-

-

¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 31 de octubre de 2012

La Misa del Fin del Mundo



Un año más llega el Halloblogween. Como es tradición, lo dirige Teresa Cameselle, desde cuyo blog, al que se puede llegar a través de este enlace, recoge todos los relatos participantes.

Mi participación, a falta de tiempo, es una reedición, revisada y al que incorporo algunos detalles sugeridos en los comentarios que en su día me realizaron, especialmente los de Natalia y Verónica.


LA MISA DEL FIN DEL MUNDO



31 de diciembre de 999. El mundo se acaba.
La naturaleza ha venido anunciando su propio final. Lluvias torrenciales, inviernos eternos, difíciles de sobrevivir, plagas que arruinan cosechas. Es obvio que el mundo se está desmontando.
Gerbert de Aurillac, en su condición de Papa Silvestre II, oficia en Roma una misa en la que se espera la aparición de Dios para tomar a todos los asistentes a su merced y, conforme a sus códigos, condenarlos o absolverlos con efectos definitivos, eternos.
Los asistentes, estremecidos, contemplan, admiran, la enjuta figura del Papa, ese hombre versado en una incomprensible ciencia (¿o brujería?),  que, de espaldas a ellos y de cara al todopoderoso, a quien él y todos materializan en el inflexible Pantocrátor dibujado en el ábside del altar mayor. Gerbert, Silvestre, intercede como buen negociador, ante aquel con quien todos temen afrontar
El titilar de una estrella, cada ráfaga de viento, son entendidos como preludio de la irrupción divina.
En los últimos días, los exámenes de conciencia han sido la absoluta prioridad para los cristianos. Cada cual minimiza sus pecados y acentúa sus virtudes para abogar por su causa y ser absuelto en el Juicio Final. Se han perdonado deudas y afrentas. Se han pedido disculpas, ofrecido ayudas, alcanzado reconciliaciones. La limpieza de conciencia se ha hecho con total escrúpulo, restregando rugosos estropajos para que cuando llegue la hora final, el momento de rendir cuentas de una vida, estén tan inmaculadas como las de un bebé
El temor a esos monstruos del pecado, ogros malignos, esculpidos en los capiteles hoy tiene más sentido que nunca, hay quien cree verles cobrar vida y comenzar esa labor para la que fueron concebidos. - ¡A mí no! –grito de terror que se ahoga en muchas gargantas.
Silvestre, dominador de la religión, de la magia y de la ciencia, es también un excelente comunicador. Sus palabras están medidas y salen de su boca pronunciadas con un énfasis que hiela la sangre al más escéptico. Sabe que la atención de los congregados continúa centrada y concentrada en cada palabra que pronuncie, con ese acento que denota su origen francés, en cada gesto que realice. De quien nadie discute que es el mejor interlocutor ante Dios. O ante el Diablo, si es éste quien llega primero.
El estallido de un trueno es motivo de estremecimiento, pero no pasa nada.
Arrodillados, cabeza gacha, algunos tendidos en el frío suelo de piedra, los mortales esperan, no saben si con más impaciencia o miedo, la llamada sobrenatural que no llega, esa llegada del Dios a quien tanto han rogado, que tanto les ha decepcionado. Y miran al Papa, que no ceja en su discurso y cuya actitud no refleja su sentimiento, el mismo que el de cualquier mortal.
La espera se prolonga. Llega el cansancio y algunos se van acomodando hasta quedar dormidos. Y sueñan como hacen cualquier día. Y no pasa nada. Y poco a poco se generaliza la relajación. Solo el Papa y sus más cercanos acólitos resisten.
Y resisten hasta que el gallo canta, ignorante de que ha comenzado un milenio, al nuevo sol que aporta las esperanzas de cualquier amanecer, de cada renacer.
Y no ha pasado nada. La vida continúa. Los congregados van despertando. Las aguas vuelven a un cauce del que nunca salieron. Unos se sienten aliviados, otros defraudados. Algunos pretextan un error de cálculo. Muchos, ante el fiasco del juicio final se sienten impunes. Y las conciencias, que estaban impolutas vuelven a adquirir manchas y esta vez no hay una causa que motive limpiarlas.
Y la naturaleza humana vuelve a desarrollarse libre, salvaje, para mantener y desarrollar una sociedad cruel y desigual.



