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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

lunes, 21 de octubre de 2013

Agresividad al vacío





Aquel viernes conducía de vuelta a casa, sin prisas así que, al ver el acceso al polígono industrial decidí que esta vez no pasaría de largo, sino que entraría a echarle un vistazo.
El ambiente que encontré tenía algo de fantasmagórico: había industrias sin humo, almacenes sin mercancías y talleres sin arreglo, casi todos olvidados tras cierres de un gris sin esperanza, muchos de ellos precintados por el óxido. En una de las rotondas que no ordenaba ningún tráfico, llamó mi atención una especie de balón de baloncesto. Paré, para ver si estaba en condiciones de uso y me sorprendió su forma ovalada. ¿un huevo?
La tarde iniciaba su retirada hacia el este, al ser nuevamente vencida por la noche y pasar una noche en un polígono abandonado me da más miedo que hacerlo en la profundidad de un bosque, por lo que decidí marcharme enseguida. Dado que un huevo es promesa de vida, no fui capaz de dejarlo morir en aquel desierto de asfalto.
Con el huevo en el asiento de copiloto, asegurado con el cinturón de seguridad, conduje cuidadosamente hasta mi casa. Allí coloqué el huevo en lugar propicio, al calor de la luz de dos flexos.
Ni la noche del viernes ni durante todo el sábado pasó nada. Yo no podía dejar de acercarme obsesivamente a comprobar su estado, incluso de noche despertaba de tanto en tanto para ver si al fin había surgido algo. La tarde del domingo volvería a casa mi familia y temía que me descubrieran empollando un balón de baloncesto ovalado. Como era urgente que todo acabara, abracé el huevo para darle más calor. Así estaba cuando estalló. No pude ver qué pasaba, solo escuchar el ruido y ver una fugaz y bella combinación de colores que apenas puedo recordar. Me sentí sentirme impregnado por una sustancia viscosa y percibí un olor penetrante, extraño, incomparable con cualquier otro.
Seguramente estaba deslumbrado cuando surgió aquella criatura, porque no la había visto hasta que noté su mirada clavada en mí mientras me duchaba. Entre su aspecto amenazante y mi desnudez, me sentí víctima propiciatoria de su ataque. Sus ojos, de un temible verde esmeralda, miraban en todas las direcciones, sin descuidarme a mí. Mientras iba liberándome del terror, definí que se trataba de un ser de poco más de un metro de altura, aspecto de reptil, aposentado sobre dos fuertes patas, con dos brazos que finalizaban en manos casi humanas, cubierto de plumas. En su cara destacaba un pico grande y puntiagudo además de esos ojos en los que junto a una desmesurada agresividad, reflejaban un total vacío. Tal vez por eso estaba tan quieta.
Aprovechando su pasividad me vestí y salí del culo de saco que era el cuarto de baño hacia un espacio más abierto, como era el pasillo. Al pasar a su lado sentí un dolor agudo, el que me produjo el arañazo que aquello había logrado dar sobre mi espalda. Cuando lo miré, su mano derecha estaba manchada con mi sangre y su pico estaba abierto, sin emitir ningún sonido. Los ojos seguían proyectando una irracional agresividad y una sensación de vacío.
Corrí hacia la cocina para armarme con un cuchillo y vender cara mi vida. La criatura no me había perseguido, se había escondido. Con pasos poco firmes, con un miedo que seguramente aquel ser podría oler, fui avanzando, siempre tratando de mantener mi espalda cubierta. Lo que temía ocurrió cuando entraba en el salón. La bestia cayó sobre mí y yo a duras penas podía defenderme de sus arañazos furiosos y esquivar los picotazos que me lanzaba, hasta que saqué fuerzas para apuñalarla con todas mis fuerzas.
La bestia yacía a mi lado. Un fluido denso, de amarillo sucio, manaba sin pausa de su cuerpo. Nuestras miradas coincidieron. En la suya el tono amenazante decayó para dejar la de un profundo y terrible. Sé que no habló, como supe que se disculpaba y que me agradecía haberle dado fin.
Así estaba cuando se abrió la puerta de mi casa. Mis padres y mi hermana gritaron al verme herido y blandiendo un cuchillo. Ellos no habrían dado crédito a lo ocurrido de no ser por la evidencia de la criatura muerta y de las manchas, imposibles de eliminar. No conozco testimonios de hechos semejantes.
Sin embargo hoy no he podido evitar desviarme de nuevo hacia el abandonado polígono industrial. Allí siguen las naves con los cierres echados. Me he fijado que algunos hierbajos van reconquistando el terreno que les había robado el asfalto.
Y creo que, tal vez, esta naturaleza, al regenerarse en el artificio urbanizador, como el sueño de la razón, produzca monstruos.

