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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

lunes, 29 de octubre de 2012

Llauts en la boira






Eran tiempos duros, ¿sabe? Sí, claro, aquí siempre se ha vivido bien, pero también hemos tenido que trabajar duro, será por eso por lo que hemos vivido bien - El hombre, de forma romboide, ancho en la barriga, menguante hacia cabeza y piés, había venido a mi encuentro y a hablarme.

Yo viajé en los llauts, laudes como dirían ustedes, esos barcos que bajaban por el Ebro hasta Tortosa llevando carbón, o lo que fuera, pero mayormente carbón. ¿Sabe? Era nuestra forma de vida. Una forma de vida dura


- Oiga, pero ¿cuántos años tiene?

Sesenta y dos, sesenta y tres en octubre.

- Debía ser Ud. muy joven, esta presa se construyó hace cuarenta y nueve años.

¡Claro que era muy joven! usted no sabe cómo era la vida entonces, en cuanto teníamos fuerzas para trabajar íbamos al tajo. A mi me tocó en un llaut, laúd en su idioma, esos barcos con los que bajábamos el carbón a Tortosa. Era un trabajo durísimo, ¿sabe usted? Unas veces tocaba remar, otras colocar las velas, pero muchas teníamos que bajar a tierra y remolcar el barco, tirando de él. ¡Imagínese!

- Me han dicho que del barco, aguas arriba, tiraban burros.

Ah, eso era en los llauts, laúdes, que dicen los castellanos, de las empresas ricas. Mi jefe no tenía cuartos para burros, éramos los operarios, que bien remábamos para bajar o para subir y, si el remo era complicado, nos hacíamos con las sirgas y tirábamos del llaut.

- Una aventura …

¿Una? ¡Miles! No sabe usted lo que hemos pasado llevando el carbón a la costa, miles de aventuras. Mire, una vez, espantoso, teníamos que tirar del llaut, vaya del laúd, contra corriente, estábamos por Miravet, con el suelo embarrado con ese barro que se pega a las botas y que hace que cada paso sea más complicado porque el pié pesa cada vez más; pues eso. Y solos yo y mi compañero Ramón, los dos más jóvenes, pero cada uno con dos cullons, com ha de ser, tirando del barco y lo movíamos ¡vaya si lo movíamos! Que llegamos a Mora extenuados y la tripulación nos pagó unas putas. Y oiga usted, derrengados que estábamos y cumplimos. ¡De sobra que cumplimos! – El brillo brotó en su mirada.

¿Y sabe lo que es navegar por esas tierras escarpadas de García? Menos mal que los capitanes del pueblo conocían el terreno, un forastero no lo habría logrado. Pero mire, moviendo las velas para no irnos contra las rocas y perder allí la carga el llaut, perdone, laúd y, a lo mejor, nosotros mismos en las rocas o en el fondo del río. – Dijo tras una pausa en la que me lanzó una mirada con pretensiones hipnóticas.


¿Y volver por allí arrastrando el llaud, leches, el laúd? Un traspié nos habría hecho caer por las rocas, habría sido mortal, pero remolcando el llaut, ¡Mare meua! No podíamos pensarlo, toda la fuerza era para arrastrar el barco y poca quedaba para fijarnos donde poníamos el pie … Un milagro, oiga usted, que no nos despeñáramos nunca.

Y mujeres, oiga … Éramos marineros con un amor en cada puerto. Tenía una noia en Xerta que, menuda era, la dona más apasionada que pueda imaginar. Con unas tetas como melones, pero melones buenos, de los de Gimenells, más ricas que los melones de Gimenells. Era mi favorita, pero no se crea que era la única. Había otra en Ginestar … a esa aún la veo a veces, se casó con uno del pueblo y … ya sabe, a veces recordamos viejos tiempos. Y es que conocíamos mujeres en todas las paradas, en Tortosa, en Mora, en Faió, en Vinebre, en Ascó, en Flix. Todas estaban locas por los marineros del rio y no era para menos, nuestro trabajo nos hacía tener unos cuerpos que las volvía locas.

