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¡Felices Navidades!

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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Visita al convento



Esta semana Rhodea Blason nos propone una visita a un Convento. Esta es mi participación en esa convocatoria, que contará con más relatos que pueden leerse siguiendo este enlace.

VISITA AL CONVENTO

Como cada 5 de diciembre, llega a la sala de visitas. Lleva solo unos pastelitos para compartir, pues ha renunciado a llevar regalos que ella miraría por cortesía y no recogería.

El tiempo también le enseñó a no preguntarse en qué había fallado y a no maldecir a aquel atolondrado muchacho que no logró ganarla para la causa mundana. Todos sus ¿por qués? Se habían marchitado. 

Justo treinta años atrás se veía en 2013, año en que se jubilaría, viviendo con su mujer en el campo y volviendo a la ciudad a casa de su hija, posiblemente de la familia que ella hubiera formado. Pero alguien, tal vez un mago loco, le había quitado todo. Su mujer se fue, impulsada por el golpe que le propinó un vehículo conducido por alguien excesivamente frívolo. Y su única hija se marchó por el camino de lo trascendente. 

Él, ni frívolo ni trascendente, vive una soledad creciente en espera que Dios, la enfermedad o el jodido mago loco decretaran su final. 

Ella llega sonriendo. Él no concibe mayor belleza que la de esa sonrisa. Ella le abraza. El no concibe mayor confort que el de ese abrazo. Ella le mira y él, sabiendo que ella no va a romper el silencio que exige la Regla, toma la palabra. Y habla. Sobre un año con pocas vivencias, criticando al Gobierno, al banco que le prejubiló, al vecino del quinto y a los programas de Televisión. Monólogo endulzado para ambos por los pastelitos y, para él, por la presencia de su hija. 

Y él, a quien siempre fue difícil acatar órdenes, tiene que aceptar que su hija no transgreda las reglas. Y tras disfrutar otro abrazo, otra sonrisa, sale del convento cargado con sus ¿por qués? marchitos y sus ilusiones volatilizadas por el hechizo de un mago loco y cruel.

Hasta el próximo 5 de diciembre. 

Si hay otro 5 de diciembre.

22 comentarios:

Tracy dijo...

Pues sí siempre que sales de una visita a un convento, sales cargados de por qués si respuesta.

LAO Paunero dijo...

Unos cuantos porqués y mucha angustia para el padre. Debe ser un trance difícil para el. Buena historia Juan Carlos.....

censurasigloXXI dijo...

Pues qué le va a hacer el pobre hombre si su hija en lugar de cerebro tenía una sonrisa. Aceptarlo y comer pastelitos...

Un abrazo a todos.

Natàlia Tàrraco dijo...

Nos cuesta a los padres aceptar las decisiones de los hijos, un error querer que hagan de sus vidas un proyecto nuestro, habrá que resignarse con esa sonrisa muda y seguir viviendo hasta que el mago quiera.
Navega por tu relato una sombra de tristeza o impotencia, una soledad admitida, un cariño verdadero, sin palabras.
Besitos muchos.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Es cruel esa regla que prohibe que la hija le hable al padre. Y es muy cruel la hija que acata esa regla, no le habla al padre que ha perdido tanto. La hija no entiende la trascendencia, solo sabe de fórmulas carentes de significado.

Leonor dijo...

Me ha dado mucha pena ese hombre pero más pena me da la hija que se está perdiendo la vida. Hay gustos para todo y hay que respetar las decisiones de los demás.

Besos.

G a b y* dijo...

Me adhiero a los "por qué", aunque cierta vez me enseñaron que eran los "para qué" los que merecían realmente ser respondidos. Tal vez, al padre le sirvieran, no para justificar su necesidad de ella, sino la necesidad que su propia hija tenía de estar donde estaba (aunque no siempre lo podamos entender). Hay decisiones tan personales que, no hay explicación que nos conforme. Dura situación, muy buen relato... con ese suspenso que queda pendiendo del aire: se volverán a ver?
Besos:
Gaby*

rosa_desastre dijo...

