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¡Felices Navidades!

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jueves, 31 de enero de 2013

Hablar escribiendo / Límites



La propuesta de esta semana la formula Rossina en el blog que aquí enlazo, donde se encuentran las normas de la convocatoria y se accederá a los relatos que surjan por su inspiración.
Hablando de Borges y de Salinger uno siente la tentación de caminar hacia atrás, hasta desaparecer, pero no, daré la cara.
Y lo haré con este relato que es una recreación del cuento de Salinger: un día perfecto para el pez plátano, que se puede leer en este enlace, lo cual es más recomendable que seguir leyendo lo mio.




Seymour salía de la habitación del hotel sin saber que ese sería el último día que le resultaria perfecto para el pez plátano.

Iba solo a la playa, pero esa soledad no le preocupaba; la que le torturaba era la que sentía desde que salió con el alta del Hospital Militar. Se sentía incapaz de subsistir entre convencionalismos y superficialidad. Le ennervaba la hipocresía, más después de volver de aquel infierno.
Muriel, su esposa, permanecería en la habitación. Tenía que pintarse las uñas. El sabía que además que aprovechando su ausencia, Muriel llamaría a su madre para tranquilizarla, explicarle que todo iba bien, mientras la vieja insistiríe en el peligro de estar con un loco. Imaginaba a su mujer, vestida solo con el albornoz, sosteniendo el auricular entre cara y hombro mientras aplicaba el pincel sobre sus uñas. Con igual atención en cada una de ambas actividades.
Poco tiempo llevaba tumbado Seymour sobre su esterilla, cuando la pequeña Sybil reclamó su atención.
A Sybil le gustaba estar con ese hombre, tal vez porque le contaba historias, tal vez sencillamente porque le prestaba atención. A Seymour le confortaba estar con ella. Esa credulidad sin más límites que los conceptos de verdad y mentira, que para ella estaban infantil e inequívocamente diferenciados.
Esa tarde era Seymour le hablaba de los peces plátano, esos cuya glotonería condenaba a muerte. Sybil, a su tierna edad, habría necesitado un final feliz, pero él no estaba dispuesto a esas concesiones. Como era un buen día para el pez plátano, se adentraron en el mar para buscarlos. La fantasía de la niña los encontró. Él aduciendo que era imposible salió de la playa.
Caminando por la arena, Seymour sintió, como una punzada, que tal vez le atraía esa inocencia de Sybil porque quisiera arrebatársela.
Y volviendo a la habitación, notó una vez más esa habitual esas agresiones pasivas de la sociedad hacia él, esa que le golpeaba sin tocarle y ante la que reaccionaba, siendo sus reacciones calificadas como violentas e injustificadas, síntomas de su locura.
Por eso, cuando llegó a la habitación, viendo a Muriel dormida, ajena como siempre, supo que nunca volvería a ser un buen día para el pez plátano.

Entonces todo acabó.

Sybil nunca vio más vidrio.


NOTA Sybil, en el cuento de Salinger dice “See more glass” para llamar a Seymour Glass. (observación que agradezco a Juan Carlos Jiménez, profe del taller de cuentos).

20 comentarios:

Rossina dijo...

Seymour llegó al límite. Quizás su pies. Tal vez el olor a esmalte que impregnaba la habitación.
Fuiste muy genial. Corrobora si estás bien linkeado.
un abrazo

emejota dijo...

Que bien escriben algunos, cachis, y yo en bata... pero con el pijama debajo. ;) Jajjj, para no asustarme al pasar ante el espejo. Bsss

Cecy dijo...

Vengo de leer el cuento, por primera vez, y una segunda seguramente me espera.
Tu has logrado un buen texto, que me deja con un sabor a buena lectura.
Y gracias por el enlace.

Un beso Juan Carlos.

Leonor dijo...

Tendré que volver a leer el cuento, me ha gustado y quiero profundizar. Me gusta tu relato, eres muy observador, qué bien has descrito a esa mujer pintándose las uñas y hablando por teléfono. Lástima de final, Sybil no volvió a ver a Seymour Glass.

Un beso

Neogéminis dijo...

No leí el libro pero averigüé que el personaje y el autor son bastante pesimistas y con tu expresión:"habitual esas agresiones pasivas de la sociedad hacia él," remarcas ese aspecto del personaje.
Un abrazo

Juji dijo...

