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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 15 de junio de 2011

Llegamos demasiado lejos


Wendy, a través de Verónica y ésta a través de Gus nos ofrecen esta foto para inspirar el relato de esta semana. El mío, a continuación. Los demás, en éste enlace.

Habíamos llegado muy lejos.

El pueblo en el que nos esperaban para cenar se veía pequeño, abajo, como una maqueta. El camino había sido duro, aunque el verde del paisaje diera una falsa apariencia de suavidad.

Siempre me gustaron esas caminatas. Por eso me encargaron guiarla. Por eso y porque ni ella ni yo teníamos nada que hacer. Ella era la invitada de honor. ¿Yo? Un hombre sin papel específico en la preparación de la cena.

Las caminatas nos incrustan en el paisaje y nos hermanan con los caminantes. Hoy con ella, que no era tan seca y seria como decían. Le hablaba de paisajes y leyendas. Ella escuchaba, sonreía, asentía, comentaba.

Me vinieron a la mente otras caminatas. Las que hice con Yoli. Entonces el objeto era el sexo. Nunca lo obtuve del todo, cada vez obtuve un poquito: besos, caricias … la última vez bajo sus bragas, ocultos en la umbría del castañar. Aún recuerdo la humedad de sus besos por mi cuello, cara, labios. Ahora Yoli tiene tres hijos con un ferroviario.

Esta vez no tenía ningún objetivo específico.

La ofrecí sentarse sobre la roca para disfrutar de la vista. Ella miró, hizo una fotografía y quiso seguir adelante. Caminó, subiendo hacia lo frondoso. Su trasero, embutido en vaqueros de marca, se bamboleaba y me invitaba … ¿me invitaba?

Fuera o no invitación, acepté. La guiada se convertía en una guía que desconociendo el terreno, avanzaba divertida mientras yo, guía, era guiado y la seguía admirando las formas que adquirían sus glúteos en cada zancada, con cada paso de la ascensión. La seguía como la cobra sigue la flauta del faquir.

La vi dar un ligero traspiés y acudí a restablecer su equilibrio. Noté su aliento en mi cara. No necesitaba ayuda. Pedí perdón por precipitarme, ella rió, retiré las manos de su cuerpo. Reímos. Nos sentimos cercanos. Me confió que en su adolescencia solía ir a un pinar, en el que recibió y dio sus primeros besos, recibió y dio sus primeras caricias. Le confié mis recuerdos análogos en ese castañar.

El mundo pareció retroceder muchos años. Nos abandonamos en un abrazo. Los besos surgieron muy poco a poco, jugamos como en las lejanas adolescencias, descubriendo cada milímetro del otro como toda una novedad, regodeándonos en cada mínima sensación obtenida con la exploración del cuerpo ajeno, del cuerpo deseado, del cuerpo que se entregaba.

Y llegamos demasiado lejos.

Tan lejos que al levantarnos, tras rehacer nuestras vestiduras, tras retirarnos mutuamente hojas y hierbajos adheridos y sin hablar, nos tomamos de la mano para correr, juntos, monte arriba, para llegar donde nunca pudimos, donde siempre soñamos.

16 comentarios:

San dijo...

Juan Carlos esa carrera de la mano hacia la cima, hacia ese lugar que jamás habian logrado llegar sus sueños, me ha dejado colgada de esta historia. Sensualmente contada.
Felicidades cuentacuentos.
Un abrazo amigo,

Mari Carmen dijo...

Ay, Juan Carlos, leer esto a las casi 11 de la mañana, tan lindo, le llena a una de alegría, de bienestar.

Un abrazo y gracias por este relato tan relajante y hermoso.

Natàlia Tàrraco dijo...

Llegastéis todo lo cerca posible.
Hay paisajes, instantes, recuerdos que nos recuperan, nos devuelven, nunca es tarde para volver, nunca es pronto para sensualidad.

Un gusto leerte en este bucólico marco impregnado de sensualidad.
Besitooos, compi.
Por un milagro puedo comentarte, hace un rato no. Me alegro mucho.

