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¡Felices Navidades!

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miércoles, 10 de julio de 2013

¿Por amor al arte?



Aquella pincelada le trajo una sensación de frío. El que hacía aquella noche de hacía más de treinta años.
Tomaba cuerpo en el tapiz aquella escena que tantas veces había visto, antes y después, pero nunca de la misma forma que aquella noche del 6 al 7 de diciembre de 1979. La noche en que iba a hacerla suya.
Continuó pintando, sin perder la concentración ni el recuerdo.
La operación se realizaba en un pequeño pueblo español. Los guardias más cercanos estarían a un par de decenas de kilómetros. Los pocos vecinos dormirían en las pocas casas habitadas, ninguna cerca de la catedral.
Salvo que organizaran un tremendo estrépito, la operación sería exitosa.
Una sonrisa se abría paso en el rictus de su cara por el recuerdo de pasear entre las gruesas paredes de la catedral románica  decidiendo que obras haría suyas.
Era como ser un falso eunuco que se llevaba consigo a las mujeres del harén, que en buena lógica eran inaccesibles para él.
Los peones trabajaban y él dirigiendo las operaciones comprobaba que no había más luz en el pueblo que la de sus linternas, ningún ruido aparte de su trajín.
De repente da una pincelada no pensada, con rabia. El momento en que el camión estaba lleno y aún quedaban piezas por cargar.
¿Qué hacer?
Improvisó órdenes a sus peones, órdenes que salían de su boca entre bocanadas de vaho, para intentar hacer espacio, llevándose todo lo posible, aunque hubiera fuera a trozos, como aquella magnífica silla.
El tapiz está terminado. Aquella noche terminaron en el traqueteo del camión que abandonaba el pueblo llevándose casi toda su historia.
Cuando se denunciara el robo estarían circulando por el centro de Francia.
Cuando se iniciara algún operativo estarían descargando el material en Bélgica.

Ahora, prescritos sus delitos, vuelve al lugar del crimen para vestir los muros que desnudó con tapices pintados por él.
Cruza la calle, entre abucheos e insultos, para entregarlos al cura, a cambio de un abrazo de perdón.
Treinta años antes se lucró con la venta de aquellos objetos. Ahora lograría un sueño más inocente: ser artesano románico.


Y volverá a contemplar los muros de la catedral, vestidos como debían estar, si bien con obras suyas. La diferencia estribaba en que el muro tenía mil años y este tapiz apenas unos cuantos días. Pero, se decía, ¿Quién apreciará realmente la diferencia?




Otros relatos sobre lo que hay o imaginamos hay detrás de una pincelada,
 en este enlace al blog de Neogéminis.

Más información y reflexiones sobre el relato anterior, 
en la anterior entrada de este blog.

19 comentarios:

Tracy dijo...

Un relato que da para más que para un jueves: robo, intriga, perdón y al final cuadros pintados por él vistiendo el templo.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que buena historia. De ladrón a artista.

Neogéminis dijo...

No cabe duda que apreciaba el arte! jejeje
Muchas gracias Juan Carlos por esta historia que nos regalas!
=)

Marta C. dijo...

¿Quién lo hubiera dicho, Juan Carlos? Una trama policiaca inspirada por un cuadro tan bello. Desde luego, imaginación no te falta. Un beso.

Cecy dijo...

Ahora si, es la parte que me faltaba :)
jeje

Un abrazo amigo.

Fabián Madrid dijo...

Realmente si da para una historia apenas esbozada. Buen relato.
Un abrazo.

Carmen Andújar dijo...

Posible verídica historia, pudo suceder ¿por qué no? Cuando algo prescribe, borrón y cuenta nueva, y encima hizo realidad su sueño.
Original e interesante historia.
Un abrazo

G a b y* dijo...

