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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

lunes, 20 de agosto de 2012

En la fotografía



Te recuerdo, Amanda. Y esta vez no lo digo en el tono monótono de la canción que tanto te fastidiaba. Lo digo porque es verdad.
Estaba en casa de, bueno, de unos amigos que no conoces. Nos invitaron a cenar y nos pusieron las fotos de su último viaje. Insoportable, ya sabes, más desde que no hay que pagar el revelado de las fotos. De pronto en la pantalla de la televisión de plasma, 52 pulgadas, detrás de la sonriente pareja celebrando su vigésimo aniversario en el atardecer veneciano estabas tu.
Venías hacia el objetivo, como queriendo dejarte ver.
Recordé la primavera de 1994, cuando me arrastraba de casa al trabajo y viceversa. Mis únicas opciones de conocer a alguien eran la compra semanal en el híper o las noches de cervezas con los que quedábamos del grupo de la Facultad. Te conocí en el híper. No llegabas hasta la mermelada de frambuesa de tu marca favorita, yo te la alcancé, hablamos, seguimos hablando en el bar, luego en el restaurante. Luego en todas partes.
Cuando te vi en la fotografía de mis amigos pasé de la indiferencia al interés. Pedí una copia y se extrañaron, imagínate, insistí, me justifiqué diciendo que me gustaba esa plaza del Lido. Sí, me mandaron la foto, la examiné, agrandé tu figura y analizando tu aspecto deduje que no eras turista, que te habías afincado allí.
Sabes Amanda, para mi fuiste mi renacer, hace ya casi diecisiete años. Sí, sé que tu lo tuviste todo muy claro desde el principio. Yo nunca supe nada, solo que aún podía seducir, que era capaz de enamorar. Cuando me di cuenta de lo que suponías tu ya te habías ido. Para no volver hasta que lo hiciste en esa foto.
Te fui a buscar. Tenía claro, por la foto, que debías trabajar en alguna tienda del Lido y, conociéndote, supuse que sería algo vinculado con el arte.
Estaba acabando aquel primer día infructuoso cuando, en la Plaza de la foto, te vi. La sonrisa amplia, dirigida definitivamente hacia mi. Abrí los brazos para recibirte y no estarías a más de tres metros de mi cuando frenaste la marcha, bajaste la cabeza y dijiste “mi scusi”, cambiando tu trayectoria.
La sangre no se hiela, mantiene una temperatura constante, pero lo admitiremos como metáfora. Se me heló la sangre cuando vi a alguien idéntico a mi tocar tu hombro, ver como le mirabas y como a él si, le abrazabas, sumiéndote sin reservas en su regazo.
Volví a casa sabiendo que no volvería a verte nunca más, pero con el consuelo que otra tu y otro yo vivían felices un amor que nosotros no supimos conservar.
Y como dice la canción, “nada queda en ese trozo de papel, todo es alquimia”[1], pero esa alquimia es lo único tangible de aquello que tuve y no supe entender.
Te recuerdo, Amanda. E insisto que no es la frase hecha.

Y dejando la fotografía en la repisa, con los ojos cuarteados por lágrimas, sonrió como siendo partícipe de la felicidad de su doble veneciano.




[1] “Queda la música”, de Luis Eduardo Aute

21 comentarios:

San dijo...

Que tontos somos los humanos, dejamos escapar lo que amamos y todo ¿por?... Y ahora ya es tarde para él, `por que Amanda encontro a su doble. Todo es posible en Venecia y con
Aute como fondo.Me encanta.
Besos.

Neogéminis dijo...

Pero qué bonita historia, Juan Carlos!...qué bien creado el clima y lo doloroso de ese encuentro frustrado por una realidad paralela, mucho más deseable que la realidad propia del personaje.
Me encantó.

Un abrazo

mariajesusparadela dijo...

buena historia. de las que me gustan

Teresa Oteo dijo...

