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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Cuento de Navidad: La chica de la sonrisa

Pepe nos invita a contar un cuento de invierno o Navidad. Este, tal vez excesivamente largo (962 palabras) es el que presento.
Los otros podéis leerlos aquí.





En nochebuena los grandes almacenes adelantan su cierre. Por eso ella pudo relajar su rictus antes de lo habitual.
Estaba allí para sonreír a los clientes. Ellos la ignoraban dirigiéndose presurosamente a algún lugar. Ella no tenía otro lugar, el suyo era ese, frente a la puerta, de pié. sonriendo a personas cuyos rostros apenas distinguía y a quienes escuchaba un instante de conversación. Mucha gente, muchos instantes de conversación que se mezclaban, que para ella era algo semejante a un continuo gorjeo de extraños pájaros.
Le alivió quitarse el acartonado traje de uniforme y sentir las caricias del algodón de su blusa, la ductilidad de sus vaqueros y la suavidad del jersey que tejió la madre de su ex. Se despidió susurrando el ritual deseo de felicidad al resto de trabajadoras.
La respuesta de sus compañeras fue más fría que la noche de invierno en que se adentró. Las calles, diseñadas para albergar multitudes, estaban prácticamente vacías. Sintió como se desentumecían sus sentidos a medida que dejaba atrás la atmósfera artificial de los almacenes. Volvía a percibir olores, sintió en su cara un aire que parecía tener puntas afiladas. Y, escuchando la triste y bella música de un acordeón, testimonio del sentimiento que un músico melancólico emitía al vacío, sintió el paralelismo entre esa música y sus sonrisas, unas y otras emitidas al vacío.
Alcanzó, tras una carrerita, el último autobús que viajaba esa noche desde el esplendor del centro hasta las carencias de la periferia. Atravesó el vehículo que se mecía, pasando ante una mujer que conversaba con un ser imaginario que, a tenor de sus palabras, necesitaba consejos, ante un hombre de cara chupada que la bendijo con una cruz formada por dos palillos y ante un grupo de adolescentes con gorritos y muchas ganas de continuar su fiesta. Ella no necesitaba consejos, bendiciones ni fiestas. Solo quería un asiento en la zona más oscura del autobús en la que no fuera objeto de más miradas.
En su penumbra dejó caer la cabeza hacia la ventanilla y subió al asiento contiguo esos pies, a los que sentía gemir de dolor. En esa posición, la horma de los asientos le hacía algo de daño, pero no le importaba. Eso no.
El autobús parecía cansado tras tantos viajes. Estaba cargado de la energía estática por tantas emociones transportadas. El motor, ajeno a fiestas, barritaba su deseo de volver a las cocheras para descansar.
Sabía cómo sería su llegada a casa. Querría acostarse y no podría. Todo el espacio estaría ocupado, por tíos y primos gritando naderías. Y por su madre y su hermano. Todos recriminándole que llegara tarde y preguntándole que les traía de esos grandes almacenes.
Nada, respondería ¿Qué traía de los grandes almacenes? Frustración, desprecio, cansancio, muchas miradas hacia su cuerpo, ninguna hacia su alma .¿Qué podía contestar? Que no llevaba nada.
Miraba por la ventana como, a medida que avanzaba el autobús, se iba desvaneciendo progresivamente el exceso de luces y adornos hasta llegar a la semipenumbra de su barrio, iluminado solo por unas pocas farolas desmotivadas.
Como no se había desmaquillado, aunque no sonriera, sentía que su aspecto aún respondía a los intereses del centro comercial que a sus propios sentimientos.  Escuchaba los absurdos villancicos que emitía la megafonía, trufados con reniegos del conductor y risotadas de exceso etílico de los adolescentes.
Intentaba dejar su mente en blanco y no podía. Como una mosca inevitable, zumbaba en ella la idea de volver al paro en cuanto terminase la campaña de Navidad. Y por ello seguir condenada a esa misma vida vacía. Esa cadena injusta y perpétua en que cada día volvería a una casa inhóspita en la que su madre le exigiría trabajo y dinero, para compensar la holgazanería y los vicios de su hermano.
Cuando el autobús se acercó a su parada, por puro instinto activó el pulsador. El rótulo se alumbró y el autobús se detuvo. Ella se despidió deseando felicidad que el desabrido conductor, pillado a contrapié por esa inesperada muestra de afecto, correspondió precipitádamente. El hombre de la cara chupada volvió a bendecirla.
Caminaba hacia su casa muy lentamente, como si no quisiera llegar. Sentía el cosquilleo de unas lágrimas que descendían por sus mejillas. Al ver que el bar aún estaba abierto, decidió, entrar para arreglar su aspecto. Lo hizo ignorando las miradas que intuía lanzaban sobre ella los escasos parroquianos.
En la intimidad del sucio aseo de mujeres, bajo un olor a orina de hombre, se miró al espejo y la imagen que éste ofrecía provocó que brotaran más lágrimas, todas las que reprimía desde hacía tanto tiempo. Como sus ojos acuosos no le permitían ver con claridad, decidió mostrarse como estaba, esa mala caricatura de la chica de la sonrisa en la que se veía convertida.
Saliendo del servicio sintió sobre su hombro una mano viril, que le trasmitió calor. Al mirar  la cara de quien la tocaba no reconoció a nadie. Aunque esos ojos le sonaban.
Hola, chica de la sonrisa, escuchó que le decía él, con tono socarrón.
Hola, Papa Noel, respondió ella, sonriendo.
Ella dice no recordar nada más, solo que llamó a su casa para disculparse por no poder llegar a la cena de nochebuena. Sé que él recuerda más, pero no lo quiere contar.
Les preparé un caldito caliente. Ella lo bebió y pareció sentirse confortada, Necesitaba ese sabor calentito y cariñoso. A él le hizo bien cambiar el sabor salvaje del licor por ese otro más relajante. Y lo que mejor les sentó fueron las miradas que se dirigían.

