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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

viernes, 17 de mayo de 2013

Aún en viernes, la fiebre del oro



- Fiebre del oro – fue lo único que adujo.
      No se dejó tocar por los agentes. Camino hacia su destino con la cabeza alta, sin deslumbrarse por los fogonazos de los flashes, entre un pasillo de curiosos, periodistas y antiguos colegas a quienes no miraba. Bajaba las escaleras rumbo al vehículo que le esperaba, sordo a abucheos e insultos. Su insensibilidad era tal que ni se inmutó al recibir el impacto de una lata de refresco en la mejilla.
          Con soberbia indico al conductor donde ir y exigió llegar pronto, aunque sin correr.
       Piernas cruzadas, ora miraba por la ventanilla, ora al frente como si hubiera algo que mirar. Movía impaciente la puntera del zapato que apoyaba en el suelo.
Aunque parecía ajeno a los cuchicheos de los agentes, intervino autoritariamente en su conversación:
- No es cierto que mi sueldo fuera de veinte mi euros mensuales – Afirmo – Nunca aceptaré un trabajo tan mal pagado.
        Tras lo cual volvió a aislarse hasta que el vehículo llegó al destino. Pretendió dar diez euros de propina al conductor y cinco a cada agente, los tres los rechazaron.
         Los billetes cayeron al vacío. La brisa jugó con ellos hasta que se perdieron de vista, rumbo a un vecino campo de girasoles en el que no germinarían.
         Entre un nuevo pasillo de periodistas y curiosos caminó con paso decidido hasta     acceder al recinto y formalizar los trámites.
          En la fotografía se veía al financiero ingresando en prisión con igual gesto al que tenía cuando llegaba para presidir un consejo de administración. Sería portada en los diarios del jueves. Bajo la foto se relacionarían los negocios que le llevaron allí.
- Fraude fiscal.
- Tramas con coste astronómico para la entidad que presidía en las que indefectiblemente el dinero se desviaba hacia empresas con las que él tenía relación.
- Generosas y fraudulentas primas por resultados y para su jubilación.
- Una fortuna en metálico constatada cercana a los doscientos millones de euros en paraísos fiscales.
- Un sueldo de veinte mil euros mensuales, más unos incentivos que muchos meses llegaban a superar el importe del sueldo.

           Los dos agentes, terminado el servicio, comentaban delante de unas cervezas:
- Sufría la fiebre del oro, según dijo.
- Si, y esa fiebre le mató en vida.
- El dinero no da la felicidad, compañero …
- No, a tenor de lo visto, más bien la arrebata.


Más visiones sobre este tema, en la siguiente entrada de este blog.

24 comentarios:

Neogéminis dijo...

El dinero no hace la felicidad, convengamos, pero para algunos resulta ser el motivo básico que le guía las vidas. Triste. Triste y dramático, porque ese dinero que adoran y atesoran es el mismo que le falta a otros, otros que no han tenido opción y han quedado en la calle por causa de esa lujuria de poder y oro que los de arriba organizan y permiten. El dinero no es felicidad, pero en su justa medida, en este mundo en el que vivimos es indispensable para la supervivencia, y es un crimen lucrar con la vida ajena.

Un fuerte abrazo Juan Carlos, aprovecho para felicitarte por la propuesta que nos trajiste y por la impecable conducción de este jueves. Eso de repartir pepitas para cada uno ha sido todo un detalle! ajjaja...me pica un poco la deferencia que tuviste con Valaf, pero bueno...ajjajaa

Tracy dijo...

No da la felicidad pero parece ser que nadie sabe eso, a juzgar por lo que corren tras él.

Montserrat Sala dijo...

Creo qu ya lo he repetido mas veces pero biene muy a cuento. Dicen que el dinero no hace a felicidad , porqué la compra hecha.
¿Lo sabias??
Muy buena propuesta la de este jueves, y gracias por la pepita, que me has regalado.Me ha gustado y la guardaré.
Saludos.

Lupe dijo...

Hola Juan Carlos.

Me ha gustado mucho los detalles que ingeniosamente adornan tu relato, como por ejemplo:
«Los billetes cayeron al vacío. La brisa jugó con ellos hasta que se perdieron de vista, rumbo a un vecino campo de girasoles en el que no germinarían»

¿Sabes, Juan Carlos? Siempre que leo o escucho noticias como estas-cada vez más frecuentes- me pregunto dónde están los billetes que esta gente ha ido acumulando fraudulentamente y que NADIE devuelve un maldito euro.

Un placer leerte.

Te dejo un abrazo.

Lupe

LAO Paunero dijo...

¡nos hiciste un gran aporte con tu propuesta y un gran relato tal cual es la vida con rumbo equivocado! no por nada JESÚS DIJO QUE "ALLÍ DONDE ESTÁ TU CORAZÓN ESTARÁ TU TESORO". Gracias de nuevo Juan Carlos.

miralunas dijo...

fiebre del oro, ja!
mientras la OMS no la defina enfermedad y estos chicos empiecena curarse en los hospitales y no en las cárceles...

siempre me haces pensar, Jwan, además.
un abrazo, querido anfitrión juevero.

Cecy dijo...

Ciertamente todo lo que parece ser felicidad, da mucha mas fiebre al que aparente tenerla. Tu relato deja ver a alguien totalmente despreciable, un miserable, y lo peor que se siente el gran Rey, ay! Si, que bronca da… Que puta enfermedad es el poder por atesorar mas, y sobre todo arruinando a los demás.

Juan, yo me robe la pepita, espero no ser condenada :)

Un abrazo.

San dijo...

