.


No es efecto llamada: es el efecto huida. 
Huyen de la violencia, de la guerra.
Tweet publicado esta semana por @MSF_espana


Maribel era refugiada, es decir, el lugar donde siempre había vivido no era su tierra. Ella entendía que era diferente de la mayor parte de la gente, que tenía la piel más oscura, pero no entendía por qué era diferente de otras tantas que eran tan blancas y españolas como ella, pero no eran refugiadas.
Su padre le hablaba de ideologías, algo que ella no entendía y su madre solucionó el enigma explicándole que sí, todas eran españolas pero de otra zona, como Asturias o Santander.
Su tierra era Sevilla, una ciudad que conocía por tantos cuadros, fotos y relatos, donde volverían en cuanto fuera derrotado el tirano que mandaba allí. Ella imaginaba al tirano como un ogro malvado que, por capricho, derribaba casas, mataba hombres y comía niños.
Fue una tarde de su decimoquinto otoño cuando su madre, hablando por teléfono cambió el tono de voz. Sostenía con temblores el teléfono y apenas hablaba. Su padre no necesitó preguntar cuál era la noticia. Se abrazaron llorando.
Franco ha muerto dijeron y ella se abrazó a sus padres. Luego fue a encerrarse en su habitación. Aquello que siempre supo que iba a ocurrir había llegado. Su vida actual quedaba cerrada, no vería más a sus amigas de color chocolate ni a las blancas no refugiadas ni tampoco a ese chico chocolate clarito que no sería el hombre de su vida y se abría el futuro en el que conviviría con gente más semejante a ella, donde sería una igual.
Meses más tarde abandonaron el DF y desde Madrid un tren les condujo a Sevilla. Aquel momento era determinante, el final de un exilio de cuarenta años, donde la vida volvería a una normalidad que nunca tuvo. Maribel no conocía su tierra y sus padres realmente recordaban muy poco.
Su padre hablaba con una emoción desconocida, exultante hasta que, cerca del destino, su corazón no pudo admitir tanta emoción.
El primer documento que Maribel recibió en su tierra certificaba el fallecimiento de un refugiado que no pudo culminar su retorno, aunque quedaría enterrado en la España libre con la que él soñaba.

Maribel y su madre pudieron retomar su vida, apoyados por familiares que no conocían y correligionarios, que aún las llaman las mexicanas.




16 comentarios:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Nos narras una historia llena de humanidad, juan Carlos, pero a la vez, deja ver la crueldad de las guerras, la intolerancia y el exilio forzoso. Por lo visto, la estupidez humana sigue vigente y las guerras siguen siendo la principal causa para que ese flujo migratorio siga vigente, expulsando a tantos de su suelo y sus sueños.
Un fuerte abrazo

* dijo...

La "grandeza" de unos es la huída de otros. Y me temo que al final es el mismo perro pero con distinto collar... y no basta con matar al perro... No, en este caso, la solución no es esa, pues no se acaba la rabia, ni se avaba la injusticia, ni se acaba nada... Se va ganando en todo lo contrario... Cuando más evolucionamos más lejos nos vamos hallando de la esencia más humana.

Un beso enorme y un fuerte abrazo.
Nos vemos el jueves.

Ester dijo...

Huir buscando un sueño es casi igual de triste que huir buscando la paz. Lo importante sería el libre movimiento de todos, viajar allá donde no apetezca, instalarnos donde queramos... Ya estoy solando otra vez

Ester dijo...

No es solando, es soñando. perdón y abrazos

Carmen Andújar dijo...

Las guerras, las malditas guerras, y el hombre nunca aprende. Huir por temor es lo peor que hay; pero parece que los humanos caen y vuelven a caer en el mismo error.
Un abrazo

H... (Perla Gris) dijo...

Unos mueren y otros nacen con los mismos pensamientos de grandeza, poder y dinero... mientras no se cambie ese pensamiento seguirán existiendo guerras, muertes y refugiados... Gracias por regalarnos esta historia, en ella además de la tristeza de vivir lejos del hogar, del sufrimiento, también se ve el amor de la familia unida, que huye y regresa...
Besines...

Esther Planelles dijo...

Es un buen relato. Por mucho que nos esforcemos, parece que la historia se repite siempre, como si tuviéramos las alas clavadas en una pared y todavía pensáramos que somos libres y superiores al resto de especies.

Saludos.

Mirella Denegri dijo...

Vaya...he retomado las lecturas de los relatos de los jueves porque no pude hacerlo estos días y...tenía que ser con esta historia que a pesar de tener un final feliz se pintó de trazos tristes..aunque, no esperaba leer nada feliz en estos relatos..no hay nada de alegre en la vida de los refugiados, como no hay nada que pueda ser feliz en un mundo que separa a las personas en colores y credos...un placer leerte..bss

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Una historia bella y con muchos matices, el dolor de partir, la adaptacion y el regreso que a veces puede ser aun mas doloroso para quienes ya no son ni de aqui ni de alla. Precioso relato, besos.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Una historia bella y con muchos matices, el dolor de partir, la adaptacion y el regreso que a veces puede ser aun mas doloroso para quienes ya no son ni de aqui ni de alla. Precioso relato, besos.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Una historia bella y con muchos matices, el dolor de partir, la adaptacion y el regreso que a veces puede ser aun mas doloroso para quienes ya no son ni de aqui ni de alla. Precioso relato, besos.

San dijo...

Extrañas allí y extrañas aquí. La libertad cobra su precio sea como sea y muy alto siempre. Muy buen relato Juan Carlos, has conseguido que el sentir de los protagonistas sea el del lector
Un abrazo.

José Vte. dijo...

Hola Juan Carlos, que emotiva historia con un regusto triste. "Las mexicanas" que eran extranjeras a miles de kilómetros y en su propia casa, y la de su padre, para quien la emoción del regreso acabó en tragedia. En sueños de escayola también cuento una historia con ciertas similitudes, la del sr. Roque Quinto Vidal.
Que triste que hoy la memoria sea tan fragil, los recuerdos deberían bastar para encontrar la solidaridad.

Un abrazo

pikxi dijo...

Ni de aquí, ni de allí. Extranjeras en los dos lados para la gente. Personas que están obligadas a huir por guerras que a muchos sigue interesando mantener.
Un saludo.

Pepe dijo...

Tu texto nos deja un sentimiento agridulce, ese que dejan los sueños sólo parcialmente realizados. Alto precio tuvo que pagar el padre en ese retorno a sus orígenes.
Un fuerte abrazo.

Alfredo dijo...

Jo... Juan carlos, me has emocionado. Lo he visto con ojos húmedos: la llamada, el regreso, ese tren que te devolvía parte de la vida y se llevaba el resto. Magnifico texto, lleno de nostalgias y lecciones.
Abrazos