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¡Felices Navidades!

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jueves, 26 de septiembre de 2013

Una biografía para Martín


Esta semana nos encontramos en La Plaza del Diamante, una plaza que recomiendo visitar y revisitar cuantas veces se pueda. 
Allí se encuentran esta semana los relatos de la convocatoria de los jueves y, bajo su consigna, sale éste:

UNA BIOGRAFÍA PARA MARTÍN

Por ahí va, con su paso acelerado. Menudo, vivaz, siempre con una camisa, generalmente de cuadros, vaqueros y esa chaqueta de punto exageradamente grande.
Se le puede ver a última hora de la tarde, en el hipermercado, haciendo una compra  frugal. Allí siempre hay gente y les habla y sonríe pretendiendo obtener reciprocidad. Una forma de edulcorar su soledad.
Puede llamarse Martín. Debió nacer en esta zona centro, en la posguerra, siendo por tanto una de tantas víctimas póstumas de aquella masacre.
Pronto entendió que la vida no era un regalo, sino que había que ganarla día a día. Y así lo hizo. Primero en el campo, Luego en la ciudad, llevando, trayendo, preparando o recogiendo lo que le mandaran.
Rechazó la tentación de trasladarse a la capital, probablemente por causa de esa morenita a la que un día se atrevió a sacar a bailar, otro a invitar a pasear, otro a besar ...
El la amó y, como dijo el poeta, a veces también ella le quiso. Fue entonces cuando, viendo su carnet de conducir con sellos que le habilitaban para dirigir cualquier vehículo, el anillo de compromiso en la cajita y como se levantaba el edifico en el que estaría su futuro hogar, pensó que lograría la vida que soñaba.
Pero ella le ofreció pocos esplendores y muchas indiferencias, tenía nulas pasiones y frecuentes quejas. Los dos hijos le separaron más de la morenita que fue quitándole espacio hasta que se encontró sin sitio.
Sin perder su optimismo, fue a vivir con su madre, enferma de cuerpo y alma. Entonces comenzó a trabajar en los autobuses del colegio de educación especial. El discreto cariño de los autistas, los abrazos de los down y especialmente hacer sonreír a los paralíticos cerebrales, recargaban diariamente sus pilas anímicas.

Su madre murió, él se jubiló y sus días pasan en un tercero sin ascensor, uno tras otro serían iguales si no fuera porque, cada tarde, con su paso rápido y recolocándose permanentemente la chaqueta de punto de diez tallas más, logra alguna sonrisa que ilumina su noche.

28 comentarios:

LAO Paunero dijo...

gran relato con un excelente colorario. La vía vincular de éstos niños es insuperable porque se mueven desde el corazón. ¡gracias Juan Carlos!

Tracy dijo...

Me estáis tocando el alma entre unos y otros.

emejota dijo...

Quizás si supiera que hay tantos y tantas como él no se sentiría tan solo. Magnífico relato. Besos.

G a b y* dijo...

Una historia de soledad... A veces el destino juega malas pasadas, y las ambiciones y sueños se van deshojando como árboles otoñales. Una narración que nos deja conocer una vida, con sus destellos y sus sombras. Qué bien contado Juan Carlos!
Besos:
Gaby*

Natàlia Tàrraco dijo...

Es lo que tiene la vida, nos trae y nos lleva, tomamos decisiones y nos equivocamos, hasta que nos llega la oportunidad de sentirnos de nuevo vivos, el autobús y las sonrisas, las voces inocentes, le otorgaron ese sentimiento de haber vivido, no es poco aunque la soledad sea mucha, mereció la pena.
Un beso asins de grande, agradecido y contento por esta nueva prueba de tu talento.

Pepe dijo...

A su manera, Martín fué feliz a ratos, mientras amó y ella a veces también le quiso, cuando estuvo procurando la felicidad de los niños autistas o down e incluso ahora, cuando con el subterfugio de la chaqueta diez tallas más grande, arranca una sonrisa. Todo un personaje este Martín que nos describes, merecedor sin duda de mucho más amor del que la vida le ha proporcionado.
Me encantan tus historias, Juan Carlos.
Un abrazo.
P.S. ¿Recibiste mi correo?

casss dijo...

Lo importante será aprender a ser felíz con poco, con muy poco, o con mucho... muy mucho como ese cariño que logró despertar en esos niños.
Una historia de soledad relatada con un dejo de ternura, que me deja melancólica el alma.

besos

Montserrat Sala dijo...

Bonita y tierna historia. Martin quizás en su soledad halló también momentos felices. A veces se necesita muy poco para sobrevivir. Simplemene el hecho de haberse librado de una bruja, tenia que producirle una gran contento.
Un tema delicado que has sabido darle
el tono justo que requería.

Saludos muy amistosos

Carmen Andújar dijo...