Ayer una escritora muy conocida presentó su último libro, y de los muchos temas que trató, dijo en voz alta lo que muchos nos preguntamos, ¿porque no devuelven lo que se llevan? a este lo encarcelaron y ¿qué? si al final el "oro" lo tiene a buen recaudo.
Muy buen relato y actual, muy actual.
Un abrazo.

Sindel dijo...

Diste en el clavo Juan Carlos, el dinero no hace a la felicidad, yo creo que a veces hasta complica la vida cuando se convierte en ambición desmedida u obsesión.
Un abrazo.

Alis Imaginaria dijo...

La fiebre del oro, enfermedad contagiosa donde las halla. Has descrito muy bien todos los sintomas y cómo se van transnitiendo...el antidoto: devolver el dinero.
Un abrazo.

Leonor dijo...

Amigo, creo que tu relato es el que todos pensamos escribir cuando vimos la propuesta porque lo tenemos todos los días en las noticias. Es de vergüenza que se libren impunemente de todos los delitos y que no devuelvan lo robado. Asquerosa avaricia.
Un beso.

Alfredo Cot dijo...

Muy actual. Muy real esta fiebre que parece una enfermedad de avariciosos y mezquinos con poder. desgraciadamente es sólo ficción... aquí nadie va a vivir a la cárcel por barbaridades como esa que tan detalladamente relatas.
Poderoso caballero...

Abrazos

Pepe dijo...

Amigo Juan Carlos: Coincido con San en lo fundamental. Unos cuantos años de privación de libertad a lo sumo, que además, por buena conducta serán bastante reducidos y luego... a vivir con un enorme patrimonio. No entiendo que no los dejen en la más absoluta de las miserias. Creo que la carcel no es suficiente para resarcir el daño causado.
Un fuerte abrazo.

juliano el apostata dijo...

aparte de de que me ha encantado las descripciones, típicas, pero eso sí, hay que hacerlas, de una novela buena, se te ha olvidado decir que al final pagó LA FIANZA, UNA FIANZA DE 2 MILLONES Y MEDIO DE EUROS Y SE FUE A CASA.
¿te suena?
medio beso.

Alicia Gonzàlez dijo...

Puede que no de la felicidad el tener dinero, pero la falta del mismo, para cubrir necesidades básicas sí que puede instalar la infelicidad en un hogar. Besote

Charo dijo...

Totalmente de acuerdo con el comentario de Alicia, puede que el dinero no de la felicidad, pero tampoco la falta de él. Yo creo que todo en su justa medida. Buen relato Juan Carlos, este tipo de gente si que me da asco.
Por cierto, muy original lo de asignar un "pepitón" de oro a cada uno.
Bs.

G a b y* dijo...

ufff! Lo que a unos les mueve como un motor, a otros nos deja paralizados. Tal vez por una cuestión de conciencia. Y es que acaso no la tienen? -me pregunto. Ni limpia ni sucia, solo importa su estatus y los demás... allá ellos.
Ojalá, más de uno de esos que engrosaron sus arcas en base a tramoyas y fraudes, encuentren el lugar justo que se merecen. No siempre pasa, y siguen lo más campantes. Un real relato, sí señor!
Besos!
Gaby*

Carmen Andújar dijo...

Para muchos es esencial, y cuanto más mejor, amasar y amasar riqueza, a costa de lo que sea; aunque sea el sufrimiento ajeno. Para ellos es normal hacerlo, y el que tiene la oportunidad y no lo hace, es tonto.
Muy buen relato
Un abrazo

Fabián Madrid dijo...

Tienes frases muy buenas dentro de una historia tan real. Un abrazo.

Tyrma dijo...

Hace tiempo que no te leo, noto un cambio positivo, trabajo o inspiración es indiferente, lo bueno es que se nota.
Yo no creo que sea tan de actualidad, como dice Alfredo, siempre ha existido esa fiebre de la que hablas; siempre han existido sujetos a los que no les importa pisar al vecino si ello les reporta sustanciosos beneficios. Es como querer ser el más listo de la clase, por ello yo, me apunto al pelotón de los torpes.
impecable el vocabulario, si no supiera que eres médico, pensaría que eres ¿picapleitos?
Un placer leerte nuevamente.
Besos.

rosa_desastre dijo...

La felicidad no se compra, no, pero es triste ver como hay tanta gente que rebusca entre los girasoles unos billetes que no germinaran nunca, para matar el hambre, solo para eso.
Un beso

Mari dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Valaf dijo...

Redios, ya la hemos vuelto a liar, disculpa. Como imaginarás, mi esposa y yo usamos el mismo pc y a veces, ya sea ella o yo, nos dejamos la cuenta abierta y si el que se pone no se fija, firma como el otro. Lo siento.

Y decía que el relato está plagado de moralejas, a cada cual más certera. La búsqueda del dorado mineraliza el corazón de muchos, esa gente siempre me ha dado bastante pena, sobre todo cuando llegan a viejos y echan una miradita al camino que han recorrido.

Un abrazo

Natàlia Tàrraco dijo...

Amigo Juan Carlos !ojalá! acaben en chirona todos los de la fiebre del oro, el nuestro, que nos roban a dentelladas, tan panchos y tranquilos ellos. !Ojalá! les consuma su codicia enlatados entre rejas, pero me temo que sea un sueño porque seguirán sueltos enfebrecidos de oro, no me dan lástima aunque escupan oro, no me apenaría verles encerrados en cárceles de oro gozando de privilegios, me da grima y me dan rabia.
Excelente relato sobre la fiebre que mata la vida auténtica, ellos se lo pierden.
Disculpas sabes que estaba hasta ayer noche gozando del verdadero sol napolitano. No vemos, sí, besitos anticipados.
!Ah! y gracias por esta convocatoria que brilla como el oro en cada relato.