NOTA: Silvestre II fue un papa con profunda formación matemática, que entre otros méritos cuenta con el de introducir en Europa la numeración arábiga. La leyenda habla de su formación con druidas. Están documentados sus estudios de ciencias, especialmente de matemáticas en Al-Andalus. Fue una figura polémica, entre quienes le admiraban y quienes le consideraban aliado del diablo.

lunes, 29 de octubre de 2012

Llauts en la boira






Eran tiempos duros, ¿sabe? Sí, claro, aquí siempre se ha vivido bien, pero también hemos tenido que trabajar duro, será por eso por lo que hemos vivido bien - El hombre, de forma romboide, ancho en la barriga, menguante hacia cabeza y piés, había venido a mi encuentro y a hablarme.

Yo viajé en los llauts, laudes como dirían ustedes, esos barcos que bajaban por el Ebro hasta Tortosa llevando carbón, o lo que fuera, pero mayormente carbón. ¿Sabe? Era nuestra forma de vida. Una forma de vida dura


- Oiga, pero ¿cuántos años tiene?

Sesenta y dos, sesenta y tres en octubre.

- Debía ser Ud. muy joven, esta presa se construyó hace cuarenta y nueve años.

¡Claro que era muy joven! usted no sabe cómo era la vida entonces, en cuanto teníamos fuerzas para trabajar íbamos al tajo. A mi me tocó en un llaut, laúd en su idioma, esos barcos con los que bajábamos el carbón a Tortosa. Era un trabajo durísimo, ¿sabe usted? Unas veces tocaba remar, otras colocar las velas, pero muchas teníamos que bajar a tierra y remolcar el barco, tirando de él. ¡Imagínese!

- Me han dicho que del barco, aguas arriba, tiraban burros.

Ah, eso era en los llauts, laúdes, que dicen los castellanos, de las empresas ricas. Mi jefe no tenía cuartos para burros, éramos los operarios, que bien remábamos para bajar o para subir y, si el remo era complicado, nos hacíamos con las sirgas y tirábamos del llaut.

- Una aventura …

¿Una? ¡Miles! No sabe usted lo que hemos pasado llevando el carbón a la costa, miles de aventuras. Mire, una vez, espantoso, teníamos que tirar del llaut, vaya del laúd, contra corriente, estábamos por Miravet, con el suelo embarrado con ese barro que se pega a las botas y que hace que cada paso sea más complicado porque el pié pesa cada vez más; pues eso. Y solos yo y mi compañero Ramón, los dos más jóvenes, pero cada uno con dos cullons, com ha de ser, tirando del barco y lo movíamos ¡vaya si lo movíamos! Que llegamos a Mora extenuados y la tripulación nos pagó unas putas. Y oiga usted, derrengados que estábamos y cumplimos. ¡De sobra que cumplimos! – El brillo brotó en su mirada.

¿Y sabe lo que es navegar por esas tierras escarpadas de García? Menos mal que los capitanes del pueblo conocían el terreno, un forastero no lo habría logrado. Pero mire, moviendo las velas para no irnos contra las rocas y perder allí la carga el llaut, perdone, laúd y, a lo mejor, nosotros mismos en las rocas o en el fondo del río. – Dijo tras una pausa en la que me lanzó una mirada con pretensiones hipnóticas.


¿Y volver por allí arrastrando el llaud, leches, el laúd? Un traspié nos habría hecho caer por las rocas, habría sido mortal, pero remolcando el llaut, ¡Mare meua! No podíamos pensarlo, toda la fuerza era para arrastrar el barco y poca quedaba para fijarnos donde poníamos el pie … Un milagro, oiga usted, que no nos despeñáramos nunca.

Y mujeres, oiga … Éramos marineros con un amor en cada puerto. Tenía una noia en Xerta que, menuda era, la dona más apasionada que pueda imaginar. Con unas tetas como melones, pero melones buenos, de los de Gimenells, más ricas que los melones de Gimenells. Era mi favorita, pero no se crea que era la única. Había otra en Ginestar … a esa aún la veo a veces, se casó con uno del pueblo y … ya sabe, a veces recordamos viejos tiempos. Y es que conocíamos mujeres en todas las paradas, en Tortosa, en Mora, en Faió, en Vinebre, en Ascó, en Flix. Todas estaban locas por los marineros del rio y no era para menos, nuestro trabajo nos hacía tener unos cuerpos que las volvía locas.

