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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

sábado, 27 de diciembre de 2014

Palabra 52 de 52: Regalo




Se acaba el año y con él este proyecto que, de la mano de Sindel nos ha unido a este grupo de aficionados a la escritura, 


Un precioso regalo que ha durado un año entero, en que con la misma surtidor de inspiración, la creatividad de cada cual ha brotado de modo diferente, conformando un conjunto que se me ocurre comparar con una fuente.

Han sido 52 y espero que en 2015 continuemos.

Como recuerdo del 2014 y sus semanas, nuestra guía nos ofrece este vídeo que quiero compartir.



Gracias Sindel, gracias a quienes nos hemos ido leyendo durante estas semanas, muchos de los cuales habéis ganado un sitio en mi lista de amigos blogueros.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Cuento de Navidad: La chica de la sonrisa

Pepe nos invita a contar un cuento de invierno o Navidad. Este, tal vez excesivamente largo (962 palabras) es el que presento.
Los otros podéis leerlos aquí.





En nochebuena los grandes almacenes adelantan su cierre. Por eso ella pudo relajar su rictus antes de lo habitual.
Estaba allí para sonreír a los clientes. Ellos la ignoraban dirigiéndose presurosamente a algún lugar. Ella no tenía otro lugar, el suyo era ese, frente a la puerta, de pié. sonriendo a personas cuyos rostros apenas distinguía y a quienes escuchaba un instante de conversación. Mucha gente, muchos instantes de conversación que se mezclaban, que para ella era algo semejante a un continuo gorjeo de extraños pájaros.
Le alivió quitarse el acartonado traje de uniforme y sentir las caricias del algodón de su blusa, la ductilidad de sus vaqueros y la suavidad del jersey que tejió la madre de su ex. Se despidió susurrando el ritual deseo de felicidad al resto de trabajadoras.
La respuesta de sus compañeras fue más fría que la noche de invierno en que se adentró. Las calles, diseñadas para albergar multitudes, estaban prácticamente vacías. Sintió como se desentumecían sus sentidos a medida que dejaba atrás la atmósfera artificial de los almacenes. Volvía a percibir olores, sintió en su cara un aire que parecía tener puntas afiladas. Y, escuchando la triste y bella música de un acordeón, testimonio del sentimiento que un músico melancólico emitía al vacío, sintió el paralelismo entre esa música y sus sonrisas, unas y otras emitidas al vacío.
Alcanzó, tras una carrerita, el último autobús que viajaba esa noche desde el esplendor del centro hasta las carencias de la periferia. Atravesó el vehículo que se mecía, pasando ante una mujer que conversaba con un ser imaginario que, a tenor de sus palabras, necesitaba consejos, ante un hombre de cara chupada que la bendijo con una cruz formada por dos palillos y ante un grupo de adolescentes con gorritos y muchas ganas de continuar su fiesta. Ella no necesitaba consejos, bendiciones ni fiestas. Solo quería un asiento en la zona más oscura del autobús en la que no fuera objeto de más miradas.
En su penumbra dejó caer la cabeza hacia la ventanilla y subió al asiento contiguo esos pies, a los que sentía gemir de dolor. En esa posición, la horma de los asientos le hacía algo de daño, pero no le importaba. Eso no.
El autobús parecía cansado tras tantos viajes. Estaba cargado de la energía estática por tantas emociones transportadas. El motor, ajeno a fiestas, barritaba su deseo de volver a las cocheras para descansar.
Sabía cómo sería su llegada a casa. Querría acostarse y no podría. Todo el espacio estaría ocupado, por tíos y primos gritando naderías. Y por su madre y su hermano. Todos recriminándole que llegara tarde y preguntándole que les traía de esos grandes almacenes.
Nada, respondería ¿Qué traía de los grandes almacenes? Frustración, desprecio, cansancio, muchas miradas hacia su cuerpo, ninguna hacia su alma .¿Qué podía contestar? Que no llevaba nada.
Miraba por la ventana como, a medida que avanzaba el autobús, se iba desvaneciendo progresivamente el exceso de luces y adornos hasta llegar a la semipenumbra de su barrio, iluminado solo por unas pocas farolas desmotivadas.
Como no se había desmaquillado, aunque no sonriera, sentía que su aspecto aún respondía a los intereses del centro comercial que a sus propios sentimientos.  Escuchaba los absurdos villancicos que emitía la megafonía, trufados con reniegos del conductor y risotadas de exceso etílico de los adolescentes.
Intentaba dejar su mente en blanco y no podía. Como una mosca inevitable, zumbaba en ella la idea de volver al paro en cuanto terminase la campaña de Navidad. Y por ello seguir condenada a esa misma vida vacía. Esa cadena injusta y perpétua en que cada día volvería a una casa inhóspita en la que su madre le exigiría trabajo y dinero, para compensar la holgazanería y los vicios de su hermano.
Cuando el autobús se acercó a su parada, por puro instinto activó el pulsador. El rótulo se alumbró y el autobús se detuvo. Ella se despidió deseando felicidad que el desabrido conductor, pillado a contrapié por esa inesperada muestra de afecto, correspondió precipitádamente. El hombre de la cara chupada volvió a bendecirla.
Caminaba hacia su casa muy lentamente, como si no quisiera llegar. Sentía el cosquilleo de unas lágrimas que descendían por sus mejillas. Al ver que el bar aún estaba abierto, decidió, entrar para arreglar su aspecto. Lo hizo ignorando las miradas que intuía lanzaban sobre ella los escasos parroquianos.
En la intimidad del sucio aseo de mujeres, bajo un olor a orina de hombre, se miró al espejo y la imagen que éste ofrecía provocó que brotaran más lágrimas, todas las que reprimía desde hacía tanto tiempo. Como sus ojos acuosos no le permitían ver con claridad, decidió mostrarse como estaba, esa mala caricatura de la chica de la sonrisa en la que se veía convertida.
Saliendo del servicio sintió sobre su hombro una mano viril, que le trasmitió calor. Al mirar  la cara de quien la tocaba no reconoció a nadie. Aunque esos ojos le sonaban.
Hola, chica de la sonrisa, escuchó que le decía él, con tono socarrón.
Hola, Papa Noel, respondió ella, sonriendo.
Ella dice no recordar nada más, solo que llamó a su casa para disculparse por no poder llegar a la cena de nochebuena. Sé que él recuerda más, pero no lo quiere contar.
Les preparé un caldito caliente. Ella lo bebió y pareció sentirse confortada, Necesitaba ese sabor calentito y cariñoso. A él le hizo bien cambiar el sabor salvaje del licor por ese otro más relajante. Y lo que mejor les sentó fueron las miradas que se dirigían.

