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¡Felices Navidades!

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miércoles, 11 de julio de 2012

Cinco de tréboles




La lámpara de altura regulable estaba baja. Como focalizando el tapete en el que los cinco participantes sacaban todo el partido que podían a sus cinco cartas. Fuera del círculo de luz imperaba la oscuridad.


Recibió las cartas que reclinado hacia atrás, para que su cara quedara en semipenumbra. Muchas cartas de tréboles; as, dos, tres, cuatro y … as de corazones. Entendió que el as de corazones le indicaba que debía seguir su corazonada y, reclinándose hacia la mesa, con la cara visible, dejó los naipes sobre la mesa, separando el as de corazones de los cuatro de tréboles.

Frotando la carta a cambiar sobre el mantel verde esperanza, pidió su canje.

¿Cómo había llegado aquí? Antes jugaba por diversión, con amigos, apuestas moderadas, el ganador pagaba las copas, había bromas, risas.

La nueva carta estaba ante él. La recogió juntándola con las que tenía en mano, como pretendiendo que se tiñera de tréboles. Cinco movimientos, como para que supiera el número que debía mostrar y, alejándose de la inquisitiva luz, buscó el refugio de la penumbra para saber si la fortuna le sonreía.

En esa timba el juego no era divertido, se mantenía la concentración, ni un trago, ni una risa.. Solo se apostaba. Deseaba dejarlo, pero no lo haría perdiendo. Si esa carta cuya visión demoraba fuera un cinco de tréboles, podría dejarlo.

Miró la carta recibida. Era el cinco de tréboles.

Esperó el envite. Cincuenta euros salieron del primer jugador. El segundo arrojó las cartas sin hablar. El tercero lanzó cincuenta euros y veinte más. Él, dos billetes de cincuenta. El quinto arrojó las cartas, El primero igualó el envite y subió otros cincuenta. El tercero arrojó sus cartas. Él frenó la ambición, igualó la oferta arrojando otro billete de cincuenta y, dejando su cara en el ámbito de la luz, proclamó su escalera de color dejando las cartas sobre la mesa.

En larguísimos instantes de silencio, apreció una mueca de sorpresa en su oponente. Miró las cartas que acababa de dejar sobre el tapete y se sorprendió al ver que la uniformidad del trébol la rompía un as de corazones.

Vacío en el estómago, sensación de mareo mientras sentía la confirmación que verdaderamente algunos nacen estrellados, como él, que una vez que la suerte le sonreía, confundía la carta a jugar.

Quedó fuera de la zona iluminada hasta que su rival, arrojando las cartas sobre la mesa, dijo

- Pareja de ases al cuatro, tú ganas.

Incrédulo, de nuevo dentro del haz de luz, comprobó como su oponente mostraba dos ases, un dos, un tres y un cuatro.

Mientras sus cartas contenían los otros dos ases, un tres, un cuatro y un cinco, ese esperado cinco de tréboles que le había dado una victoria, no brillante, como esperaba, pero igual de sustanciosa.

Ganancia que recogió mientras la escasa luz solo le iluminaba a él.
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20 comentarios:

Carmen Andújar dijo...

Una partida de lo más entretenida, un poco de fantasía, un equívoco, sentirse perdido por momentos, una apuesta demasiado cara; pero al final sin esperarla llega la victoria, valió la pena.
Buen relato
Un abrazo

Cecy dijo...

Que momento, cuanta adrenalina se debe sentir en esos momentos. Al final tuvo un as de suerte en esa luz que lo ha iluminado.

Un abrazo.

Teresa Oteo dijo...

Qué nervios! Si me he puesto nerviosa yo al leerlo, se ve que no valgo para estas timbas tan serias...pero al final el cinco de tréboles se portó.
Esto del juego no es ninguna tontería, empieza como una diversión inocente y pueden acabar arruinando y destrozando a una persona.
Buena partida Juan Carlos güevero.
Un beso grande.

Neogéminis dijo...

Desconfío del juego y del aparente azar...a veces algo que no se identifica se las ingenia para hacernos ser parte del juego de las coincidencias...pero con trampas!
Un abrazo

Luis Rodriguez dijo...

Buen relato sobre el azar, atrapante. Me pregunto si el personaje habrá dejado de apostar (como prometió, con Victoria) o esa Victoria al no ser como la esperaba sirve como excusa para seguir con el Vicio? Excelente aporte e idea para este Jueves

Leonor dijo...