Y ¿sabe? en aquel tiempo Ascó no era lo que es. Ni Flix, no señor, para nada. Ni había nucleares ni fábricas, eso ha venido con el progreso. Como aquí cuando llegó la presa. Se nos acabó lo de navegar. Una pena, era una vida dura, pero tenía lo suyo. ¿Sabe ud. cuánto orgullo sentíamos cada vez que llegábamos a casa? Cansados, pero satisfechos.

Luego con la presa había que buscar otra colocación, entonces entré en la mina Pilar, picador de primera y mire, hasta aquí. Con cincuenta años me jubilaron. Ya sabe, los años de mina cuentan como uno y medio en otro trabajo, son más duros. Pero no tan duros como los del llaut, del laúd, perdone usted, no l puedo evitar, me voy al catalán sin querer.

Y mire, perdone que no le cuente más, pero llega la hora de la cena y no quiero llegar tarde. Ha sido un placer hablar con Ud.

Nos despedimos. Él se fue con rumbo al pueblo, satisfecho por haber colocado su relato. Yo seguí paseando por el paseo fluvial, feliz porque el lunes tenía que presentar una historia y me la acababan de dar hecha.



NOTAS: Los llauts transportaban mercancías, especialmente carbón desde Mequinenza, aguas abajo del río Ebro. La foto muestra unos llauts fondeando en Mequinenza.
Las poblaciones que se citan en el texto son todas ribereñas del río, todas de la provincia de Tarragona excepto Faió (Fayón) y Mequinenza, que están en la de Zaragoza. Y Gimenells, población de la provincia de Lleida.
La aventura de la construcción de las presas y este medio de transportes fueron popularizadas mediante la novela "Camí de sirga", obra del escritor mequinenzano Jesús Moncada.

miércoles, 24 de octubre de 2012

El camaleón disonante






Hay quienes nacen para vivir la unanimidad y hay a quien la homogeneidad le revienta. Éste último era su caso. 

Entre los suyos era obligado el mimetismo, que a él le resultaba imposible.

Él justificaba su diferencia, en color morado, mientras todos los demás lucían el de la verde pradera.

- Disentir no es pecado - decía trasmutándose al azul celeste mientras los demás adquirían el rojo pálido de los ladrillos de una valla.

- Muchacho, tu vida será corta si no te amoldas - sentenció un viejo, que volvía a verdear en sintonía con el césped. - La supervivencia del camaleón se basa en no destacar, en pasar inadvertido. - Apostilló.
                                                                      
El coro de asentimientos se vio abruptamente acallado por un estruendo terrible que de golpe cesó. Un humano se acercó:

- ¡Un camaleón amarillo! Menos mal que te he visto, podría haberte destrozado con la cortacésped.






(Foto tomada de la revista Eroski Consumer. Hecha, según indica la revista, por Juan Manuel Rubio en La Viñuela, comarca de La Axarquía, Málaga).



