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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Dream builder


      Comenzaba el tiempo que le concedía el Señor de los Sueños. Él se fascinaba con la tecnología que se le confiaba, cuando escuchó esa voz sobrenatural:
      - Mi tecnología es aquella que vosotros podáis imaginar.
      Él tenía la ocasión de crear un escenario al que ella entraría en sueños ¿Cómo entraría? Imposible saberlo, él solo podía crear un entorno en el cual el subconsciente de ella se movería libremente.
      Decidió recrear aquel barrio céntrico de aquella ciudad histórica donde se alojaron en su primer viaje juntos.
      Crear el ambiente de su sueño era la forma de llegar hasta ella.
      La única forma de llegar hasta ella, ahora sumida en el coma.
      La última forma de llegar a ella, sabía íntimamente.
      El Señor le recordó que en el sueño él no podría interactuar. Él protestó con toda la vehemencia de su indignación. Y sus protestas fueron al vertedero de la impotencia humana frente a fuerzas superiores.
      Se afanó en que todo fuera perfecto, como fue, como lo revivían en sus conversaciones, ahora como lo recordaba.
      En sus recuerdos no podía faltar la placita de la fuente. Tantas noches de verano sentados ante su frescor, disfrutando su sonido, envueltos en conversaciones sin principio ni fin, pero con llenas de contenido y sentimiento. A veces tratando de juntos, a media voz, con los una junto al otro unidos los cuerpos; otras frente a frente, con la voz alta y las risas sonoras que derivan del entusiasmo.
      Una noche en la fuente había una flor. Él la arrancó y colocó cuidadosamente entre el pelo de ella, que le miraba con aquel brillo tan especial, tan suyo.
      Un momento, la flor era amarilla.
      Se acababa el tiempo. Repasó todo con el detalle que el tiempo le permitía.
      ¿Y la luminosidad? La de primera hora de la mañana, como la que había cuando comenzaron a explorar la ciudad, cuando todo era nuevo, cuando tenían el tiempo en sus manos..
      Ahora ya no había tiempo, se ocultó para contemplarla.


Sale ella del portal del hotel. ¡Se alegra! Pasea por la calle como entonces, con esa gracia suya, con esa calma y esa curiosidad que le permitía encontrar cada día un nuevo detalle, eso que hacía que con ella la vida fuera imprevisible, siempre nueva, siempre
Huele el ambiente. ¡Dios!, ¡es feliz!
Lo disfruta, disfruta cada paso, como siempre, esos detalles que solo ella sabe apreciar.
Sí, camina hacia la plaza, hacia la fuente. Su recuerdo es mi recuerdo. Su emoción es mi ilusión, La flor, con la ilusión de aquella vez.
Como si supiera que su tiempo se agota, que estaba viviendo un “extra” en su efímera existencia, vuelve al hotel, a su destino. El tiempo se agota. El tiempo del sueño, el tiempo de la vida.


      Grabó en su mente cada uno de los momentos que compusieron esa ocasión de verla desplegando vida. Las guardó con fuerza, como si eso las mantuviera más vivas en su memoria. Porque fuera del recuerdo la única percepción sensorial de ella sería verla tendida,
      Y una foto y ¿esa flor? Gracias Señor de los Sueños. Gracias por permitirme este instante.

      Más interpretaciones sobre el vídeo en Gus y sus jueveros llorones.