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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

jueves, 28 de julio de 2011

Boira




A veces no hace falta subir a las nubes. Son ellas las que bajan a nuestro nivel y a ello le llamamos niebla. En catalán, boira. Pienso especialmente en las terras de Ponent, más en Mequinenza.



Camina de vuelta a casa. Es de noche. La niebla lleva toda la semana tupida, cerrada a ras de asfalto. Le gusta sentir la niebla, esa que de tan intensa moja. Son momentos en que uno se siente en otro mundo, en otra realidad. La cortina de vapor parece ralentizar nuestros movimientos, sacarnos del día a día para llevarnos a un mundo onírico.

Los sentidos funcionan de otro modo. Principalmente la vista, las luces quedan tamizadas por el vapor y pierden contundencia. El sonido parece diluirse en la etereidad grisácea. El olor también se matiza. Y parece que los cúmulos fueran tangibles. El tiempo transcurre, aunque no se perciba.

En esos días le gusta mirar al río, cuando no se puede divisar la otra orilla. En esos días no existe, no hay otra orilla. El río es un océano de misterio.

Piensa que es cuando emerge una ciudad, la Ciudad de las Penumbras. Defendida por dragones acuáticos que no tendrán contemplaciones con quien pretenda hollar el secreto de la ciudad.

Se acuesta imaginándola y de pronto se encuentra surcando las aguas del embalse en una barca sin luces, a punto los arpones cazadragones y cargada de regalos para ser recibidos por el Alcalde o paer en cap (primus inter pares) de la ciudad de las penumbras. Los regalos son pequeñas lámparas de luces LED, que quedarían muy bien en la Ciudad de las Penumbras. Iluminarán sin romper el característico misterio ni producir ninguna contaminación lumínica. Pequeñas lámparas dando una tenue luz azul en cada esquina.

A la mañana siguiente se despierta con la luz del amanecer. A penas abiertos los ojos, esa luz le dice que la niebla se ha disipado y el mundo vuelve a ser el de antes, el conocido.

Se asoma a la ventana y si, allí enfrente está el monte de siempre. Se pregunta si estuvo allí durante la niebla. Se responde negativamente

Durante la niebla no existió más que ese mundo etéreo que terminaba en el cauce del río Segre.






Agradezco la foto enviada por mi amiga Juana Carrillo. Bajo la niebla hay un pueblo y un embalse con toda la vida, inteligencia y misterios que pueden encerrar.

Otros relatos sobre la vida en las nubes en el  Daily Planet's Blogger

15 comentarios:

Manuel dijo...

Curiosa foto, mas que niebla baja, parece que el pueblo emergiera de entre las nubes altas.
La ensoñación que relatas, ¿quién no la ha tenido alguna vez?
Un abrazo

San dijo...

Un hermoso cuento, me ha gustado mucho el que las nubes bajan a nuestro enucentro en forma de niebla, entonces nace el misterio, y ese pueblo bajo las nubes, que curiosidad produce no poderlo descubrir a simple vista.
Un abrazo Juan Carlos.

rosa_desastre dijo...

¿Quien no ha querido alguna vez ser guerrero en la niebla? ¿quien no se ha perdido o encontrado en las calles de nubes bajas? ¿quien no sueña o se despierta con unas alas imprevistas extendidas al sol?
Nube de altura tu relato, amigo.
Un beso

Matices dijo...

Me encantó la foto y el viaje en la niebla hasta tiempos pasados de imaginadas luchas medievales...
Que bien esta semana toca soñar y a mi me encanta

Besos

Natàlia Tàrraco dijo...

Juan Carlos, esa "boira" en Mequinensa, allí donde el llorado Moncada escribió sus relatos, ese lago mágico entelado, con su monstruo Nes de la ribera de l'Ebre, sus ondinas, sus duendes y "manairons" como los llaman en las Valls d'Andorra, me ha prendido, seducida en ella he visto un mar sin orilla opuesta, un mar río fantasmal, sugerente, para soñar vapores lechosos y nubes de algodon enredadas en el paisaje.
Ese misterio que otorga la niebla en los valles, sobre los pantanos, nos hace creer en que nada es preciso ni concreto ni absoluto, todo se adivina y se intuye o se imagina entre luces borrosas que parecen estrellas apagándose porque el cielo ha caido sobre los naranjos y los olivos.

