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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 28 de agosto de 2013

Señal en ámbar



Esta semana Nieves nos sugiere que escribamos sobre esta imagen. A continuación mi relato, que seguramente no encaja en la idea de la convocante, pero que espero guste.
Más relatos, en el nombre del amor, en este enlace con el blog Matices en la vida

SEÑAL EN ÁMBAR

En el ámbar de tus ojos me perdí. Cautivo voluntario de su hechizo imaginaba el tacto de esa piel que recubre con deliciosa suavidad las formas de tu cuerpo. Y acaricié tu cuerpo perfecto con mi mente.(*)
Por ver tus ojos aparté el telón de tu melena y el ámbar brilló. Habría querido apartar también esas ropas que ocultaban tu natural belleza, para degustar cada uno de sus milímetros, dejándome ir, dejándote venir, hasta que se produjera nuestro encaje perfecto, hasta que toda la pasión se materializara en unos centímetros cúbicos de fluido blanco, hasta que alcanzáramos una catalepsia mágica de la que retornaríamos cuando recobrara la visión del ámbar de tus ojos, un ámbar que expresaría serenidad, plenitud.   
Al compás del ámbar de tus ojos surqué ríos y mares, soñando alcanzar corrientes incógnitas.
Y es que en el ámbar de tu mirada encontré respuestas a mis dudas, pasiones a mis pasiones, deseos para mis deseos, dudas a mis respuestas, pasiones a mis temores, incógnitas a mis deseos, certezas a mis miedos, dolor a mis logros.
Entonces vi una señal de stop que me advertía del peligro de continuar adelante, que me prevenía de la posibilidad de quedar encerrado en ese ámbar. 
La respeté.
Y marché, caminando ...





(*) Tomado de Suzanne, poema de Leonard Cohen 

martes, 20 de agosto de 2013

Jueves de aniversario, la asombrosa fiesta de cumpleaños de Lady Eugenie



Esta semana se la convocatoria del relato de cada jueves lo realiza Alson. Desde  ese enlace se puede acceder al resto de relatos participantes.
El que yo traigo es una reedición de un cuento escrito hace tres años, largo para los jueves, que espero os divierta.


LA ASMBROSA FIESTA DE CUMPLEAÑOS DE LADY EUGENIE

En el castillo de Lord Waynerooney se celebra la fiesta de cumpleaños de su madre, Lady Eugenie. Noventa y seis años de una dulce cascarrabias que disfruta de la vida, nutriéndose de pastitas y ginebra y mandando al cuerno todo lo demás.

Nada, salvo un leve movimiento del mostacho del Lord, dio señales de entender que había ironía en la idea de Margaret, la nuera de la nonagenaria, que decidió comprar una momia para esa ocasión. Y con su natural encanto justificó la idea: Lo hacen familias importantes de Londres. Y explicaba el ritual: Después de la cena se va quitando las vendas de la momia y ... ¡es muy emocionante! ... ¡Es como abrir un regalo que lleva cerrado 50.000 años!.
-                              ¿No serán 3.000? – matizó su marido.
Le daban igual las precisiones. Le entusiasmaba la idea de ir descubriendo que se escondería, cuerpo, joyas que sortearía entre las mujeres.
Él planteó sus reservas morales sobre jugar con un cadáver, a lo que ella respondió
- ¿Que más da? Es un egipciano de hace .... ¿cuántos? ¿30.000 años?.
Tres mil, sentenció cansadamente Lord Waynerooney, en cuya sentencia estaba implícito el consentimiento al capricho de la bella Margaret.

Los invitados van pasando a cumplimentar a Lady Eugenie. Ella los recibe en un sillón del salón principal con cara de fastidio. No, ni sabe ni le importa cual será la sorpresa de cumpleaños y para ella no es ningún placer cenar con tanto mequetrefe.
En los corrillos, las mujeres dicen que será como una piñata, llena de joyas; los hombres consideran interesante la experiencia. Todos han escuchado algo sobre estos actos, pero ninguno los ha presenciado, porque, como dice Margaret ¡Nunca se ha hecho en Yorkshire!

Llegado el momento. Las mujeres se acercan a sus maridos, asiéndose a sus brazos. Ellos, en cuyos mofletes y nariz predomina el rojo, testimonio de una cena copiosa y bien, muy bien regada, les ofrecen fortaleza.
Como hace Sir Alfred Smokeonthewater, con la autoridad que le confiere haber participado en una expedición por el Nilo:
- Cariño, lo que hay entre esas vendas, sea lo que sea, será lo más inofensivo que hayas visto en tu vida.

