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¡Felices Navidades!

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El fascinante sabor del apio



En el restaurante El Balcón de Casss se está elaborando un libro de recetas. Aquí se puede acceder a su contenido íntegro. 
Esta es mi aportación:


EL FASCINANTE SABOR DEL APIO

            Aquel mediodía era como cualquier otro de los últimos sábados. Ella cocinaba mirando absurdos programas en la televisión de la cocina. Él revisaba el correo de la semana ante la televisión del salón, que emitía incansablemente deportes.
            La comunicación entre ambos había desaparecido. Fue como si hubiera florecido una torre de Babel en alguna maceta de su apartamento para que, desde entonces cada cual hablara en un lenguaje diferente. El sexo había perdido emoción para no ser más que una mera liberación corporal.
            La relación se había vaciado de contenido hasta ser una simple cáscara sin fruto, como esos huevos pintados, reducida a ser un frágil compromiso sin nexo de unión.
            Ella llegó con los platos servidos de un guiso que él reconoció por el olor: ossobuco, con esa salsa de color naranja de zanahorias que recordaba tan sabrosa. Buena comida para un sábado.
            Haría unos tres años que no la probaban, poco menos que el tiempo que llevaban viviendo juntos.
Él mezcló el arroz y el pollo, tomando en su tenedor una porción de la mezcla bien impregnada en la salsa.
Entonces un inesperado sabor llenó su boca: ese toque de apio que daba personalidad a un guiso de por sí sabroso. Un toque que permaneció en su paladar y le evocó aquella vez …
Aquella vez que ella cocinó por primera vez la receta. Era uno de sus primeros sábados juntos y tras aquella comida decidieron cancelar todos los compromisos, pretextando que tenían que buscar un unicornio, para pasar el fin de semana en absoluta intimidad.
Esta vez, cuando aún el apio revoloteaba en su paladar, se ha sentido feliz, relajado. Ha mirado a aquella mujer con la que compartía mesa y, por primera vez en muchos meses, reconoció en ella a quien cocinó por primera vez el ossobuco con ese toque de apio.
Hoy sabe que lo unicornios no existen, pero ha llamado a sus amigos para excusarse de asistir a la cita. Ella le miraba sonriendo.
Y ahí están, miradlos, desnudos, abrazados, satisfechos, comentando lo ocurrido.

Y hablando el mismo lenguaje.

23 comentarios:

Tracy dijo...

El poder de los sabres y un apio milagroso.

LAO Paunero dijo...

Muy lindo el relato Juan Carlos. Además el apio es considerado un buen afrodisíaco. Me he divertido amigo!

emejota dijo...

El poder de los sentidos, ¡y pensar que a veces los denostamos! Me ha encantado ese sabor a historia bien narrada. Besos.

Natàlia Tàrraco dijo...

Hablan el mismo lenguaje las lenguas amorosas, recuperadas gracias al apio, al oso al paladar y a la memoria.
Gracias cocinera, gracias sentidos del gusto, gracias amigo por esta esperanza a través de la perfumada cocina que es la vida, aquella que retiene lo bueno si una y uno saben recordarlo y revivirlo.
Una receta para no olvidarla, añado ingrediente beso.

Lucia M.Escribano dijo...

Cuando la costumbre hace que la relación se enfríe, hay que servirse de los sentidos para recordar otros pasados momentos y así acortar distancias. Tu receta esta en su punto justo y me la llevo, tendré el apio a mano.
Besos para todos desde Bilbao con cariño.

JACC dijo...

Por suerte pudo reparar en lo verdaderamente importante. Lástima que a veces la rutina se apodere de la convivencia, Saludos

JACC dijo...

Por suerte pudo reparar en lo verdaderamente importante. Lástima que a veces la rutina se apodere de la convivencia, Saludos

Pepe dijo...

Tan sólo se me ocurre decir aquello de: Ponga un poco de apio en su vida, le aseguro que no se arrepentirá.
Me ha gustado tu relato, Juan Carlos.
Un abrazo.

