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¡Felices Navidades!

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jueves, 6 de febrero de 2014

Jueves de prisión



Esta semana desde The Daily Planet Bloggers nos condenan a un jueves y un día de prisión. Los frutos de esa condena se pueden encontrar en este enlace.

Como la condena hay que cumplirla y no se puede eludir prestando fianza, ahí va un artículo que trata de ser didáctico y ameno y, romper con lo anterior, una pequeña bobada (tranquilos, entre ambos son 220 palabras).


Las penas de prisión, mejor dicho de privación de libertad, se imponen en estados como los europeos para la reeducación y reinserción social de quien es condenado (tomado del art. 25,2 de la Constitución Española).
Sin embargo la percepción de la población no es esa, ya que está distorsionada por dos factores:
-          La prensa hace referencia a condenas imposibles: 1.500 años de cárcel, cuando en España no hay ni ha habido condenas a más de treinta años de cárcel, salvo la reciente ampliación hasta cuarenta para los delitos más aberrantes.
-          Las películas hechas sobre el modelo de cárcel estadounidense, donde la intención es apartar al condenado de la sociedad. Es decir que en USA se encierra al preso para que pague por su delito, mientras nosotros les mandamos al rincón de pensar.
Por eso no se suele entender que un preso condenado a 1.500 años salga al cabo de menos de veinte al serle aplicados beneficios penitenciarios.


NECESIDAD DE FUGA

Harto de vivir en este espacio delimitado

Harto de los horarios que me exigen cumplir

Harto de compartir mi espacio con tantos impresentables

Harto de que las actividades que ofrecen estén siempre dirigidas y no pueda realizarlas a mi gusto.

De mañana no pasa, me escapo.


En la próxima escala me escaparé de este maldito crucero.

15 comentarios:

LAO Paunero dijo...

No quisiera estar en el pellejo de ese preso amigo Juan Carlos. Presentas la cruda realidad....

Neogéminis dijo...

La función de la cárcel está distorsionada. Difícilmente un preso luego de salir logre re insertarse a la sociedad. Al menos por aquí resulta ser todo lo contrario.
Un abrazo

Natàlia Tàrraco dijo...

Jajaja, viajar es bueno pero encerrado con 3000 internos y 2500 carceleros que dirigen a toque de pito disimulado, es ser masoquista, porque además cuestan pasta gansa (ver letra pequeña de las reservas).

No encuentro la solución a los sistemas penitenciarios, pero creo que tender a la reinserción sería la meta ideal. Para ello deberían ponerse recursos y ganas. Demencial lo de los 1500 años, ningún preso o presa es matusalén.

Muy jocoso y cierto enfoque, ya que existen muchas versiones de enclaustramiento voluntario, raros somos.
Un besito o tres.

Pepe dijo...

Reinserción, re-educación, pienso que hay delitos y delitos y abogaría por el cumplimiento integro de las penas, al menos para algún tipo específico de delitos. Al menos se paliaría la incomprensión de la sociedad ante determinadas salidas de la cárcel.
En cuanto al crucero, plenamente de acuerdo contigo. No sé si lo haré algún día, pero es diametralmente opuesto a mi idea de vacaciones. Se asemeja mucho a esa prisión sobre la que escribimos esta semana.
Un fuerte abrazo.

Cecy dijo...


Las nubes del derecho, la ley, la justicia para algunos y las injusticias para muchos más.

Jeje.
Tu crucero, tiene barrotes con pito de queda a la orden.

Abrazo JC:)

G a b y* dijo...

Menudo tema: cantidad de pena según el delito, reinserción, reeducación. Tengo opiniones variadas. Me ajusto a la realidad de mi país, y ciertamente hay cosas con las que estoy de acuerdo y otras con las que no... pero como mi opinión puede llegar a ser algo extensa si voy punto por punto, creo que me daré a la fuga, al final de cuentas ya estamos a viernes y casi me quedan pocas horas de prisión! jeje!
Besos!
Gaby*

Carmen Andújar dijo...

Toda la razón Juan carlos. ¿Para qué 1500 años? Una verguenza; pero así funciona esta sociedad.
Muy buena reflexión.
Un abrazo

Sindel dijo...

Por acá tampoco funciona demasiado bien la aplicación de condenas, sin más salió libre un muchacho que dio a su novia de 113 puñaladas y luego abusó de ella. Dijeron que estaba recuperado, pero al salir maltrató a todas las mujeres que se cruzaron en su camino, por supuesto está otra vez entre rejas, hasta que algún otro descriteriado juez lo deje salir una vez más.
Las cárceles no sirven más que para degenerar a quienes la habitan, las condenas no se cumplen nunca, y hay casos en los que 1500 años es poco.
Un abrazo!!!

Lucia M.Escribano dijo...

Totalmente de acuerdo con tu relato, para que unas penas tan largas, si al final salen y hasta paro tienen.
Siempre he pensado que meterse en un crucero como modo de vacaciones no es lo mio. Me gusta saber que si no estoy a gusto en un sitio, puedo elegir marcharme a otro.
Abrazos para todos y un besote enorme para mi amigo Jaíme.

casss dijo...

La cárcel para reeducar: los casos son tan escasos...

Lo del crucero es para destacar, aplaudir y reirse mucho. Yo también por ahora lo siento como una cárcel, preferiría andar libre por las calles de Aranjuez sin horario ni plan.

Besos

San dijo...

Da para una larga charla esta primera exposición tuya, asi que como es sábado y ya casí las diez, me escaparé de hacer un engorroso comentario y me quedaré navegando en ese barquito tuyo tan poco relajante jajaja.
Un abrazo.

rosa_desastre dijo...

Lo que es no entender de las cosas ¿1500 años? que idiotez escrita e imposible de ejecutar.
¿Reinserción? una palabrota inútil en el cuadernito carcelario.

Pero, ¡ay! que me he reído con los inconformistas del crucero. jajajaja. Muy bueno, amigo.
Un besazo

Charo dijo...

La reinserción es muy difícil pero no es imposible! y al menos aquí se ponen los medios aunque no los aprovechen, pero eso daría para un largo debate...
La historia del crucero es genial!!no me esperaba ese final ja,ja,ja...deformación profesional!
Un beso y hasta mañana!

Alfredo dijo...

Divertido... y es que hasta en los cruceros con piscinas y cócteles uno se puede sentir encerrado. Y claro, no es cuestión de saltar por la ventana.
¡Maldita claustrofobia!

Un abrazo

Marta C. dijo...

¡Qué bueno, Juan Carlos, escapar de un crucero. Yo nunca he hecho uno, pero sí, dicen que hay que ir a toque de pito. Un abrazo