Andy y Tommy, dos de los mozos del castillo entran empujando un carrito sobre el que yace el cuerpo cubierto por vendas polvorientas.
Dirigidos por el mayordomo, empiezan con cuidado a “abrir la sorpresa”. Margaret tranquiliza a los invitados:
-  El polvo de momia trae buena suerte. – Dice ruborizada, recordando que lo que le dijeron es que es afrodisíaco.
Los brazos de los mozos se enredan y desenredan como las vendas que van retirando. Las cabezas en torno a ellos se arremolinan observando cómo tras las pelambreras rubia y rojiza de los mozos va apareciendo el cuerpo.
Liberado de las vendas, cae un brazo de la momia. Tommy se aparta de un salto, lady Cornwall cae fulminada por la impresión.
La mano lleva un anillo que Margaret, como prometió, sortea. Toca a la señora de Sir Michael Caine. El provecto militar se sorprende que en tiempos del antiguo Egipto existiera la Sociedad Británica de Ferroviarios.

Comienza a aparecer el torso. Hay quien chilla, hay quien vuelve la cara, hay a quien se pone la carne de gallina. Los caballeros mantienen su obligada flema. Lady Eugenie y el retrato de la reina Victoria que preside el salón se miran, coincidiendo en su indiferencia hacia esa payasada.

Siguen cayendo vendas y se van distinguiendo retazos de una camisa de tela escocesa sobre el torso. Algunos invitados van rehuyendo, horrorizados, la visión del cadáver. Más cuando se empiezan a distinguir unos rizos pelirrojos sobre el cráneo. Luego una especie de cara. Una montura de gafas …
Y entonces la vieja Eugenie se vuelve y corre cuanto sus artríticas articulaciones le permiten para, apartando invitados a empujones, gritar al cuerpo inerte con tono de agudo reproche:
-                              ¡Wilbur! ¿Por que has tardado tanto en venir a visitarme?

martes, 13 de agosto de 2013

Dipofilopersiflex


Me enteré por el Daily que ya no volverías a participar en nuestras reuniones semanales, esoso a los que asistimos cada semana en una casa, aquella en la que Gus nos indica que se celebra el encuentro.
Esta semana el encuentro te lo dedicaremos, serán homenajes a ti, a tu imaginación, a tu bonhomía y esos homenajes se publican en el Daily

Y ¿sabes?, el hecho de homenajearte cambió mi rictus de tristeza por otro de reto, quisiera provocar una de esas sonrisas tuyas, tan abiertas, tan contagiosas como las que sobreleemos en tus escritos o como vemos en tus fotos. Una sonrisa casi como esta:


Viéndose agredidos por las huestes del País de las Calabazas, que habían invadido la República de Otoño atravesando las fronteras del Este sin encontrar resistencia, el presidente de la República convocó urgentemente una cumbre con las repúblicas aledañas para tratar de defender de inmediato territorios, posesiones e incluso sus propias vidas, que con esa agresión exterior veían ahora claramente amenazadas.
Como cada día desde hacía años, al mediodía en su su despacho, situado en el ala oeste, que algunos denominaban el “Kremlin Vaticano”, atronaban las campanas que llamaban al rezo del Ángelus.
Omiso a la llamada, leía la comunicación llegada de la República de Otoño, sabiendo que la diplomacia vaticana, poco tenía que hacer, su ascendente sobre el País de las Calabazas, otrora determinante, hoy era nulo.
Fue imaginar a su amigo, el presidente de la República del Otoño, vestido de Harry Krueger, o de Harry Potter o de Harry el Sucio y ponerse a disponer una acción de los servicios secretos.
El territorio de la República de Otoño estaba asolado por los jingles con los que bombardeaba la propaganda calabaciana, amedrentado por las imágenes pretendidamente graciosas que machaconamente emitían las pantallas que habían hecho llegar hasta el último rincón de la república.
El general Sun Tzu Giap se daba esta vez por perdido. El plantaba cara, como hizo en la campaña anterior, la operación Pêthdo, pero en esta penetración sibilina que realizaban los calabacianos hallowineros no había nadie a quien combatir, nadie a quien apuntar con sus lanzacastañas.
Los espías vaticanos eran tres veteranos muy adecuados para esta tarea, ellos llevaban años luchando contra un gordo imperialista. Solían viajar en camello, pero para esta misión se camuflaron como moteros. Su arma era sencillamente un diccionario, un diccionario, eso sí, muy especial: el Diccionario Filosófico Personal y Flexible  o Dicofilopersiflex.
Y su magia, claro, con la que creaban regalos que les abrieron las puertas de las grandes empresas que financiaban la ofensiva calabaciana, entregando a cada uno de los responsables un ejemplar del Dicofilopersiflex, al tiempo que, los tres a coro le decían: “Sois toujours poète, mème en prose”  
Lo que desconcertaba a los responsables, primero porque no sabían francés, pero una vez que obtenían la traducción se decían a si mismos: ¿Poeta yo?
En la confusión decidían comenzar a leer el diccionario descubriendo que existe una fantasía muy diferente a la que ellos vendían.
La invasión cesó, los calabacianos fueron explorando otras ideas, dejando de avasallar con las suyas.