Con lo que me gusta a mí Aute, amigo güevero! y esta historia tan bonita y tan romántica que nos traes hoy de amores imposibles y reencuentros más imposibles todavía!, hay que ver, cómo has mpezado la semana...
Besitos

Juji dijo...

Si es... una ciudad así, inspira para relatar cualquier sentimiento, pero sobre todo el amor. Había otro ser "identico" al protagonista que sí que la había presencialmente, algo es algo, para una bella historia de recuerdo y de amor. Me ha encantado, JC.
Muchos abrazos.

Natàlia Tàrraco dijo...

A través de la foto, como un ensueño, se presenta Amanda, y en Venecia, donde casi todos los sueños son posibles, la cita. Cuánta melancolía en ese encuentro a distancia, fue un embrujo veneciano, no fue posible rehacer lo perdido, en ese doble idéntico delega su añoranza y los besos, abrazos, es él mismo, es una visión, es poner su mismo rostro como por delegación. Cuando perdemos algo a través de los años resulta imposible recuperarlo tal como fue, nada es lo mismo, todo cambia, menos la belleza de Amanda en esa foto en Venecia en su corazón, intacta.
Bellísimo relato Juan Carlos, en el cómo lo escribes, en cómo me implicas y me veo caminando perdida por las calles de Venecia, dulce agonía en tus letras, de principio a fin fascinantes.
Besito dulce amigo mío, que tengas feliz semana.

Mar dijo...

Real como la vida es el destino de este hombre: primero la foto que le da una pista sobre el paradero de su amor y despues la decepción por no recuperarlo.

Buen relato.


Saludos!

Marta C. dijo...

¡Qué poder de evocación tienen las imágenes! Me ha gustado ese final triste, pero original, sus dobles eran felices, aunque ellos no pudieron. Bonita historia. Besos.

G a b y* dijo...

Llena de nostalgia, la historia que aquí compartes, tiene ese dejo de vida tan particular, que nos atrapa... sí, en el lugar, en la instancia, en las oportunidades que se nos escapan (o dejamos escapar). Muchas veces, algún nombre, algún recuerdo -entre dulce y cruel para un corazón que no se convence- se nos cuela como estampa imborrable. Y seguro, seguirá estando allí, sin deterioro del tiempo, en una repisa de la memoria.
Precioso relato!
Besos!
Gaby*

Valaf dijo...

Amargo el destino del protagonista. Tu prosa es excelente.

Saludos

Juan Carlos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Carlos dijo...

Gracias San, sí que a veces se hacen tonterías, como mi protagonista. Besos.

Juan Carlos dijo...

Gracias Neo, la idea era esa, una realidad paralela y una foto que da una pista, aunque en este caso sea falsa. Un abrazo.

Juan Carlos dijo...

Gracias María Jesús. Esta vez me puse en tono nostálgico.

Juan Carlos dijo...

Me gusta Aute y esta canción es de las más evocadoras, siempre me ha sugerido mucho. Besos, amiga güevera.

Juan Carlos dijo...

Una cosa tengo que decirte, mi próximo viaje a Venecia no tiene nada que ver con esta historia, quede constancia, jaja.
Creo que solo podía haber empleado esa ciudad para este relato. Besos.

Juan Carlos dijo...

Utilizas un término perfecto, "delegar". Casi que resumiría la idea en esa, el protagonista delega su felicidad en su doble.
Gracias amiga, besos.

Juan Carlos dijo...

Gracias Mar, así queda él, añorando lo perdido, destino amargo, aunque sea feliz "por delegación"
Saludos.

Juan Carlos dijo...

Es así, le queda esa felicidad aunque en otro cuerpo semejante.
Gracias, Marta. Besos.

Juan Carlos dijo...

Caramba, Gaby*, me ha encantado tu comentario. Preciosa idea la de "repisa de la memoria".
Besos.

Juan Carlos dijo...

Gracias Valaf, bienvenido. Amargo destino, ciertamente.
Saludos.