Sé que les va bien. Con frecuencia vuelven por mi bar y en sus sonrisas leo felicidad. No me arrepiento de haber cerrado tan tarde aquella nochebuena. Mereció la pena.


Y aquí, una bonita imagen captada por Neo de la fiesta en el blog:


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Este jueves, una amistad especial




Este jueves, San nos propone escribir sobre una amistad especial. 
Aquí va una historia sobre un amigo que tiene peculiaridades muy especiales.
Podéis leer más relatos sobre amistad picando este enlace. Allí  los recopila mi querida San, amiga que, como cada amigo, me es muy especial.




Mi amigo Manolo es muy influenciable.
Un día que vino a casa le enseñé mis muñecos que representan a los habitantes de cada planeta del Sistema Solar. Los que vivían en planetas con mayor gravedad eran bajitos y gruesos, más apegados a la tierra, y los de los planetas con una atracción gravitoria más pequeña, altos y delgados.
A partir de entonces su forma cambiaba continuamente. Explicaba que se debía a que no siempre se sentía igual de atraído por la Tierra
Hace tiempo que no le veo. Dicen que una tarde, después de una clase de física, se sublimó.
Ahora parece ser que vaga por ahí, en estado gaseoso. 

martes, 16 de diciembre de 2014

Palabra 51 de 52: Pecado




La palabra de la semana es pecado, una palabra que ha marcado vidas, que ha hecho mucho daño, en tanto se ha asociado a vulnerar un código.

Creo que la religión no puede ser dogma, sino ética. 

Creo que es pecado algo que cause daño a otras personas. 

Y, por tanto, calificar como pecado algo que no daña, sino que produce felicidad, me parece un horrible pecado. 


Más pecados en este enlace.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Jueves de UFOs



Este jueves Charo nos propone escribir sobre el Proyecto UFO. Esta es mi nave y la dirijo hacia el aparcamiento de OVNIs o UFOs, donde podréis visitar diferentes relatos sobre la materia. Podéis ver todos los UFOs en este enlace.