Más coloridos relatos en nuestro peródico, The Daily Planet's Blogger

lunes, 22 de octubre de 2012

Una mirada excesivamente hermosa





UNA MIRADA EXCESIVAMENTE HERMOSA
  1. Un suceso
La mujer de la mirada incisiva está en el barrio. Lo sé porque Marcelo no recuerda nada más que haber mirado los ojos de una mujer, ojos de una tremenda profundidad y belleza, Desde entonces su conversación es errática, parece no ser capaz de enlazar debidamente sus pensamientos, coordinar correctamente sus movimientos.
Habla una leyenda urbana de una mujer con una mirada penetrante, emitida desde unos ojos preciosos y llenos de brillo que, cuando mira directamente a los ojos, alcanza una intensidad que puede producir incisiones en el cerebro cortando las conexiones neuronales.
He decidido no salir de mi tienda, y desde mañana cuando vuelva la chica que sea ella quien atienda a los desconocidos.
Entra alguien:
- Buenos días señora, ¿se le ofrece algo? – Digo, mirando unos ojos brillantes de una tremenda profundidad y belleza ….
Nada más.
            *          *          *          *          *          *          *          *          *          *            
            2. Su fundamento y consecuencias.
Desde niña comprobó que cuando miraba algo con interés, ese algo se rompía. Primero fue el juguete móvil que situaban sobre su cuna. Un día se quebró y sus brazos cayeron sobre ella, lastimándola.
Luego, en el colegio compañeros, amigas con quienes se relacionaba parecían quedar hechizados.
No fue consciente de ello hasta que conoció a aquel chico. Se sentía acariciada con su mirada, abrazada con su voz, hasta que ella le miró sintiéndose enamorada. En ese instante él dejó de tener expresión propia, voluntad.
Entendida la causa-efecto, comenzó a utilizar gafas de sol. Decidió no volver a mirar nunca a nadie. Hasta un día, ya pasados los veinte, que ante la absoluta ausencia de comprensión, forzada por su necesidad de amor, liberó su seductora mirada.
La frustración de ir comprobando como, uno por uno, quienquiera que le resultaba interesante cayera en la idiocia, no calmó, sino exasperó su necesidad y buscó, compulsivamente, alguien con quien relacionarse.
Fue una masacre.
Notar como el atractivo aspecto de aquel dependiente se dispersaba para nunca reencontrarse, marcó su alma.
Pudo ser que entonces pensara que nunca encontraría a nadie y recurriese a buscar el amor en sí misma.
O pudo ser que quisiera comprobar el fatal poder de su mirada, ese poder que la aislaba de por vida.
Aunque le hicieron la autopsia, tras recogerla inerte delante de un espejo, fueron incapaces de diagnosticar la causa real de su muerte: una sobredosis de mirada. Incisiva.

jueves, 11 de octubre de 2012

Teléfono


- Ven pacá, zagal 

El joven ingeniero se dirige a los trabajadores que cavan en la obra que él dirige.

- Que mi compañero no entiende pa’ qué sirve esto que hacemos.

Habla un hombre vestido con una camiseta de tirantes y pantalón de trabajo negro. Gruesas botas bien gastadas compartiendo tragos de una bota de vino con el hombre que está a su lado, vestido igual, la camiseta más sucia, menos pelo , más edad, ninguna separación entre sus cejas y más tripa.

Ambos sentados a la sombra de un árbol, terminada su comida y esperando la hora de volver al tajo.

- Estamos poniendo una línea telefónica. Ustedes abren la zanja, la siguiente cuadrilla coloca el poste y última los cables, que llevan la señal ....

- Mu bien, y eso ¿pa’qué? – Interrumpe, retador, el unicejo.

- Para poder hablar con quien está lejos.

- Yo ya lo hago. Digo ¡QUÉ HACES, MARCELINO! Y el compañero me escucha. –El otro ríe a carcajadas.

- Pero no puede hablar con alguien que esté en Teruel.

- Y pa´que quiero hablar yo con uno de Teruel – Tercia el unicejo, jugueteando con un palillo en la boca.

- ¡Calla Chacho! Qué esta conversación es pa’ gente inteligente, ya te lo explico yo luego – dice Marcelino a la vez que se rasca sus atributos viriles. - Mire, sabemos que con su chisme yo hablo aquí con uno de Teruel y él me'scucha, pero ¿cómo? – Dice Marcelino, con un brillo pícaro en la mirada.

- Su voz entra en el teléfono, viaja por el cable y llega a su amigo en Teruel.

- ¡Cagúenlá! Como se quede mi voz en su cable le arranco la cabeza. 

- ¡Qué te calles, animal! 

- La voz se transmite. Usted habla y otra persona, en cualquier lugar en que haya un teléfono, le escuchará. 

- ¡Chacho! Me pue’s llamar pa’ ir a echar la partida. 

- ¿Pa’ qué? Yo bajo al bar y tú estás. Y si no, juega el Macario. 

- Señores, imaginen lo importante que será tener noticias de la familia que vive lejos. 

- Ahí lo tienes, Chacho, tu parienta podrá hablar con tu suegra cada día. 

- ¡Cagoen too! ¡No entra un chisme de’sos en mi casa en la vida! 

Dejando las risotadas de Marcelino, los juramentos del unicejo, el ingeniero pasea, pensando que un día la telefonía no necesitará cables, pero mejor no lo comenta …








Más visiones sobre el teléfono y sus ventajas en el lugar de encuentro.