Además de ladrón, dúctil en el arte de copiar. Seguro que a los "no entendidos", la verdad pasará desapercibida. Su conciencia, creo que está más embebida en la satisfacción de sentirse cual artesano románico, que de culpa alguna.
Me ha gustado mucho el toque que has dado a esas pinceladas escondidas tras la pintura.
También leí la entrada anterior, rica en documentación. Ya pasaré a investigar.
Un beso, amigo:
Gaby*

LAO Paunero dijo...

¡gran relato para varios cuadros mas Juan Carlos!!!

Sindel dijo...

Un relato excelente Juan Carlos, el arte ligado a la delincuencia, usado para un mal proceder.
Me lo leí de un tirón, me encantó.
Un beso.

Leonor dijo...

Bien puestas las interrogaciones en el título de tu relato. Qué historias puede inspirar un cuadro!. A ti te salió casi para empezar una novela de robos de obras sacras y contrabando de arte. Al final el trasgresor acaba siendo perdonado y exponiendo su propia obra. Los hay con suerte.

Besos.

Leonor

San dijo...

Esto no es un relato, querido amigo, esto es una película y de las buenas, ¿nos ponemos al habla con Spielberg?.
Un abrazo.

Esilleviana dijo...

Ya ni siquiera la justicia podría obrar y castigar a este ladrón despreciable y mezquino porque han pasado 34 años desde que se perpetró el robo. Es cierto, esta historia sería una buena novela, que tu escribirías con mucho afán y dedicación.

Un abrazo :)

Pepe dijo...

Me da la impresión de que has narrado condensadísima la historia de Erik el Belga, tal vez el más famoso ladrón de obras de arte, que está o estuvo,(no sé si vive aún), en los últimos tiempos dedicado a tratar de recuperar parte del patrimonio cultural español por el sustraido.
Me ha gustado tu enfoque de esta semana, Juan Carlos.
Un fuerte abrazo.

Pepe dijo...

Me da la impresión de que has narrado condensadísima la historia de Erik el Belga, tal vez el más famoso ladrón de obras de arte, que está o estuvo,(no sé si vive aún), en los últimos tiempos dedicado a tratar de recuperar parte del patrimonio cultural español por el sustraido.
Me ha gustado tu enfoque de esta semana, Juan Carlos.
Un fuerte abrazo.

Lucia M.Escribano dijo...

Tu primera entrada me ayudo a saber un poco más de la segunda.
Parece que el robo de arte da muy buenos dividendos, eso si tienes que tener buenos contactos jajaja.
No se yo si seria el cura quiza no le daba el perdón que tanto necesitaba. Al fin y al cabo...El muy truan volvio ha hacer trampas.
Querido amigo, ya lo dicen algunos " en realidad nadié cambia si no quiere "
Besos a todos y disculpa mi tardanza...El sol de estos días tiene la culpa.

Cristina Piñar dijo...

Si que ha dado de si el cuadro. Me gusta la historia que te ha inspirado y que, cómo comentan por ahí, es muy completa. Un beso.

Auxi González dijo...

Una delgada línea separa el amor al arte del egoismo...

Mirella... dijo...

No me sorprende que te guste Ripples..creo que casi el 99.99% de todos aquellos muchachos que escucharon la llegada de Phill al Génesis obtuvimos un buen legado musical y sobre todo con esta canción que aun pasando mi vida entera y que solo sea un puñado de arrugas cubriendo lo que alguna vez fue un cuerpo, creo que seguiría emocionándome y soltando lágrimas pero no de tristeza, aunque la letra sea algo demasiado triste...es que el compás que hace que de lo lento se crezca a un punto en que la piel se eriza me emociona demasiado...Y no tenemos solo en común el gusto por esta canción...veo que has escrito una historia que se llama ¿por amor al arte?...yo llevo dos capítulos de una historia que se llama Por amor al arte..pero sin preguntas...y se trata también de una historia de mentiras y robos en el final de la 2da guerra, y claro...de amor también..Un placer leer tu comentario..me quedaré por aquí un rato mas leyéndote..bss