Ha sido un placer de ensueño leerte e imaginar aquel entorno que conozco envuelto en la vaporosa e irreal sábana de la boira. A veces la boira es "ploranera" y escarcha los paisajes y los convierte en sueños nórdicos, en quebradizas imágenes de cristal.
Te pido disculpas, pronto tendrás notícias mías, me enganché en el 17más de lo que creía, pero lo tengo resuelto. Petons y !ave! a lo latín como ese curioso edil alcalde romanizado de Mequinensa.
!Salve! desde meigas y celtas leyendas. ¿Volverás a contarme más cuentos como este? Echa a volar tu mágica imaginación.

Verónica Marsá dijo...

La foto es preciosa y el texto muy sensible. Hay nubes bajas que parecen niebla y nieblas muy espesas, tanto que podrían cortarse. La niebla más espesa que he visto y sentido ha sido la de Pekín, los cielos borrosos y cubiertos siempre, siempre, siempre... pero huele a límpio. No es contaminación!

Un besito.

Neogeminis dijo...

Es cierto!...a veces el cielo parece bajar a la tierra acercándonos las nubes bajo esa forma de bruma que todo lo trastoca. Es como si un manto de irrealidad descendiera y decidiera contribuir a alimentar nuestra imaginación! =)

Un abrazo.

Gastón D. Avale dijo...

uffff excelente foto acompañada de un relato que inmoviliza como la niebla y las nubes bajas a ir despacio y lento y a observar más de cerca. un beso! buen fin de semana!

Carmen Andújar dijo...

Bonita historia y misteriosa la foto. La niebla tiene algo de oscuro y misterioso, casi siempre las películas con misterio van acompañadas de niebla donde se esconden los secretos más grandes, también los cuentos con su dragón y su niebla, van unidos sin remedio.
Un abrazo

Tésalo dijo...

Muy original. Es cierto que las nubes a veces han bajado hasta las tierras. Me ha pasado en Alemania. Todos las mañanas amanecía así en Roghenburg, Alta Franconia. Haber perdido la orientación ha sido efectivamente haberse entremezclado en otro mundo, el de dragones.

Tésalo

alfredo dijo...

Fantasía delante de la "boira" creando un mundo ilimitado de ensoñaciones.
Otra realidad multicolor con su alegre gama debajo del mono-color grisáceo.

Excelente relato, que embelesa por lo próximo y vivido.

Abrazos

CAS dijo...

Me encantó!!! bajaste las nubes, no nos hiciste bajar de ellas... nos regalaste un mundo de ensoñación y como a veces me gusta el gris y la penumbra y hoy puede ser ese día, me voy después de haber disfrutado mucho tu relato.
besotes y abrazotes y nos vemos a través de la niebla, si?

Princesa115 dijo...

Qué bien escribes Juan Carlos!!! Ni el calor te deja sin imaginación.
Me encanta la niebla, pasear entre ella tiene algo mágico, algo de película clásica.
Donde yo vivía antes y sobre el mes de Septiembre siempre nos acompañaba la niebla y el toque de la campana para anunciar a los barcos de la peligrosidad.
La foto es magnífica, enhorabuena a tu amiga

Un beso grande

Carla dijo...

Muchas veces subimos a las nubes, otras veces, son las nubes las que bajan a nosotros y nos envuelven. Me gusta como escribes.

Gracias por tus huellas en mi blog.

Besos.

Primavera dijo...

imagen impactante...pues prefiero vivir en las nubes que tener la niebla tan baja..porque eso de andar sin saber hacia donde voy o quien me voy a encontrar me causa temor.
Perdon por la tardanza de dejaros comentarios, el trabajo me tiene agobiaaaaaa
Primavera