Superada la selectividad, Ángel solía venir por las noches a mi casa. Hablábamos horas, de muchos temas, aunque los que más nos gustaban eran los misterios. Las noches de verano de mi barrio, ayudaban. Allí, en calles que llevan nombre de estrellas el cielo era un manto negro, el ambiente de tranquilidad absoluta y el clima perfecto.
La vida era un misterio. Nuestra adolescencia estaba terminando y, pocos días antes habíamos terminado nuestra vida escolar y se acababa de cerrar una larga dictadura.
Ante nosotros la Universidad y una democracia que debía constituir el primer parlamento democrático elegido en casi cuarenta años.
A veces nos planteábamos si existirían los ovnis. Nos debatíamos entra el no, pero a lo mejor y lo contrario. Parecía más divertido pensar que existieran. Entonces, ¿tendrían forma de puro o de plato? Como había referencias de uno y otro tipo, dedujimos que debía haber diferentes modelos, como en la Ford. Y divagábamos imaginando como serían hasta llegar a imaginar aunque la imaginación se desviara inevitablemente para intentar visualizar a alguna de nuestras compañeras desnuda.
¿Y los alienígenas? Sería muy avanzados tecnológicamente. Si eran capaces de viajar por el espacio merecían nuestro respeto. ¿Cómo serían? Verdes no, demasiado tópico. ¿Se confundirían entre nosotros? ¿Conocemos a alguno? Qué no, que Don Ricardo (nuestro antiguo tutor) es algún lugar de Castilla. ¿Seguro? Risas.
Y dábamos pinceladas para hacer un retrato robot, en que nos aparecía Don Ricardo.
Que no, es castellano y en concreto de la provincial de Ávila.
O de la Galaxia de Andrómeda.
Reíamos y nos planteábamos como nos relacionaríamos con ellos. El idioma sería una barrera, por lógica. Lo de la conexión telepática era difícil de entender y, pensándolo bien, terrorífico. Si pudieran leernos el pensamiento … ¡Menudos capones nos habría dado Don Ricardo!

Y cuando Ángel se había marchado, daba vueltas a otro misterio que anhelaba descubrir: Saber qué sentiría si lograba besar a Marta.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Palabras 49 y 50, sueño y llave y cinco palabras solidarias






Uniendo las dos convocatorias, aquí está mi aportación:



Eran AMANTES a pesar de sus diferencias. Ni raza, ni condición social obstruyeron su COMPLICIDAD. Su relación parecía un SUEÑO. Al encontrarse se sentían VOLAR. NUNCA encontraron una explicación, tampoco la necesitaban.
Sabiendo que su amor era para SIEMPRE, la vida no les permitió que ese siempre fuera en cada momento, pero siempre permaneció el lugar que cada cual guardaba en su corazón, en su memoria y en sus sueños para el otro.
La vida les separó, pero cada vez que se volvieron a encontrar, sus miradas actuaban como LLAVES abriendo sus respectivos corazones.

jueves, 4 de diciembre de 2014

En un jueves de cartas, el primer correo de Daffyd


Esta que envío continúa una historia iniciada en la anterior entrada de este blog.



Gwys se sorprendió cuando, al abrir su correo electrónico, encontró un mensaje de un tal Daffyd Jones. ¿Su padre?

Efectivamente, al abrir el mensaje leyó:

Os sorprenderá que os envíe un correo electrónico tan pronto. Tengo una novieta aquí, en la residencia, que me ha ayudado a crear mi cuenta de correo. Descubrir vuestros correos no ha sido difícil para un buen espía como yo.

Me hicieron mucha ilusión vuestros regalos de cumpleaños, este ordenador, esa casa en que se puede ver el rugby y a la que me iré a vivir mientras se dispute el mundial del año que viene.  Y,  sobretodo, tener a esos dos hijos que se han abierto camino en la vida, cada cual con una mujer estupenda a su lado. Sí, extranjeras pero realmente estupendas. Y que, teniendo cada uno de vosotros una vida feliz y prometedora, sigáis tan unidos. Y que me reservéis un sitio con vosotros. Un sitio que tal vez, por mis frecuentes ausencias, no merezco. Pero, qué cojones, lo tengo y lo mantendré contra viento y marea.

Os iré contando mis aventuras, aunque supongo que las queréis para publicarlas y haceros ricos a mi costa. Esto es broma. Lo aclaro porque Jenny, mi novieta, me ha recalcado que en internet no se entiende la ironía.

Aquellas historias son de un mundo que ya no existe. Nada se tambaleará porque conozcáis mis recuerdos. Os los debo, así sabréis porqué vuestro padre no estaba donde debía. Si en el Foreign Office se cabrean, que se jodan, ¿Qué me pueden hacer?

El mundo en que trabajé se dividía en dos bloques: nosotros y los soviéticos. Y mirad por donde, mientras luché contra la KGB apenas recibí algún golpe. Y cuando los rusos dejaron de ser enemigos, uno de esos hijos de puta me mete dos balas en la cabeza.

Lógico, yo luchaba contra los honorables agentes del KGB. Aquellos mafiosos sin orden, lógica ni escrúpulos me pillaron a pie cambiado.

Os dejo, en unos minutos se colará Jenny en mi habitación. Si me funciona eso, a lo mejor hasta tenéis un hermano.


Os quiero, cabrones.