Sé que les va bien. Con frecuencia vuelven por mi bar y en sus sonrisas leo felicidad. No me arrepiento de haber cerrado tan tarde aquella nochebuena. Mereció la pena.


Y aquí, una bonita imagen captada por Neo de la fiesta en el blog:


13 comentarios:

María dijo...

Porque el mundo bloguero es como una familia unida en la que estamos enlazados entre letras y amistad, por eso mismo, no puedo dejar de desearte unas felices navidades llenas de amor, paz y felicidad y que el nuevo año venga lleno de nuevos proyectos y deseos cumplidos.

Un beso.

Sindel dijo...

Cuántos secretos se esconden tras una sonrisa de alquiler, toda una historia de vida sin demasiados motivos para sonreír. Me alegro que la chica decidiera pasar por el bar, y que el mundo le haya dado otra oportunidad de poder ser ella misma y sonreír con plenitud.
Un abrazo enorme. Muy feliz navidad!

Carmen Andújar dijo...

Me ha encantado tu cuento. Nunca se sabe donde una puede encontrar la felicidad. Ese si que verdaderamente fue un día mágico
Feliz navidad Juan Carlos.
Un beso

Tracy dijo...

Has descrito a la perfección el trabajo de la prota, conozco a una y parece que fuera ella misma. Me ha reconfortado que tu relato tenga un final feliz, ojalá también lo tenga ella.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que tierna historia. Alguien tenía que hacer sonreir a la chica que sonríe a los demás.

Bien por la amistad blogera. Felicidades.

Pepe dijo...

Has recreado con gran minuciosidad, como manejando un bisturi, los entresijos del desaliento y la desesperanza de esa chica de la sonrisa Un precioso cuento de Navidad con final feliz. Incluso en los más adversos escenarios, puede darse una nota de color. Tú la has dado con ese encuentro entre dos soledades. Una vez me planteé un interrogante entre dos soledades, no sé si los recordarás. Decía asi: "Dos almas solas./ Al unir sus destinos/...¿dos soledades?". Con tu cuento navideño, me has respondido la pregunta.
Un fuerte abrazo, Feliz Navidad para tí y los tuyos y mi agradecimiento por sumarte a mi convocatoria.

San dijo...

Menos mal Juan Carlos que termina bien, porque se me estaba encogiendo el corazón, Es feliz!!!!.
Un abrazo grandote.

Juan L. Trujillo dijo...

Con una prosa preciosa y precisa, has ido ensamblando este mágico relato de dos personas en soledad que terminan por encontrase.
Brillante el fondo triste donde se desarrolla la historia y un necesario final feliz, que nos permite seguir creyendo en la bondad de la gente.
Enhorabuena y un abrazo.

Fabián Madrid dijo...

La sonrisa y la felicidad al final se juntan.
Un abrazo.

Charo dijo...

Has reflejado muy bien el consumismo que devora estas fiestas, las luces, los regalos, la superficialidad....para después mostrarnos lo verdaderamente importante, la atracción entre dos almas gemelas que no necesitan sino de ellos mismos para ser felices.
Me suena este relato...
Un beso

Esther Planelles dijo...

Por mucho que la tv nos quiera vender la utopía de la Navidad, la realidad es que ni la vida es siempre grata, ni los seres humanos son tod@s nefandos.

Felicidades por el relato. Ha merecido la pena leer todas y cada una de sus palabras.

Alfredo dijo...

962 leídas de un tirón, con avidez, intuyendo y deseando un final feliz... de cuento. Un cuento lleno de imágenes y sentimientos en los que te columpias hasta el hechizo y la magia.
Abrazos y Feliz Año Nuevo.

Musa dijo...

Imperdonable, haberme perdido tu relato hasta ahora...yo me entiendo.
Felicidades, consigues imágenes con tu lectura.
Saludos.