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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

jueves, 19 de julio de 2018

Kothbiro


Esta semana se estrena como coordinadora juevera Dafne Sinedie, y en este enlace se pueden leer los relatos escritos bajo su propuesta, que es hablar del lenguaje de la música, contando lo que nos sugiere una canción cuya letra no comprendemos.

En uno de los álbumes de la editorial Putumayo, titulado música de las tierras del café, descubrí este tema hipnótico, introspectivo, llamado Kothbiro y compuesto e interpretado  en swahili (creo) por el keniano Ayub Ogada que luego he escuchado en la inauguración de los últimos Juegos Olímpicos y me he enterado que forma parte de la BSO de El jardinero fiel.





Seguramente influido porque el nombre del álbum, imaginé que la canción nos hablaba de esa gente que está condenada a trabajar su tierra, cuando el posesivo no refleja que el hombre sea propietario de la tierra, sin lo contrario, que el hombre es propiedad de una tierra.
Porque esa tierra es propiedad de personas que vienen de otras tierras, a las que llevan los réditos del trabajo que realizan quienes sí pertenecen a ésta.
Y que trabajan bajo un cielo sin tamiz, soportando el impacto de los rayos que lanza un sol a veces desquiciado, aguantando vientos, recibiendo lluvias, igual que hace esa tierra cuyos frutos recogen a cambio de una remuneración que les valdrá para sobrevivir un día tras otro, tener unos hijos que recogeran esos mismos frutos a cambio de remuneraciones que les valgan para sobrevivir y siempre cantando sus penas  y dando en sus canciones un acento especial cuando toque decir la palabra kothbiro.
La semana pasada, tras escuchar una vez más la canción, se me ocurrió buscar la traducción de esta canción. Empecé a leerla y… ¡rayos! Lo que leía tenía una música muy diferente a la de Ayub Ogada… era otra, compuesta por el uruguayo Jorge Drexler, ese querido cantautor que no me extraña haya querido acercar ese precioso poema de su colega keniano.





jueves, 5 de julio de 2018

Un jueves independentista





Esta semana Dorotea propone hablarnos de independencia y, en tiempo de mundial, la inspiración me llegó viendo el partido Inglaterra-Colombia el pasado lunes. El final del partido, porque no suelo ver más que los finales de los partidos de eliminatoria, que es cuando hay emoción.
Además esta semana en Cinco Palabras la propuesta viene del futbolista uruguayo Luis Suárez, por lo que, sumando ambas convocatorias, mi relato es el siguiente.






Le habían ordenado actuar con rapidez para marcar y ganar inmediatamente, pero eso contrariaba su AMBICIÓN.
Llevaba tiempo demostrado su HUMILDAD, quedaban atrás muchos años de SACRIFICIO para intentar GANAR en EQUIPO, y ante él tenía una ocasión de triunfar que tal vez nunca volviera a tener.
Entonces decidió independizarse de su equipo, de su patria, ralentizando el juego para que el partido se definiera por penalties, ese decisivo momento en que el portero se convierte en un héroe.
Y así fue.
Él no paró ningún penalty, pero su compañero del equipo contrario paró dos y salió a hombros.



Otros relatos escritos bajo la misma premisa, aquí, en lazos y raíces

jueves, 28 de junio de 2018

Jueves de quema de libros


QUEMA DE LIBROS

Inma nos propone esta semana tratar sobre la quema de libros y a continuación viene mi relato. Los otros escritos con la misma premisa se pueden leer siguiendo este enlace.

En este año de 2050 soy terriblemente viejo. Espero la muerte, pero se ve que esta no me encuentra. No es nada especial, es sencillamente que siento que ya no tengo sitio en este mundo y sé que, como afortunadamente la única parte de mi cuerpo que no me falla es la memoria, conmigo se van a ir muchos recuerdos que esta sociedad acelerada y alocada va dejando atrás.
Recuerdo que en mi juventud valorábamos la cultura. Nuestros mayores lucharon por la libertad, insistiendo en el aspecto cultural, en cualquiera de sus ámbitos, a la que deberíamos acceder sin prohibiciones ni restricciones.
Entonces llegó mi tiempo y estaba convencido de que nuestro mundo estaba mejorando y que mi humildísima aportación serviría para esa labor. Llegamos a poder encontrar cualquier libro, cualquier película, cualquier música, acceder a imágenes de cualquier cuadro, escultura, expresión artística de las culturas más alejadas o minoritarias y todo ello con el mayor respeto a cada una de ellas.
No sé que pasó, la sociedad recibía toda esa oferta y la despreciaba, al punto de tratar como basura lo que nos había parecido arte.
Las bibliotecas espurgaban sus estanterías, las pinacotecas sus paredes, dejando muchas obras de su catálogo en oscuras bodegas para empolvarse, estropearse y terminar inutilizables.
Incluso en aquellas redes informáticas en las que se habían colgado toda aquella información fue cada vez más difícil de acceder a ella. Esas redes se habían convertido en un eficacísimo modo de trasmitir una propaganda que nunca invitaba a desarrollar la personalidad de cada cual, sino a todo lo contrario.
Entonces me sentí viejo. Un viejo que contaba libros, describía imágenes que a los jóvenes les resultaban monsergas. Me escuchaban mis hijos, más por cariño que por interés y me escucharon mis nietos hasta que la adolescencia les condujo su curiosidad hacia otros derroteros.
Seguí sintiéndome cada vez más viejo, perdiendo a quienes compartían conmigo aquel conocimiento, bien por defunción, bien porque sus recuerdos van quedando encerrados en una memoria en descomposición.
En este año 2050 soy terriblemente viejo, como lo es el mundo que amé.

