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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Este jueves, un relato: el canto de los excluidos

Esta semana, la lista de admitidos la publica el amigo Gastón, aquí.







“Ayer soñé con los hambrientos, los locos,
los que se fueron, los que están en prisión.
Hoy desperté, cantando esta canción, 
que ya fue escrita hace un tiempo atrás
Que es necesario cantar,
de nuevo una vez más” (*)





El sueño le había llevado de nuevo a aquellos tiempos. Recordó la canción y la entonó. Se la enseño un borracho argentino y se convirtió en himno de ese extraño colectivo que deambulada por la ciudad, sin otra posesión que algún espacio público, en que encontrar un efímero abrigo.
 
El sueño fue sueño, no pesadilla. No se lo podía decir a nadie, ni siquiera a Alberto. La ultima vez que ella le habló de aquel tiempo, él reacciono violentamente, espetándole – ¡Pues vuelve con ellos!
 
Vagó por las calles con ellos varios meses, imposible cuantificarlos con alguna precisión.
 
Llegó allí tras una larga huída. Huída de su casa, huída de todas y cada una de las tierras y ciudades que atravesó en un camino sin destino definido. Huída de África por barco, de la muerte por la mínima, de la costa por piernas, de las fuerzas de orden a lo largo de carreteras, pueblos y campos. Y finalmente, huída de los peores, de esos que, ya en el primer mundo, pretendían robarle lo único que le quedaba, la libertad.
 
La ciudad exhibe pero oculta. En ella descubrió la invisibilidad entre luces de neón y miles de personas que pasan sin mirar fuera de sí. Un día, un tipo compartió con ella un par de mugrientas lonchas de jamón. Ella preguntó donde las había conseguido y él, sin hablar, señaló un contenedor de basura. Permanecieron juntos compartiendo sus miserias, sus tesoros.
 
En pocos días se les unieron otros errantes, formando un grupo multirracial, heterogéneo y complementario, al que se unían o que abandonaban hambrientos como ella, locos, borrachos, gente huraña en quienes se adivinaba un pasado mejor y un futuro en blanco, perseguidos, olvidados, personas con o sin ilusiones, todos inofensivos y solidarios entre sí. Un grupo en que nadie preguntaba, ya que no tenían ni respuestas.

Apartando el acogedor edredón se puso su bata de seda y subió la persiana, para contemplar el horizonte, la paz de la urbanización y para sentir el aire del otoño que llegaba a su cara en ese día nublado, incierto solo en lo meteorológico. Volvió a cantar ese fragmento de una canción que le recordaba aquella etapa de su vida.
 
Y marchó a la cocina para preparar su desayuno.
 
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(*) Fragmento de la canción Inconsciente colectivo, de Charly García, musa de esterelato, que podéis escuchar a continuación.


16 comentarios:

Gastón D. Avale dijo...

un genio charly... temazo juan...

pensaba en la huida, en llegar a un destino donde esten todos aquellos que han huido en un mismo lugar... un buen relato amigo... un abrazo!

Neogeminis dijo...

Esta sociedad insolidaria fabrica en sus corridas "toneladas" de excluidos, junto con la basura que sus excesos generan, hay miles de anónimos sobreviviendo de ella.
Triste, muy triste.

Un abrazo juevero

Liwk dijo...

Me ha recordado un poco a Recortes de Prensa de Cortázar, vaya uno a saber por qué. Tal vez por el anonimato que brindan las multitudes, tal vez por lo invisibles que se vuelven los huídos. Feliz jueves.
Un abrazo.

Natàlia Tàrraco dijo...

Juan Carlos, te has lucido palabra por palabra, me emocionas.

Pienso que tal vez, vestida de seda, en la lujosa habitación...al mirar el horizonte añoró aquellos durísimos pero humanos, compartidos, cálidos, sufrientes, tiempos, cuando fué ella una "excluida" entre los "excluidos"
La considerada "basura" humana que fabrica el sistema, adquiere mecanismos de defensa, sentido de solidaridad, sentido de supervivencia, generosidad. !Qué injusto! de las migas que sobran, de los contenedores, de un banco de un portal...hacen su universo bajo los neones indiferentes de la ciudad.

¿Habrá ganado con el cambio como persona? El lujo, el poder no suelen adquirirse por nada.

Felicitaciones por tu relato, un besito muy cariñoso.

Verónica Marsá dijo...