Impresionante, JC. Pesimista pero arrebatador. Deja mal sabor de boca, que se compensa con la calidad del texto.
Besitos mil.

Natàlia Tàrraco dijo...

Juan Carlos, he leído el sublime y contundente relato de Salinguer, una sucesión de diálogos en dos escenas bien distintas. A "See more glass” Seymour Glass no le quedaban más que los peces plátanos y esa inocencia de Sybil para agarrarse a un flotador deshinchado. Tú sin diálogos repasas el interior de ese joven herido de angustia, de aburrimiento, de vacío que lo conduce de la arena al revolver, en él te metes y nada tiene sentido sin los plátanos peces. Bravo, excelente homenaje al maestro, el pesimismo tiene sus razones íntimas e intransferibles. Besito contento.

miralunas dijo...

mañana u otro dìa, volverè a leer a Salinger. hoy me quedo pensando en què bien has dado la cara, Jwan.

tengo el frío del final de este relato humedeciéndome la palma de las manos.
así es como escribís.
así es como me paro frente a tus letras.
tan sensible y respetuosamente.

mariajesusparadela dijo...

Lo que mas admiro de ese autor es su retirada en pleno triunfo por "El guardian entre el centeno".
No parece un hombre normal: demasiado lúcido para la fama.

juliano el apostata dijo...

no he leído el relato original.
pero sí sé una cosa, que el tuyo me ha conmovido. sí sé que la ingenuidad está en el relato, está siendo perseguida, encontrada por el seimus ese o como se escriba...y eso, eso es más que suficiente para decir que me ha gustado el relato.
buscar la sencillez en estado puro y refugiarse en ella, uffff...pero conseguirlo, más uffff..
medio beso.

Teresa Oteo dijo...

Guauuu!!! Genial, amigo güevero!
Triste, pesimista pero imprsionante!
Muchos besos a toda la familia!

San dijo...

Metido en la piel de este hombre y haciendo que quien te lee entre y sienta la soledad y la tremenda angustia que respira. Un placer Juan Carlos.
Un abrazo.

Pepe dijo...

Relato lleno de tensión y magníficamente descriptivo del personaje. Me ha encantado tu relato Juan Carlos.
Un abrazo.

Matices dijo...

He tenido la sensación mientras te leía que buscabas meternos dentro del personaje, porque me has hecho adentrarme en él... en como veía él lo que vivía, de como su soledad estaba marcada por momentos repetidos sin fundamento. La soledad es mala amiga en muchos casos...
Me ha gustado... como diría seguramente Sybil ¡un montón!
Un abrazo

Alfredo Cot dijo...

Corto, descriptivo y justo para hacer boca... un aperitivo, vamos.
Magistral, como siempre.
Abrazos

censurasigloXXI dijo...

Pues yo no he entendido nada y lo he leído tres veces... debo estar espesa como el chocolate.

Un beso. Voy a leer la historia por el otro lado. Abrazos a todos y todas.

Sindel dijo...

No leí el relato que mencionas, pero haber leído el tuyo me encantó.
Que bien contás las cosas, y como llegas al lector!!!
Un abrazo.

Manuel dijo...

Lo siento Juan Carlos, al leer tu relato he tenido un extraño pálpito, no me ha gustado la actitud del protagonista hacia la pequeña Sybil, cuestión de sensaciones. después he leído el cuento de Salinger y me ha dado el mismo extraño palpito y para terminar he revisado la biografía de Salinger y solo puedo sacar en conclusión que debía estar en una situación mental mas que alterada.
Realmente creo que Salinger no decidió hablar escribiendo,sino escribir en vez de hablar.
Un abrazo

Medea dijo...

Amigo Juan Carlos ojiplática me dejas, te he leído, luego me he ido al enlace para leerme "Un día perfecto para el pez plátano" luego te he vuelto a leer. El cuento de Salinguer me ha encantado a pesar e su trágico final y es cierto que la historia que sacas de él mientras Seimour tumbado en la playa entabla un dialogo infantil con Sybil y empuja su flotador contra las olas, da fe de esa gran imaginación que solo algunos privilegiados tenéis.
Seimour estaba seriamente enfermo, la madre de Muriel lo vio...
Un beso grande amigo.

Toni dijo...

Cuando veo gente que escribe tan bien, me preguntó ¿pero qué estoy haciendo? Y me respondo "camino".
Gracias por el relato de Salinger y también por tu versión, poniéndote en la piel del protagonista.

Un abrazo!