-

-

¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

lunes, 30 de junio de 2014

Palabra 27 de 52: Puente



Me gustan los puentes. Tanto las grandes obras de ingeniería que permiten la comunicación salvando accidentes geográficos que separan, como los metafóricos que comunican diferentes pareceres, ideas, posturas.

Muchas posturas se radicalizan, descalifican al diferente y, por tanto, desprecian los puentes.


Pese a ello, espero que se sigan tendiendo puentes que posibiliten la comunicación y el entendimiento entre las personas de todos los lados.


Imagen: Puente romano de Alcántara.

domingo, 29 de junio de 2014

Palabras 25 y 26 de 52: Miedo y barco




Sin duda fue el miedo lo que le empujó.

Se habla del miedo a lo desconocido, pero él sufría lo contrario: El miedo a lo conocido. A que su vida fuera una de tantas de las que se vivían en su pueblo, en su comarca. Vidas que, como gotas de agua discurrían por un cauce hasta acabar.

Con un puñado de monedas y un hatillo en que reunía todas sus propiedades, subió al barco.

Mirando atrás, veía las montañas que limitaban sus horizontes.

Mirando adelante, un inmenso mar se abría ante él. Según le habían dicho, cuando el mar se terminara habría impresionantes selvas, terribles desiertos, grandes ciudades …


Un mundo en que jugaría su vida a todo o nada, soñando con el triunfo, aceptando el riesgo de la derrota.


A mi abuelo Juan Bautista y tantos guajes que dejaron sus aldeas del norte de España 
para vivir su aventura en las jóvenes tierras de América.

miércoles, 25 de junio de 2014

Escenas de playa


En la playa cambia el sentido del tiempo. Allí no transcurren los minutos, sino las sensaciones. Los baños, la exposición al sol, el juego duran el tiempo que tarda el cuerpo en pedir un cambio de actividad.
Así ocurre esta mañana, en la que unos veleros viajan en grupo, como temerosos a retar el poder de un mar que por ahora parece perezoso. Solo mueve pequeñas olas que mueren en la arena dejando un efímero rastro de espuma.

Un artista se dedica a transformar la arena. Con una dedicación que solo él entiende va dejando entender que esos túmulos terminarán adquiriendo alguna forma.
El balón de playa se detiene en el aire y cae con suavidad, permitiendo que el jugador calcule el golpeo con el que lo devolverá a lo alto.
En el horizonte de azules queda definido el fin de dos infinitudes, la del cielo y la del mar. Al sur lo trasgrede un cabo, que hoy se ve perfectamente dibujado, pero frecuentemente solo lo vemos esbozado entre brumas, dotando de misterio a ese promontorio de tierra que por alguna razón quiere asomarse al mar.

Una gaviota pasa emitiendo un graznido que parece ser el anuncio de que la figura de arena ha cobrado vida. Ya es un ser con formas femeninas, que al ir adquiriendo conciencia de su belleza, va perdiendo el pudor y va desvelando poco a poco su cuerpo.
El balón de playa vuelve a caer y el jugador lo devuelve a la ingravidez golpeándolo en un escorzo. Más atrás, los veleros se han expandido y copan todo el horizonte,

El sol, en lo alto, parece orgulloso de conceder este día de plácido descanso. Y noto que ha pasado el tiempo, que ya es hora de tomar un aperitivo que preludie la comida y dejar la playa, hasta que vuelva a llegar su tiempo.


Para contemplar escenas de playa, seguid los enlaces que recopila San en su blog ¡Y nacimos casualmente!

jueves, 12 de junio de 2014

Este jueves, entre amigos

Este relato surge de la convocatoria que realiza mi amigo Alfredo, que está ahí, en la La Plaza del Diamante y de la colaboración con mi amiga Mónica. Suyo es el primer párrafo.





Creo que la relación nació apenas vernos. Aunque ninguno de los dos éramos sociables ni estábamos entre los chicos que se pudieran reconocer como más amistosos, enseguida congeniamos. No hizo falta decir mucho, pero de inmediato comenzamos a ejercitar aquello que se prolongó por varias décadas y que, desde ese inicio tan prematuro, comenzamos a reconocer como amistad total, auténtica y sincera.