Ah, amigo. Ese lenguaje ancestral que los espíritus mantuvieron en común. Ya sé que me pasearé por aquellos cerros, pero se me va la mente al inconsciente colectivo del que tanto alardearon conocer Freud y Jung, y que sólo sirvió para destrozar a Platón y sus ideas...

Beso y café, que me duermo!

Anónimo dijo...

Estas personas se muestran invisibles ante nuestros ojos, de manera que muchas veces el problema deja de existir ante nuestra indiferencia.
Un abrazo
Carmen andujar

Ceci dijo...

"La libertad se lleva en el corazón", ¿se es conciente de eso cuando se es invisible entre tanta gente?, ¿alcanza con saberlo?, supongo que es algo que se puede acariciar aun en los malos momentos.
Gratísimo el recuerdo de estas letras que nos trajiste, siempre me gustó mucho ese tema. ¡Bravo por tu relato!
Besote

CAS dijo...

Tu relato es conmovedor, además de muy bien escrito( disculpa la pretensión mía de calificarlo...). Muchas veces, muchísimas, cuando veo a alguno de esos seres marginados siento la necesidad de conversar con ellos, de que me cuenten su peripecia de acercarme y darles algo de lo que soy, porque noto en ellos más profundidad y veracidad que lo que se ve por ahí mucho más lustroso y brillante.
Eso he pensado al disfrutar leyendote.
Un enorme abrazo.

Pepe dijo...

Juan Carlos, hemos coincidido básicamente en el universo de excluidos. La autoexclusión, la marginalidad voluntaria, es posible aunque habría que profundizar en las motivaciones. Yo quise reflejar, no sé si lo habré conseguido, la marginalidad forzada por las circunstancias, la de aquellos a los que la sociedad, nosotros, les negamos lo más básico, un techo, un trozo de pan, una muestra de cariño.
Un abrazo.

carlos63 dijo...

Buen relato, de los que me gustan, con compromiso. Por desgracia, me da la impresión que muchos serán los excluidos que se sumen con tanto embargo.

Por cierto, envíame tu correo que en el listado no lo entiendo muy bien para remitirte las fotografías de la quedada. Mi correo es carlos63@laperladelturia.com

Saludos.

Leonor Montañés Beltrán dijo...

Qué decepción para uno mismo cuando cambias la libertad por una vida cómoda y holgada! La libertad se lleva en el corazón pero a veces ahí se queda prisionera. Cuestión de prioridades. Un beso.

Lola y Mari Carmen Polo dijo...

Sin duda, fueron buenos tiempos para ella. Me ha gustado mucho tu relato, Carlos.

Un abrazo

Lola

Matices dijo...

De los malos momentos ella conservó lo mejor, tal vez lo que no recibía viviendo en una sociedad "ejemplar". Los valores se multiplican, las personas se acercan, se entienden, comprenden lo mas importante que son participes de una microsociedad en supervivencia. Creo que hemos dado muchas escalas de valor a la sociedad olvidando que al final somos personas con mismas necesidades.

Un abrazo!!

Atalanta dijo...

El derrotero elegido, amigo mío es duro, a mi me da miedo; suelo pensar en esas personas que viven en la indigencia, pero siempre lo abordo como personas que no optaron por ella libremente. ¿Qué puede pasar por la cabeza de una persona, para tomar esa vía libremente?.

¿Se puede volver, después de haber vivido en la calle?

Besos dubitativos

San dijo...

Acabo Juan Carlos de ver un programa sobre Buenos Aires, precioso que calles tan vividas, que edificios, teatros, librerias maravillosas etc. En una secuencia la cámara capta a un chico más pereciera anciano rebuscando entre la basura, le preguntan y contesta que busca comida, lleva diez años viviendo en la calle, ¿cuantos años tienes? veinte. y ¿como el vivir así? con diez años cuentas mi padre me abandonó y quedé solo sin nada. Impactante, no importa si viajan en buscan de una vida mejor y encuentra la misma miseria, allí, aqui, insolidaridad, corazones de hierro.
Excluidos , excluimos.
Un abrazo.

Sindel dijo...

El tema de Charly es una genialidad. El relato que escribiste una maravilla. Es tan común hoy en día ver a gente en esa situación que muchos lo toman como algo normal y siguen caminando. Yo dentro de lo que puedo miro y apunto. Algo tiene que cambiar si nos unimos y dejamos de excluirlos.
Un abrazo enorme.