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¡Felices Navidades!

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miércoles, 12 de enero de 2011

Este jueves un relato: Historias calentitas - Aquella noche


      Aquella noche el viento no tenía clemencia. Sus embates azotaban la casa, carente de la protección de la ciudad. Nos sabíamos solos, vulnerables, expuestos. Los dos.
      Aquella noche yo la deseaba. ¿Y ella? ¿Me deseaba?
     Aquella noche me acercaba. Ella me rehuía pero me esperaba.  Me dejaba besarla, respondía mis besos, me permitía explorar su cuello, su mejilla y me rehuía, pero me esperaba. Exploraba sus labios, sus hombros y me rehuía, pero me esperaba. Eliminé su blusa,  dibujando con mis dedos el perfil de sus pechos. Eliminé su sujetador y entonces los pude empezar a gozar. Aproximé mi cabeza y sus manos comenzaron a guiarla, en un trayecto imprevisible pero gratificante. Ella comenzó a recorrer con sus labios mi cuello, mis mejillas, mis labios y yo ya no exploraba sólo disfrutaba con mis manos, con mis labios cualquier parte de su piel que tuviera a mi alcance.
       Y me rehuía, maravillosa huída con el encanto de la mitad superior de su cuerpo desnudo, con el bamboleo de sus pechos. Y me esperaba.
       Y cuando llegué a ella el viento ululaba, algo crepitó, un trueno resonó imponente y mientras la palma de mi mano alcanzó, de nuevo, la suavidad de su pecho, ella sacó mi camisa, por la cabeza sin desabotonar. Caímos sobre el sofá con los labios unidos, buscando la mejor forma de complementarlos. Las lenguas se encontraban. Mi boca fue bajando, barbilla, cuello, pecho, senos, ombligo y entonces me rehuyó. Y me esperaba.
      También la esperé y nuestras miradas encendidas se cruzaron. Interpretar ambos las miradas, comprender nuestra coincidencia, nuestra complementariedad, nos hizo soltar una risotada.
      Y fui hacia ella, atravesando la peluda alfombra que marcaba el espacio que nos separaba con un gateo de movimientos ralentizados. Su risa, mientras se alejaba, volviendo al sofá esperando que cayera sobre ella, me excitaban más aún. Las nuevas oleadas de besos habrían sido eternas, pero algo entre mis piernas me decía que tenía que haber más. Y algo entre sus piernas le decía que tenía que haber más.
      Fueron mis manos. Si, ellas fueron. Zafaron el botón y se introdujeron bajo sus pantalones. Su bragueta fue abriéndose, como para no oponer una resistencia que ninguno de nosotros deseaba. El tacto, primero de su vello, luego de su abertura, de todo lo que esa maravilla encierra, nos conmocionaron a ambos.
      Pronto ella también desabrochó mis pantalones, que cuando me incorporé, cayeron al lugar donde quedarían todo el fin de semana. Los suyos los saqué, bragas incluidas y los arrojé como los cosacos arrojan la copa vacía. Su desnuda vulnerabilidad, su desnuda perfección, se me ofrecieron creando una imagen que guarda en su museo mi memoria. Como la de sus ojos de deseo, sus ojos de entrega, sus ojos de esperanza.
      No supe con que parte de mi cuerpo acudir al encuentro de ese cuerpo que se me ofrecía y no tuve tiempo para decidir. Ella lo hizo. Caímos al suelo, sobre la peluda alfombra, ella sobre mí, marcando un ritmo con su pubis que acompasamos enseguida Contemplaba la perfección de sus formas mientras sentía como me adentraba en ella, envuelto en su calidez, acariciando con suavidad sus pechos, su ombligo. Reclamando su beso, gozando sentirla íntegramente. Gozando una parte de mi cuerpo en el suyo, gozando la concesión mutua de nuestros cuerpos.
      Nunca sabré como fue, pero estaba sobre ella y marcaba un ritmo. No lo pensaba, era un ritmo instintivo, primitivo. Sus gemidos denotaban satisfacción, los míos pasión. Sus dedos me aferraban con pasión, mi mirada de deleite, satisfacción. Noté como el fluido había iniciado su camino e intenté aflojar el ritmo. Ella asumió el protagonismo.
      Un rayo iluminó la habitación, me permitió ver su cara, sus ojos que reflejaban los míos, que reflejaban los suyos, que reflejaban los míos, que reflejaban los suyos ... y entonces el magma de la pasión brotó mientras sus besos me deleitaban.
      Tendido boca arriba, sus brazos rodeaban mi cuello. Las palmas de mis manos repasaban la conocida suavidad de sus nalgas una, cosquilleaban su espalda otra. Notaba su maravillosa abertura en mi muslo.
      Otra risotada, cuando ella levantó la cabeza de mi regazo, cuando yo la miré y cuando nuestros ojos coincidieron otra vez e interpretaron sus mensajes.
       Entre tanto, dedujimos que se había ido la luz. Bueno, ya volvería 
       Y agarrados de la mano fuimos a la cama para pasar una noche que, lamentablemente, sólo duró cuarenta horas.