Los otros no solo no entendían esa amistad, se burlaban de nosotros. Dios los cría y ellos se juntan escuchábamos con frecuencia. Hoy, tantísimos años después, entiendo que envidiaban aquella relación tan profunda, pero en la terrible adolescencia me dolían aquellos comentarios.

Entonces.

Han pasado suficientes años. Y en ellos mi aspecto ha cambiado, ahora mi aspecto me otorga un aura de autoridad.

Y puedo decir bien alto, ahora que se respetan mis palabras, que lo mejor que tuve en mi vida, lo que me ayudó a no sentirme un bicho raro, fue tu amistad.

Entre mis bienes más preciados está esta foto de las Navidades del 75 ¿La recuerdas?



Y ahora en serio, para todos los amigos un abrazo musical:



Y una imagen:



lunes, 9 de junio de 2014

Palabras 21, 22, 23 y 24 de 52: playa, recuerdo, magia y sirena








Aquí, a punto de perder comba, doy un nuevo impulso para ponerme al día con mi amiga Sindel, sus palabras y las semanas de este 2014:



Para el mar, la recompensa a su intensa actividad es poder llegar a la playa y deslizarse por la suave piel de su arena.


En los días de calma permite que afloren sus recuerdos, tantos recuerdos, poniendo a prueba a quienes intentaban surcarlo, coronando héroes y destrozado grandes proyectos.


Sabía que así debía ser, no podía ser previsible ni gobernable, su indomable inmensidad mantenía esa magia que hacía soñar a los humanos.


Además, eso es lo que le pedían las sirenas, esas criaturitas a las que nada podía negar.


Y una canción para compartir:









jueves, 5 de junio de 2014

Este jueves, a trabajar



La jefa de redacción me ha encargado un relato con un máximo de 350 palabras, para rellenar un espacio en el ejemplar del jueves. Asunto: el mundo laboral.
La primera idea que me viene es la de un abuelo hablando a su nieto.
¿Sabes? En mis tiempos los trabajadores éramos respetados. Teníamos unos derechos que se negociaban periódicamente, los empresarios consultaban con nuestros representantes antes de tomar una decisión que nos afectara y, como teníamos salarios dignos y estabilidad en el trabajo, pudimos vivir holgadamente y el país creció, pasó del subdesarrollo a la modernidad.
El nieto corta la conversación. Tiene que salir con rapidez para llegar de los primeros al centro de trabajo, esperando tener la suerte de que el capataz le seleccione para trabajar esa jornada y así ganar un jornal.
El abuelo, que lo sabe, recuerda que la realidad de su nieto es la misma que, muchos años atrás le contaba su propio abuelo.
Probablemente el chico fue a pedir trabajo en un hotel (como el guerrero azul de Carmen Andújar) y le contratan como botones solo para la noche de fin de año. Tras infinidad de peripecias, le llaman unos tipos que van pasadísimos de todo.
Han apostado.
Uno de ellos tiene un mechero que según él nunca falla. Lo encenderá cinco veces y si las cinco se enciende,  ganará una jugosa cantidad de dinero. Si no, le cortarán el meñique y para hacerlo buscan a un pardillo. ¿Quien? Evidentemente al pringado del botones, a quien darán el dinero apostado si el mechero falla.

Entonces pasa esto:





En esta película, Four rooms, Tarantino consigue hacernos reír con esta barbaridad, pero además refleja como esa precariedad laboral induce a los trabajadores a hacer cualquier cosa por dinero, total, ya que saben que en ningún caso lograrán acceder a una profesión.

Y responden a la sociedad, a la empresa y a su propio empleo con la falta de solidaridad que éstos le muestran.

Ah, creo que Forges se ha sumado al jueves, ya que justamente hoy ha publicado esta viñeta:


Todos los trabajos jueveros de esta semana se pueden encontrar en Brisa de Venus