En tal caso, en esta tierra proliferarán esas criaturas.

14 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que buena historia, que me recuerda peliculas clase B. Me recuerda Alien. Muy logrado el clima.

G a b y* dijo...

Ya pasada la medianoche, y yo, para variar insomne... tu relato, al pelo, para mantener el insomnio por un buen rato más! jaja! te diré que he quedado mirando hacia todos lados con bastante aprehensión... es que tu narración transmite espanto e inquietud, tan bien lo has llevado! Prometo no darle calor a ningún balón-huevo que me encuentre en el camino... por si acaso!
Beso de buenas noches!
Gaby*

Marina Raiscaia dijo...

ohe,pero tu? si que estas loco de remate con lo que escribes,da escalo frios...pero divertido

Tracy dijo...

Fantástica historia.

Natàlia Tàrraco dijo...

Del mejor terror que imagino, a partir de lo cotidiano y la casualidad. Atmósferas que colocan, y luego incubar ¿el huevo de la serpiente, un Alien, la criatura engendrada de nuestros despojos? Los machos de las cigüeñas y los de los pingüinos emperador, también incuban.

Da para inventarse muchas posibilidades, lo cual me parece excelente, nada rotundo ni claro, el misterio servido...jeje con el culo al aire después de una ducha.
Me huelo que este cuento lo tenías horneado y te ha salido perfecto, hablamos.
Un beso contento, enhorabuena.

Alberto V. dijo...

Muy bueno Juan Carlos, por segunda vez, te vuelo a felicitar por el relato. Por cierto, los hechos ocurren en Leganés, ¿verdad? La ciudad con más rotondas "raritas" por metro cuadrado.

Un saludo

Charo dijo...

Lo he vuelto a leer y me a vuelto a encantar, solo una pregunta que seguramente se quedará sin respuesta ¿por qué la criatura agradece que el protagonista le de fin?.El final es muy inquietante, me gusta mucho.
Un beso
Creo que yo también voy a colgar mi huevo, je je

Juan Carlos dijo...

Gracias DEMIURGO. Me halaga lo que dices.

Juan Carlos dijo...

Lo siento Gaaby*. Yo seguiré dando calor a cualquier huevo que encuentre, son promesas de vida, aunque a veces no sea la más agradable.

Juan Carlos dijo...

MARINA, algo loco debo estar, pero teníamos unos condicionantes para escribir y esto me salió.

Juan Carlos dijo...

TRACY, muchas gracias, me alegra que te haya gustado.

Juan Carlos dijo...

NATALIA, era un trabajo para el taller de cuentos, elaborado en 15 días, que se puede moldear un poco más que los de los jueves. Muchas gracias por tus palabras, es cierto que el terror, cuanto más afecte a lo cotidiano más eficaz resulta.

Juan Carlos dijo...

ALBERTO, la historia no la imaginé en Leganés, sino unos cuantos km. más al sur, además que no sabía que Leganés tuviera tantas rotondas.
Lo cierto es que ver que tu publicaras tu "huevo" me animó a publicar el mio.

Juan Carlos dijo...

CHARO: Pido disculpas, responderé comentarios que contengan preguntas:el ser agradece su muerte porque se sabe un engendro que no debería haber nacido, que es antinatural y perverso. Era un ser malo y perturbado.
Ya comentaré tu huevo, que en directo, el pasado lunes, me gustó.