jueves, 24 de mayo de 2018

Relatos sobre un premio

Aquí aparecen relacionados los relatos escritos bjo la premisa del premio con enlace al blog en que se alojan:












                                     




Imagen relacionada     Carmen            
                 
  Resultado de imagen de premio cine Sylvia
  Resultado de imagen de premio tamaño








Fabián

 





 


 Gus








 San









 Moli del Canyer






Campirela


 




         Mujer virtual 
 Sakkarah






 Myriam






          Tracy


 

domingo, 20 de mayo de 2018

Convocatoria literaria: el premio.

 



Resulta que esta semana se cumplirá el aniversario de una vez en que resulté ganador del mayor premio en un sorteo y se me ocurrió proponer este tema: EL PREMIO.

Ese será el tema de la convocatoria, aunque para quien quiera rizar el rizo, propongo desarrollar una idea que Chejov dejó apuntada y que nunca llegó a escribir:
Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida.

Os espero desde la tarde-noche del miércoles y las 24,00 horas del viernes y, muy importante, no olvidéis comunicarme el enlace del relato que quiera participar en esta convocatoria para poder hacer la relación de participantes.
Muchas gracias y… ¡qué las musas os premien!

jueves, 17 de mayo de 2018

Este jueves, un toque de locura.



Esta semana, como varias anteriores, pensaba volver al blog, a los jueves, y hacerlo, a la vista del título, con algún relato divertido, al menos amable, pero resulta que durante la comida he leído el siguiente artículo sobre la vida en el exilio de Jozef Mengele.

A Mengele lo conocíamos muchos encarnado por Gregory Peck en la película Los niños del Brasil. Vi la película en televisión y recuerdo que después de verla muchos utilizábamos el calificativo Mengele para referirnos a algo terriblemente malo.


El perfil que me hago de ese personaje es de una persona carente de cualquier toque de locura, un tipo extremamente cuerdo. El autor del libro que da pie al artículo, Olivier Guez, cree que sería el ejemplo perfecto de la banalización del mal, ya que es un tipo que jamás se arrepintió de lo hecho. Y lo hecho es de una perversión inconcebible.

Justamente el concepto de banalización del mal lo acuñó Hannah Arendt analizando a Adolf Eichmann cuando fue juzgado en Israel. Le sorprendió como aquel hombre se mostraba orgulloso por el trabajo realizado en el transporte de prisioneros a los campos de concentración, sin mostrar en ningún caso alguna emoción. Solo orgullo profesional.

Mengele se ofreció para trabajar como médico en los campos de concentración de modo que pudo conseguir seres humanos con los que realizar sus investigaciones. No sé ni sé si soportaría saber los experimentos que realizó. Me basta para que se me revuelva todo leer que tenía lo que llamaba un zoo de niños, su corral de cobayas de donde tomaba a quienes empleaba para aprender sobre el cuerpo humano.

Diréis que me equivoco, que no era un tipo cuerdo, sino un maldito loco, pero lo que afirmo es porque creo que los humanos tenemos toques de locura, incluso los necesitamos. El amor, la ternura, la solidaridad, muchos otros tantos sentimientos que nos mueven a cometer actos que tal vez no haríamos en nuestro sano juicio, que tal vez nos perjudican, de los que a veces nos arrepentimos, están implícitos en la condición humana.

Mengele careció de esos sentimientos, fue un absoluto cuerdo.

Su vida no fue feliz, era imposible. Porque, como dice la imagen que nos sugiere Pepe para ilustrar el relato, no se puede ser feliz sin tener algunos toques de locura.

Otros toques de locura aquí.

martes, 16 de enero de 2018

La angelical figura de Gabriel




Dolores O'Riordan acaba de fallecer. Ella, con este tema, me inspiró, en mis horas de coche del trabajo a casa o viceversa, este relato que hoy cuelgo como homenaje a quien tanto me hizo sentir.


La angelical figura de Gabriel

La angelical figura de Gabriel había dominado sus pensamientos, sus acciones, su vida,  desde que ella puede recordar.