G a b y* dijo...

El poder que tienen ciertos sabores, ciertos aromas, logran alcanzar un grado evocativo tal, que toda la sensibilidad se despierta de golpe.
Creo que el mejor plato, fue el que vino después, el de los mordiscos y los abrazos, el de los besos y las miradas, el del amor sazonado.
Precioso relato, que bien enseña, cómo avivar el fuego cuando parece extinguirse!
Besos!
Gaby*

G a b y* dijo...

El poder que tienen ciertos sabores, ciertos aromas, logran alcanzar un grado evocativo tal, que toda la sensibilidad se despierta de golpe.
Creo que el mejor plato, fue el que vino después, el de los mordiscos y los abrazos, el de los besos y las miradas, el del amor sazonado.
Precioso relato, que bien enseña, cómo avivar el fuego cuando parece extinguirse!
Besos!
Gaby*

G a b y* dijo...

El poder que tienen ciertos sabores, ciertos aromas, logran alcanzar un grado evocativo tal, que toda la sensibilidad se despierta de golpe.
Creo que el mejor plato, fue el que vino después, el de los mordiscos y los abrazos, el de los besos y las miradas, el del amor sazonado.
Precioso relato, que bien enseña, cómo avivar el fuego cuando parece extinguirse!
Besos!
Gaby*

Valaf dijo...

Sabores y olores, texturas, perfumes y tactos...todo sirve para derrotar al tiempo y hacerle un corte de mangas: tu chica siempre será aquella niña a la que conociste tiempo atrás. El amor es la alquimia que pasaron por alto los alquimistas del estruendo y las novedades, siempre viejas.

Enhorabuena

Un abrazo

Leonor dijo...

Este sábado cocinaré...luego quizá vaya a buscar unicornios.

Muy bueno y muy real.

Besos amigo juevero.

Leonor

Carmen Andújar dijo...

La comida es más importante de lo que parece y como en este relato pueden hacer recordar momentos ya olvidados.
Un abrazo

San dijo...

"Y hablando el mismo lenguaje..." Sin saber cómo a veces se nos olvida lo que fue, lo que es, menos mal que esta el ossobuco con su toque de apio para recornarnoslo.
Que gusto de receta Juan Carlos.
Un abrazo.

Cecy dijo...

Que gusto!!!
Volvió el sabor al paladar e impregno al cuerpo entero y la mirada dedicada.

Un abrazo JC :)

Charo dijo...

Menos mal que el poder del apio deshizo la torre de Babel que les había crecido y volvieron a hablar el mismo lenguaje.
Un beso

Alfredo dijo...

¿Pollo? Yo juraría que es jarreta de ternera... pero bueno, a lo que vamos.
Sí, en esta ocasión el apio se vistió de Cupido y les unió en su viaje al mundo de los Unicornios. Jugoso texto como el del OssoBuco.
Abrazos

Auxi González dijo...

Qué poderosa es la memoria del paladar...

casss dijo...

Hay toques que no pueden faltar, y recetas que habrá que darles una tregua y volverlas a saborear, para que recuperen el encanto y excusarse por una buena causa, de cualquier compromiso.
Un relato muy bien llevado. Me das la receta de cómo hacerlo????
Gracias por tu participación. Mañana un toque de apio, aunque sea en el café.... jaja

miralunas dijo...

què suerte que ella puso la memoria del amor y él reconoció su sabor!

precioso relato, Jwan.

Encarni dijo...

La cocinera se dio cuenta que faltaba un ingrediente a la comida, imprescindible para continuar cocinando juntos y tratando de buscar el unicornio, que no existirá pero que hay una canción sobre eso, lo sabes, verdad? :)
Un beso.

Teresa Oteo dijo...

Qué bonito!
Me ha encantado, el osobuco debía estar riquísimo jajaja
Y... los unicornios no existen??
Un beso!