Verónica Marsá dijo...

No soy yo mucho de corretear por los montes, pero si me pones el mar cerca y traslado tu relato, me veo de noche, brillando el mar y las olas de agosto sonando bajito... shssss.... shssss....

Un abrazo, don Bucolicón.

Princesa115 dijo...

Correr monte arriba buscando un sueño sin cumplir....Juan Carlos me dejaste inmersa en esos campos, también soñaba yo y hacía realidad aquellos sueños que me faltan.
Bonita narración con ese pico de sensualidad que lo embellece por completo.
Eres lo mejor, jajaj

Un beso muy grande

Any dijo...

Adhiero al comentario de Verónica, personalmente me inspira mas el paisaje marino.
Estos dos seres incrustados (me gustó eso de incrustarse en el paisaje) en ese entorno, recuperaron algo de esa sensación poderosa que uno tiene en la adolescencia. Yo creo que esta vez llegarán juntos donde siempre lo soñaron por separado.
Un abrazo

CAS dijo...

Es bellísima la sensación que dejas con tu relato. Uno se siente joven, intenso, arriesgado y a estas alturas sería capaz de caminar delante, guiando, "invitando" a subir a la cima.
Muy bello, insisto.
Un fuerte abrazo, amigo escribidor.

gustavo dijo...

recuerdo perfectamente que era en la provincia de ávila, en una montaña y cerca, bueno, tan cerca de un río naciente , de aguas frías y límpidas, que allí...bueno, aquella silvrdtre y fiera naturaleza, árboles y pedregales incuidos fueron testigos de una historia como la que acabas de contar. lo curioso es que a día de hoy recuerdo más el entorno que los hechos en sí...supongo que con el tiempo, ya mucho tiempo, lo que permanece es un entorno salvaja, tan salvaje que incitábanos...esa incitación verde y de aguas cristlinas y de leves rumores y de sol casi comenzando a ser de justicia...todo ello era como un empujón continuo para...
un saludazo, uan carlos.

Pepe dijo...

A veces los episodios cuyo recuerdo queda indeleble en nosotros, ocurren de la forma más insospechada. Hay ocasiones en que se crea, sin pretenderlo, una atmósfera totalmente propicia a la complicidad y la excitación, como en este camino en plena naturaleza.
Un abrazo.

Tésalo dijo...

Bonita historia. Sobre todo por que tiene de impulso hacia adelante en sus dos protagonistas.


Tésalo

Carmen Andújar dijo...

Un lugar precioso donde perderse y abandonarse al amor, teniendo como único testigo, la naturaleza.
Un abrazo

yonky dijo...

Habrà sido el paisaje el inspirador de tan creativa y sensual historia?.
Estupenda mimetizacion con y en él.

saludazos

maria jose moreno dijo...

Dios miiiiiiiiiiiiiiiio!!!! eso te inspira este paisaje.. ¿por qué será, mi querido Juan Carlos?...jajaja
Algun retozo mañanero o vespertino en la hierba, en el monte, en ...bueno para que seguir.
He disfrutado de tu relato y de tu experiencia. No está mal cambiar de sitio de vez y ese es uno bueno.
Besos amigo

alfredo dijo...

La belleza, es la belleza.
Y es imprevisible la cantidad de emociones y sensibilidades que mueve.
Un marido ferroviario y tres hijos después, otro castañar, (o lo que sea) es escenario del aprobado de una asignatura pendiente.

¡Viva el Valle! que propicia escenas tan bellas y sensuales como esta.

Muy bueno el guión adaptado.
Abrazos

Primavera dijo...

Me llega el paisaje de verde con la mezcla del mar y dejar que esos sueños vuelven..
Hermoso relato.
Primavera

Matices dijo...

Recuerdos amasados en vivencias pasadas que nos traslada poco a poco a nuevos deseos...
Creo que llegaron donde deseaban, al punto justo.

Besos