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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

domingo, 24 de marzo de 2013

Sexagésimo aniversario



El aniversario merecía una fiesta. Como además caía en domingo, no hubo ninguna duda. El domingo 3 de marzo de 2013 La Palma de la Ribera celebraría sesenta años sin muertes en el pueblo.

Fue un 1 de marzo de 1953 cuando Julio César Preboste, Alcalde por la gracia de Dios y el dedo del Gobernador Civil, dictó aquel decreto, el Decreto 60/1953, cuya su parte dispositiva rezaba así:

1. Se prohíbe la muerte de cualquier ser humano, animal, vegetal o mineral en todo el término municipal de La Palma.

2. La infracción del punto anterior será sancionada con una multa de mil pesetas y escarnio publico.

Fue disuasorio. Ningún humano había muerto en el término municipal en esos sesenta años. Tampoco se tenía conocimiento de la muerte de ningún animal ni de ningún mineral.

En el reino vegetal hubo una infracción. A la Señora Margarita, la del Anselmo, se le murió un geranio justamente mientras el pregonero recorría el pueblo recitando con su peculiar tonadilla el bando en que se publicaba la disposición. La afligida mujer, entre hipidos, pagó la multa en periodo voluntario.

Alguna vez se había planteado derogar el Decreto 60, pero indefectiblemente el debate terminaba con las mismas palabras: Lagarto, lagarto.

Sesenta años sin una sola muerte en el pueblo (al margen del geranio contestatario) era un motivo para festejar.

La celebración comenzó con una charla a cargo del historiador local Leonardo Domínguez, quien esperaba convencer al pueblo que era un investigador serio, no un vago mantenido por Magdalena la repostera. Tras la charla, la Alcaldesa, María del Socorro González-Preboste homenajeó al ahora nonagenario ex alcalde, casualmente su abuelo.

Este, tras mostrarse muy complacido con la charla, de la que no había entendido nada, (hacía más de cinco años que estaba totalmente sordo), atravesó con paso lento y sonrisa de complacencia los cinco metros que distaba su silla en primera fila del público del atril donde su sucesora le entregaría una placa conmemorativa.

En el momento en que el anterior y la actual portadora del bastón de mando se abrazaban, la vigente sintió recaer sobre ella el peso del predecesor. Atropelladamente dio por finalizado el acto, disculpando al anciano por la intensa emoción que sentía. Rápidamente se vació la sala y ella pudo dejar en el suelo el cuerpo inerte.

Leonardo, el historiador, que aún estaba recogiendo sus documentos, al ver lo ocurrido se acercó a la Alcaldesa y, notándola azorada, la abrazó. Ella dejó reposar su cuerpo sobre el del historiador durante unos segundos, hasta que le pidió que cerrase con llave la puerta del salón de sesiones.

Al cerrar la puerta, aún con la sensación de aquellas suaves y generosas formas contra su pecho, contempló a Socorro inclinada sobre el cuerpo del mítico ex alcalde, muy especialmente contempló esos glúteos bien formados a los que se adaptaba el ceñido vestido, del que parecían querer escapar.

Con un tímido gesto, la Alcaldesa confirmó que su abuelo estaba muerto y sollozó levemente. Él dijo “hemos de pensar algo” y la abrazó, ella le abrazó.

Dicen no saber más, que una cosa llevó a la otra. Bueno, hablan de estudios que confirman que la muerte exacerba las ansias de vivir y, por tanto, la libido.

El caso es que Leonardo notó de nuevo ese calorcillo en ella. Y sus suaves formas en su cuerpo. Y el sensual olor que desprendía. Sintió su aliento. Se preocupó al notar su rigidez, pero se confortó segundos después, al constatar que ella aumentaba la intensidad del abrazo.

Así que cuando Félix, el veterano alguacil, abrió con su llave la puerta del salón de sesiones y entró, seguido por Magdalena la repostera, la médico, el cura, dos concejales del equipo de gobierno, uno de la oposición, el director de la oficina de la Caja de Ahorros, el secretario del Ayuntamiento y ocho o nueve curiosos, contemplaron: en primer término, el cadáver de Julio César; más atrás Leonardo, de pié, haciendo el amor con Socorro, que gemía tendida boca arriba sobre la mesa del salón de sesiones.

Los amantes estaban tan concentrados en su entrega, que no notaron la presencia de los recién llegados. Estos quedaron contemplando la escena pasivamente, salvo el director de la Caja que decidió probar los bollos de la pastelera, la cual mostró su disposición a formalizar un depósito con interés.

Cuando la melena de Leonardo osciló más violentamente, anunciando la culminación, los espectadores prorrumpieron en un sonoro aplauso.

La vergüenza de Leonardo era insignificante comparada con la de Socorro. Mientras todos miraban, ella se embutió apresuradamente en su ajustado vestido para improvisar una compostura que consolidó cuando Leonardo, cubriendo sus partes con las manos, habló a los asistentes concienciándoles de que el problema de la muerte del veterano era de todos.

El secretario del Ayuntamiento ofreció la solución: derogar el Decreto 60/1953 y así permitir la muerte de aquel distinguido ciudadano en el pueblo que tanto amó. De ese modo, el Decreto 60/2013, levantó la prohibición de fallecer en el término de La Palma, si bien, tras la enmienda propuesta por la Agrupación de Ciudadanos Palmeros, exclusivamente para los hijos predilectos.

Así fue como Leonardo el historiador llegó a ser personaje histórico. Y asesor de la Alcaldía en asuntos históricos, labor que no debió hacer mal, pues Maria del Socorro recurría diariamente a sus servicios.

Magdalena no puso objeciones, estaba demasiado ocupada con las posiciones de sus activos bancarios.

6 comentarios:

Tracy dijo...

Jajajajaja, qué ocurrente texto, es un alarde de originalidad.

Neogéminis dijo...

jejjeje te felicito por la creatividad volcada en este divertido texto!
Muy bueno!!
=)

Matices dijo...

La primera sonrisa del lunes... gracias!!

Muy bueno, Juan Carlos
Un abrazo

G a b y* dijo...

Qué buen texto Juan Carlos! He disfrutado mucho con todos los pormenores de un decreto que por fin fue derogado!
Besos!
Gaby*

rosa_desastre dijo...

¡Que ocurrencia por diosssss! Unas risas para pintar la seriedad del salon de plenos. Bueniiiisimo, amigo.
Un besazo

San dijo...

Un aplauso Juan Carlos, me parece muy bueno, sugiere,atrapa, divierte y te da para pensar en algunos asuntillos. Te felicito.
Un abrazo.