La soledad es muy mala y la verdad es que aunque uno se acostumbra, siempre se echa de menos la compañia. Murió su madre y se acabó todo.
Muy bien narrado

San dijo...

Martín supo sacarle a la vida instantes de felicidad, pocos pero intensos,hay quien aprende a serlo con casi nada y aún así da mucho más de lo que recibe. Me gusta Martín.
Un abrazo.

Gastón D. Avale dijo...

Cuanto coraje y valentía en Martín... Espléndida labor. Un abrazo y buen finde!

Matices dijo...

Creo que en el caso de Martín la soledad no consiguió arrinconarlo... y que la vida a poquito, si, le dio recursos para reconocer la verdadera esencia, siempre hay alguien que puede necesitar "su sonrisa incondicional"...
Besos!!

Alberto V. dijo...

Muy buen relato Juan Carlos. Genial cómo en ese principio y final nos hablas desde el presente para entregarnos en el interior del relato la ¿verdadera? historia de Martín, en pasado. Eres un fenómeno y te superas en cada relato. Felicidades

rosa_desastre dijo...

La primera frase que se me ha venido a la memoria mientras leia, ha sido "un arco iris de grises"
Admirable manera, Martín, de ganar la partida a esa soledad impuesta.
Un abrazo

Leonor dijo...

Cuando exigimos poco somos más felices, aprendemos a vivir según poseemos y solo los ilusos pretenden obtener más de lo que les es posible.

Qué personaje tan entrañable!

Besos.

Mar dijo...

Es bonito dar y recibir aunque solo sea una sonrisa; y si las sonrisas vienen de aquellas personas que tienen cierta discapacidad, son mucho más reconfortantes. Creo que su morenita no sabe lo que perdió el día que no dejó un huequito para quien tanto la amó.

Bss.

Alfredo dijo...

Por alguna extraña circunstancia el nombre de tu protagonista me ha llevado a un estribillo de una canción de no sé cuándo, ni sé de quién, pero que decía así: "Martín tenía un violín, pero nunca lo tocaba, pobrecito Martín casi nada avanzaba"
Martín olvidó su violín y se perdió en un presente con el futuro lastimado y le tocó bailar con la más fea.

Abrazos y gracias por estar.

Teresa Oteo dijo...

Martín tuvo sus momentos, la vida es dura y casi nunca fácil.
Muy buen relato!
Besos!!

Cecy dijo...

Hay tantos que llevan el nombre de Martin, que tienen sueños y a veces quedan postergados, para alcanzar algo mas humano, una sonrisa como alimento a seguir viviendo.

Un abrazo grande JC.:)

Charo dijo...

Pobre Martín, es una pena que personas buenas y sencillas no tengan suerte en la vida y sufran la soledad como una losa, aunque Martín en su sencillez era feliz con una sonrisa. Qué tierno y duro a la vez!
Un beso

Esilleviana dijo...

Aunque el final es en parte triste y solitario, siento alegría porque Martín acabó sus días como él decidió, a pesar de que muchas veces nos vemos obligados a caminar en una dirección única...

un abrazo :)

susagna dijo...

He visto, mientras leia tu relato a algun martin que tengo cerca. Es una historia que se hace real, tragicamente sencilla y simple, pero profunda. Me ha gustado leerte. Un abrazo juan carlos....

susagna dijo...

He visto, mientras leia tu relato a algun martin que tengo cerca. Es una historia que se hace real, tragicamente sencilla y simple, pero profunda. Me ha gustado leerte. Un abrazo juan carlos....

susagna dijo...

He visto, mientras leia tu relato a algun martin que tengo cerca. Es una historia que se hace real, tragicamente sencilla y simple, pero profunda. Me ha gustado leerte. Un abrazo juan carlos....

susagna dijo...

He visto, mientras leia tu relato a algun martin que tengo cerca. Es una historia que se hace real, tragicamente sencilla y simple, pero profunda. Me ha gustado leerte. Un abrazo juan carlos....

susagna dijo...

He visto, mientras leia tu relato a algun martin que tengo cerca. Es una historia que se hace real, tragicamente sencilla y simple, pero profunda. Me ha gustado leerte. Un abrazo juan carlos....

Mari Carmen Polo dijo...

Hay personas que necesitan poco para ser felices, o es que no tienen más remedio que acostumbrarse a eso.

Un relato agridulce, Juan Carlos, porque hay tanta gente así... Y una misma no deja de preguntarse, a veces... ¿me ocurrirá a mí algo parecido al llegar a esa última etapa de la vida? Espero y deseo que no.

Un abrazo :)

Cristina Piñar dijo...

Has logrado que todos acabemos cogiendo cariño a Martín. Si me lo encuentro algún día por el supermercado, no dudaré en regalarle una sonrisa. Un beso.