Dulzura y tristeza rezuma este relato, resumir la vida en una visita al año, estremece.
Un beso

Esilleviana dijo...

Su hija continuó un camino distinto al elegido por la mayoría. No sé qué haría si mi hijo/a decidiera entregarse a esa causa. Es una especie de alistar a reclutas, podría ser? es un relato curioso.

un fuerte abrazo

Cristina Piñar dijo...

Me gusta mucho tu relato. Y llevas razón, podría ir detrás del mío perfectamente. Un beso.

Carmen Andújar dijo...

Muy sentido tu relato. A veces nos toca llevar una mochila demasiado grande para nosotros; aunque el pobre hombre se llegó a conformar, sólo con el hecho de ver a su hija.
Un abrazo

San dijo...

Solo un día al año y sin palabras, !tan triste!, pero que bello lo has contado Juan Carlos.
Un abrazo.

Neogéminis dijo...

Me has conmovido con tu relato, juan Carlos, de veras...
=)

Mar dijo...

Para un padre es duro ver un hijo una vez año y no poder intercambiar una sola palabra.En fin, no entiendo yo esos votos de silencio.

Bss.

Juji dijo...

Me has hecho estremecer, JC. Una historia maravillosamente emotiva y triste. Buenísima. Perfecta.

Un enorme y emotivo abrazo.

PD: "...atolondrado muchacho --- no logró ganarla..." ¿falta un "que"?

Charo dijo...

Jo!! Qué duro!!!La verdad es que no puedo entender esas "reglas" , qué sentido tienen? el pobre padre se queda sin su hija y encima de verla una sola vez al año no puede ni escuchar su voz? Me parece muy cruel para las familias y lo peor es que no entiendo qué beneficio hacen.
Lo has contado maravillosamente bien!
Un beso

Valaf dijo...

Tremendo y desconcertante. Por una parte la hija sigue su vocación, y por otra renuncia a la calidez de unas pocas palabras a su padre. No entiendo esa postura, puedo hacer virguerías por tratar de aceptarla, pero no la entiendo.

Un abrazo

Rhodea Blason dijo...

Pásate por mi blog y tendrás un premio que te recordará mi primera convocatoria. Muchas gracias por participar

Juan Carlos dijo...

JUJI, ahora ya no falta ese “que”. Grazie, cara.
Para NATALIA y quien haya leído “Las voces del Pamano”, especialmente Natalia, la fuente de inspiración es Tina y su hijo monje. Cambié los géneros de madre e hijo y luego, la historia se desarrolló por sí misma.
Coincido con TRACY en que los conventos sugieren “¿por qués?” para los que no encontramos respuesta
Apunto GABY*, que son los ¿para qué? Los que merecen ser respondidos. Buena sugerencia.
A todos, muchas gracias por la lectura y por esos comentarios; esta semana todos me han gustado mucho.

casss dijo...

Me ha encantado esta lectura pausada de martes... Cómo recreas la historia, cómo nos propones "porques" sin decirloS, porque cada uno tiene los suyos.
Me ha encantado leerte, en el silencio complice de la casa sin gente, casi como un convento de clausura, y menos trascendente. Tal vez, porque no tengo pastelillos.. ;)
Un fuerte abrazo

Pepe dijo...

Tras la lectura de tu magnífico relato, Juan Carlos, me surjen impetuosos algunos interrogantes. ¿Qué autoridad conferimos a quien establece reglas como el silencio?. ¿qué utilidad tienen más allá del sometimiento de la voluntad del reglado? ¿A qué intereses sirven las mismas?, ¿qué beneficio moral obtenemos del dolor que provoca su cumplimiento? ¿qué puede ser más importante que la comunicación padre hija?. Me pregunto, pero no encuentro respuestas. Lo siento, no me sirven, me rebelo ante esto.
Disculpa la tardanza en visitarte, pero he estado alejado del mundanal ruido, en casita rural, rodeado de amigos y por supuesto, no en silencio precisamente.
Un fuerte abrazo.

JACC dijo...

... y a pesar de todo resignado a la decisión de su hija. Saludos