No obstante lo cual, el Presidente de la República del Otoño se presentó en el Parlamento disfrazado de mariachi.


NOTA 1: Como diría Sani, este es un relato flexible, es decir que me reservo el derecho a cambiar sin previo aviso ni justificación alguna cualquier parte de su contenido .

NOTA 2: Aprovechando lo del diccionario personal he inventado algunas palabras, como habréis podido apreciar. Incluso he rebautizado a Freddy Krueger como Harry, por un error que mantengo, ya que queda bien.

NOTA 3: Llevo varias semanas yendo  fatal de tiempo para leer y comentar los relatos de los compañeros. Esta me va a ser muy difícil, así que disculpadme que no haga comentarios.

miércoles, 7 de agosto de 2013

La cantina de la estación


Hace unas dos semanas fui a una estación para enlazar con un tren de cercanías que me llevó a la Puerta del Sol de Madrid. Allí había quedado con unos amigos para ir al cine. Paré en la cantina de la estación a comer algo y de ahí me surgieron unas ideas que esta semana me vale para la convocatoria juevera, al calor de la cual surgen los relatos que se pueden leer en el Daily

 LA CANTINA DE LA ESTACIÓN

Las cantinas de las estaciones suelen estar llenas de personas que no parece hayan viajado en mucho tiempo. ¿Por qué será?
Esas cantinas suelen estar sucias y en algunas el ambiente es hostil. No el de ésta, aquí la concurrencia, una vez que uno la contempla detenidamente parece amable. Son sencillamente perdedores de todas las partidas en que han participado desde hace mucho tiempo, que por alguna razón acuden cada día a un lugar donde todo pasa y nada queda.
Los hombres permanecen de pié adaptándose a la barra hasta parecer mascarones que salen de ella. Las mujeres se sientan en los banquitos. Hablan y uno se da cuenta que todos se conocen aunque nadie sabe de nadie.
El canario emite sus silbos en un tono ronco adquirido que testimonia una vida plena de excesos.
Tal vez acuden allí cada día para esperar la vuelta de sus sueños, una espera que llena esas vidas compartiendo soledades y acallando fracasos entre trago y trago, entre lamento y lamento, entre broma de la que son víctimas y broma de la que son victimarios. Entre suspiro y suspiro, entre maldición y maldición.
Como cantina de una estación de cercanías, los dramas y las ilusiones de quienes la pueblan son de corto recorrido.
Y es ese mismo día cuando uno de los hombres da un respingo. A través de los cristales traslúcidos ha reconocido una silueta entre las muchas siluetas anónimas que transitan al otro lado del cristal traslúcido.
Sale al andén y grita:
-          ¡Penélope!
Ella se vuelve. Es una mujer de unos sesenta años, a diferencia de él, con aspecto de tener presente y futuro, que pregunta:
-          ¿Soy yo a quien esperas?
Y él no contesta. Se nota que no es que no quiera, sino que tantas formas de responder que se le ocurren forman un tapón en su garganta.
Ella le abraza. Él llora. Ella asegura haber vuelto para quedarse con él. En la barba de una semana de él reluce algo más que el brillo del sol inclemente.
En la barra del bar, los que quedan, comentan algo sobre la etapa del tour de Francia.

Ninguno lo expresará, pero este hecho hace pensar a cada cual que su ilusión no tiene porqué ser una entelequia.