Una escena perfectamente relatada, he visto esa mesa, esa luz centrada en el juego, esa forma de esconder el gesto, y he sentido la tensión en el ambiente, el miedo. No creo que el jugador lo deje, volverá a esa mesa en busca de esos momentos de tanta intensidad. Un beso.

Natàlia Tàrraco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Natàlia Tàrraco dijo...

He sudado cinco gotas, en la penumbra de la timba, y esos tréboles y esos corazones palpitantes, un farol, el corazón siempre gana.
Hay que jugar más de cinco veces, pero mejor al juego de vivir sin repartir manos, sin cartas escondidas en la manga, mejor así, a escote sin apuestas altas.
Juan Carlos el ambiente del tahúr, lo he mascado, prefiero al mago Juan Tamariz y sus cartas. El tuyo magnetiza, es el prota de una peli, Casino...
Besitos cinco de tréboles y cinco de corazones.
Más de cinco besitos, repartidor de relatos quintuplicados y bien guardados en el tapete de tu mesa.

mariajesusparadela dijo...

Sorprendente forma de ganar...

Pepe dijo...

El azar y la fortuna en esta ocasión se aliaron con esa equívoca escalera de color que no fué tal. La ludopatía, la adicción, está potenciada por todos esos factores que la hacen posible. La tensión del juego, el ambiente propicio, esa semioscuridad, pero sobre todo, esa debilidad de carácter para dejarse atrapar en las redes del juego.
Un abrazo.

rosa_desastre dijo...

Y volverá, volvera a la espiral amarga que traga a los jugadores, aun cuando tenga que esconder la rabia en la semi penumbra. Describes un ambiente que se corta con un cuchillo para poder respirar.
Un besazo

Manuel dijo...

Bien relatada la situación del jugador y sus miedos y ambiciones, pero creo que con ese resultado tu ludópata protagonista no dejara su problema .... una lastima cuando el juego se convierte en adicción.
Un abrazo

G a b y* dijo...

Imagino la sensaciones variadas de quien en torno a una mesa, pone en los naipes todas sus esperanzas. El azar, la fortuna, el destino, quién obra en estas pérdidas (o en este caso, sorpresiva ganancia?)
Creo que para los jugadores eso poco importa, están tan entregados, que hasta pierden ese disfrute que otorga la diversión entre amigos. Lo echa de menos, pero ya está atrapado. Muy buen relato, como siempre!
Gaby*

Fabián Madrid dijo...

Me gusta el claro-oscuro, el entrar y salir de la luz. Un abrazo

censurasigloXXI dijo...

Madre mía que estrés, o que escinco en este caso!
Y luego se fue a celebrarlo a lo grande?

Yo he jugado a la lotería dos veces en mi vida y las dos he ganado, una vez participé en un sorteo con un dibujo y gané el primero y el segundo premio, dos veces mandé a concurso cartas y las dos me tocaron ¡¡¡Y NO TENGO AFICIÓN AL JUEGO!!!!

Un beso a los dos.

Lupe dijo...

Hola, Juan Carlos.

A esas partidas les deberían de llamar cualquier cosa menos juego. Pero que requetebién lo has relatado. He llegado a sentir una pizca de ese vacío en el estómago leyéndote...

El grupo de mis amigos, de vez en cuando, montamos timbas del Uno. Tan solo perdemos cantidad de lágrimas de las risas y ganamos alguna que otra arruga por lo mismo. Si nos filmaran...

Un placer leerte, Juan Carlos.

Abrazos (dos)

Lupe

San dijo...

Unos instantes de autentica desesperación, esos de dejo,sigo , subo. Poco en realidad en esta mesa se jugaba, en otras hasta la vida la han apostado. Cuando el juego deja de ser diversión...
Un abrazo.

javier dijo...

la vida sorprende y premia la buena fe. Una entrada bien elegida , Gracias por tu comentario en mi blog, un cordial saludo

Marta C. dijo...

Hola, Juan Carlos. Esta semana no he podido participar pero os voy leyendo. ¡Qué emoción! LLas historias de jugadores de cartas siempre tienen suspense, como el que tú nos has brindado. Besos.

Sindel dijo...

Uff cuánta tensión!!! Cada línea que iba leyendo me iba poniendo más tensa por saber el resultado ganador.
Menos mal que salió airoso a pesar del mal trago. Es que es cierto cuando se juega por diversión todo es más relajado, cuando se juega y uno sabe que debe ganar ya deja de ser divertido.
Un gusto leerte.
Un abrazo.