16 comentarios:

Inma Brujis dijo...

y me imagino que esas cuarenta horas fueron como 15 minutos.
Cuando estás con la persona que deseas, que amas, el tiempo siempre corre más de la cuenta.
Un beso

Medea dijo...

El sexo tiene el sentido de elevar el amor a su máximo exponente, cuando amas quieres 40 horas,50 para estar abrazado a ese cuerpo, cuando amas quieres gozar con él y de él y del cálido abrazo del sosiego. Supongo que el sexo por el sexo solo me invitaría a salir corriendo después. Muy buen relato Juan Carlos y deliciosa manera de describirlo. Besillos

Natàlia Tàrraco dijo...

Juan Carlos, descripción lúbrica de un encuentro por etapas, por alfombras, sofá, huyéndose, jugando, atrapándose, meticulosamente descrito, desde la pasión detallista. Pasan horas o minutos, la noción del tiempo poco importa, así lo he sentido en tus palabras sensuales y sabias.

Juan Carlos dijo...

INMA: Efectivamente. Que diferentes son 40 horas en condiciones con la persona que se quiere a pasarlas en otras circunstancias.
Un beso y gracias por el tema.

MEDEA: Muchas gracias y tienes razón. Este relato narra una escapada de una pareja. Estar con la persona que se quiere y libre de los condicionantes del día a día es genial.
Besos, amiga.

NATALIA: Gracias siempre por tu comentario. Si, no hay más que esa evocación a un fin de semana en que, (tomando las palabras del comentario de Medea), se eleva el amor a su máximo exponente.
Besos.

Natàlia Tàrraco dijo...

Amigo Juan Carlos, no sabes cuanto te agradezco tu acertadísima observación, lo he dejado patente en los comentarios. Desde luego al releer ese micro tercero he visto que sobraba esa parte a la que tú aludes con mucho acierto. Acabo de eliminarla, cuatro ojos ven más que dos.
No dudes en expresar tus opiniones jamás, en mi blog, las necesito, las valoro y te lo agradezco infinitamente. Eres lector muy atento, amable, perseverante y además buen escritor.
Necesitamos críticas constructivas como la tuya, así aprendemos que nunca se acaba.
Te saludo muy agradecida !ave!

San dijo...

Necesario desprenderse de las ataduras del dia a dia y perderse en un fin de semana para dos...magníco Juan Carlos.
Un beso.

rosa_desastre dijo...

Un reloj dislocado es el que marca el tiempo del placer... Ese tiempo que tu has contado o descontado con tanto acierto. Da gusto oir la tormenta.

maria jose moreno dijo...

Mágico encuentro entre dos seres que comparten una pasión irrefrenable, creo que cuarenta horas es poco después de haber leído el encuentro.
Me encanto lo de la peluda alfonbra...viene a cuento.
Un besazo

Ceci dijo...

Que maravillosa esa comprensión mutua de complementariedad! Nada hace falta decir, el saber instintivo de donde encaja cada cosa. Ja!
Me encantó tu relato Juan Carlos, con pausa y sin concesiones me fuiste llevando hasta el borde, del que no hay salida ni retorno.
Magnífico y elocuentemente erotico.
Besos calurosos

Verónica Marsá dijo...

NO sé si decir ¡Qué pena que volvió la luz! o ¡Menos mal que volvió! Ese juego es seductor de por sí, esos coqueteos de tira y afloja de las perimeras citas es divertido y mejor que una brasa para encender el fuego. Realmente no hablas de relatividad temporal, gozaron 40 horas... ¿Cómo acabó la cosa? ¿En boda? ¿O eran dos esposos sesentones disfrutando a ser pareja en sus primeros días?

Besito y buen finde. Me gustó, al pan pan y al bollo NOCILLA!

Princesa115 dijo...

Qué lujo de detalles Juan Carlos.
Esas cuarenta horas se hacen cortas cuando estas con la persona adecuada, cachis!!!.
Ese rehuir me encanta, es dar paso al deseo y la pasión.
Una noche de maravillosa...donde se da todo por el todo.

Un beso enorme

gustavo dijo...

mi comentario, juan carlos consta de dos interjecciones, sólo y nada más de dos interjecciones escritas:"¡joderrr! y ¡ufff!"
ambas así escritas carecen de sentido casi. pero si le pones el sonido de la admiración, lo adquieren, creo yo, ya del todo.
ni digo más nada.
saludazos, amigo.

Ŧirєηzє ✿ܓ dijo...

dicen que el amor...es el unico deporte que no se suspende por falta de luz...
tu relato lo prueba...jejeje...
bonito y sensual...
saludos...¡¡¡¡

CAS dijo...

Me has llevado a la maravillosa sensación de querer que no haya luz, ni tiempo ni espacio, solo el deseo, solo el amor y el sexo por amor, que hace de la entrega el mejor momento, y del abandono, la mejor recompensa.
Letras que conducen al éxtasis, que leí con mucho placer.
Un fuerte abrazo.

Celia dijo...

Oye... que me ha encantado.
Ha sido un inmenso placer leerte.
Un fuerte abrazo.

rinconesdetucerebro dijo...

El sexo es otra expresión del amor, me ha encantado el relato . Un saludo