Y ¿sabe? en aquel tiempo Ascó no era lo que es. Ni Flix, no señor, para nada. Ni había nucleares ni fábricas, eso ha venido con el progreso. Como aquí cuando llegó la presa. Se nos acabó lo de navegar. Una pena, era una vida dura, pero tenía lo suyo. ¿Sabe ud. cuánto orgullo sentíamos cada vez que llegábamos a casa? Cansados, pero satisfechos.

Luego con la presa había que buscar otra colocación, entonces entré en la mina Pilar, picador de primera y mire, hasta aquí. Con cincuenta años me jubilaron. Ya sabe, los años de mina cuentan como uno y medio en otro trabajo, son más duros. Pero no tan duros como los del llaut, del laúd, perdone usted, no l puedo evitar, me voy al catalán sin querer.

Y mire, perdone que no le cuente más, pero llega la hora de la cena y no quiero llegar tarde. Ha sido un placer hablar con Ud.

Nos despedimos. Él se fue con rumbo al pueblo, satisfecho por haber colocado su relato. Yo seguí paseando por el paseo fluvial, feliz porque el lunes tenía que presentar una historia y me la acababan de dar hecha.



NOTAS: Los llauts transportaban mercancías, especialmente carbón desde Mequinenza, aguas abajo del río Ebro. La foto muestra unos llauts fondeando en Mequinenza.
Las poblaciones que se citan en el texto son todas ribereñas del río, todas de la provincia de Tarragona excepto Faió (Fayón) y Mequinenza, que están en la de Zaragoza. Y Gimenells, población de la provincia de Lleida.
La aventura de la construcción de las presas y este medio de transportes fueron popularizadas mediante la novela "Camí de sirga", obra del escritor mequinenzano Jesús Moncada.

7 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Natàlia Tàrraco dijo...

Dulce amigo...el perfume, els llauts, les mines, collons quina vida!, l'Ebre, Mequinenza, la Ribera olorosa de naranjos y huertas escalonadas, Xerta, els càntirs, botijos de Miravet con un pajarito arriba y los templarios en la huella del castillo, camins de sirga arrastrando con los riñones la carga de ganarse el pan, gente morena de sol y curtida, entre Aragón arriba y Catalunya abajo, Ebro camino sin fronteras.
Moncada en tus letras inspiradas, en los diálogos que has escuchado verídicos, esa tierra te fascina y me enamora, la trasladas tan bien a mis ojos que espero, yá, una obra más prolongada.
Besito añorado con la maleta hecha !qué suerte leerte a tiempo!

Juan Carlos dijo...

Gracias, amiga.
Había miles de razones por las que este relato necesitaba tu comentario.
Una rica y aromática naranja de Xerta, un conte de la ma esquerra de Moncada y un cariñoso beso para desearte un magnífico viaje, no al Ebro, sino al azul Danubio.

Teresa Oteo dijo...

Qué bien el señor romboide que te apañó el relato del lunes!
Si le ves, dile a ver si te cuenta algo de monstruitos del fin del mundo para el jueves...
Pues me ha gustado esta historia del llaut, digo laúd... qué vidas y cuántas anécdotas y aventuras que contar!
Muchos besos amigo güevro!

Juan Carlos dijo...

Esta historia tiene una base real, el sr. romboide existe, no sé como localizarle, pero si lo hago, seguro que me cuenta una historia sobre monstruitos.
Muchos besos, Tere

Juji dijo...

I jo que soc de la "terra ferma"... y aún así, he sentido tan próxima tu historia que me has hecho recordar cuando mi abuelo contaba como hacían los canales, me has hecho recordar, como si fuera ayer, la "boira", particular e insufrible de mi tierra. Copiaría y pegaría la fantástica descripción de Natalí... porque también he sentido añoranza de eso naranjos (o almendros en mi caso) y esas huertas escalonadas.
La maravillosa lectura que gracias a tu temple de escritor nos has regalado, no tiene precio. Gracias, mi querido amigo.
Un abrazo enorme.

Juan Carlos dijo...

¿Eres de Ponent?¿Sabes cual es mi fondo de pantalla en el ordenador del trabajo? Una vista de la Seu Vella. Me encantan esas tierras, de la que me siento hijo adoptivo tras los buenos años pasados en ellas. Muchos besos.