Aquel hombre de melenita casi rubia, cuidada barbita, ojos azules, vestido con ropa blanca y holgada, que a veces pareciera vestía túnica; deslumbró su adolescencia, colmó sus ilusiones, monopolizó sus frustraciones.

Gabriel ese hombre tan admirado, tan amado, de quien pocas veces tuvo su cuerpo, nunca su alma. Ahora cree que porque él nunca tuvo alma. Ahora.

Y es que  hoy, recién hoy, apenas hoy, ve con una diáfana claridad, tardía e irreversible, su error. Comprende que su entrega nunca tuvo destinatario.

Ahora que ella ve que su cuerpo ya no es el que fue, ese cuerpo al que solo le veía sentido junto a Gabriel a quien fue fiel y de quien nunca obtuvo más que desaires o falsedades.

Porque mientras la imagen de Gabriel se desvanece en su mente, en su corazón, en sus entrañas, contempla como también sus carnes pierden turgencia, su pelo se trufa de canas, su cara de líneas.

Y decide afrontar un futuro desangelado, ignorando que ha alcanzado un atractivo más complejo, más maduro, más profundo que el que nunca tuvo.

jueves, 11 de enero de 2018

Jueves real



Esta semana Dorotea nos propone hablar de reyes y los relatos surgidos sobre esa chispa de inspiración se encuentran aquí.
El mío tratará sobre unos reyes creados por Óscar Hijuelos, los del mambo. Creo que mi relato puede ser entendido por quienes no han visto la película y por quienes han leído el libro.
No sé si lo entenderán quienes solo hayan visto la infame película, que tal vez no relacionen el relato con lo que nos contaba Hijuelos en su novela… 


Los reyes del mambo no abdicaron, fueron destronados del mismo modo en que fueron entronizados, por aclamación popular y repentinamente. 
Su reinado fue fugaz. De él queda un testimonio: un viejo long-play, que en su giro deja ver un tono negro en los extremos y una confusa mezcla de colores en su centro que, cuando detenemos el disco, nos mostraría unas figuras en vivos colores bailando y leeríamos el pretencioso (y anticuado) título Los reyes del mambo tocan canciones de amor.
Ese disco giró mucho, hace mucho, ahora solo suena en un tocadiscos portátil, en una habitación de hotel barato, donde lo reinicia una y otra vez el último de los reyes, que ha decidido acabar con su vida.
Con dignidad real no se suicidará, disfrutará de todo aquello que le gustaba y que derrochaba cuando era rey y que ahora le estaba vedado, tanto por el médico como por los precios. Según el médico esa bebida, esa comida, ese tabaco le matarían y, confiando en su médico, ha recurrido a ello.
El disco vuelve a su giro, más que centrífugo, centrifugaz, pues fugaz fue el reinado de los reyes del mambo, ese espíritu que se fuga del cuerpo de César, el último rey del mambo, cuyos órganos vitales acaban de colapsar por tanto placer que ya, destronado, no pudo asimilar.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Jueves con el pie cambiado




Esta semana San nos hace una genial propuesta, escribir un relato con el pie cambiado y para cambiarnos el pie nos impone comenzar el relato con la frase que en el mío aparece en rojo.

Otros relatos bajo la misma premisa se pueden leer desde este enlace.

Ayer fue miércoles toda la mañana. Por la tarde cambió: se puso casi lunes, lo cual resultó desconcertante. Especialmente para Nacho. Para él el orden lo es todo. 
El pobre sigue arreando a las cigüeñas del campanario para que migren. Les recuerda que llegará el invierno y que deben viajar a tierras más cálidas sin entender que sigan ahí, tan panchas. Nacho es menos consciente del cambio climático que las propias cigüeñas.
Para él todo es un sindiós y cuando lo dice le imagino como Saza en amanece que no es poco, vestido de guardia civil y disparando al sol que sale por poniente.
Pobre Nacho, siendo un chico tan ordenado se está convirtiendo en un inadaptado. Y no porque él no haya aprendido bien lo que nos han enseñado, sino justamente por lo contrario, porque el to ha aprehendido. Con uñas y dientes.
Los demás hemos aprendido a relativizarlo todo y cuando digo todo digo todo. Es decir, todo.
¿Quién cree en la coherencia? ¿Quién cree en la lógica? ¿Quién cree en una verdad única?
Nacho. Nadie más. 
Nos hemos hecho tan cínicos que aceptamos todo. Como en el chiste, creemos que dos más dos suman lo que decida que sume quien manda. Solo hay una persona que dirá cuatro.
¿Adivináis quien?
Nacho. Claro.
Hablando como estoy de él creo que merece ser premiado. Dénle un premio Nobel, varios Óscar, un montón de Grammies o, algo que realmente le emocionaría, una medalla de oro olímpica en patinaje artístico, aunque cada vez que se calza los patines se pega una bofetada espectacular. Bueno, ¿Eso importa?
A Nacho sí.

Ahí se va, a su paso, cambiado, diríamos los demás, pero porque es el único que mantiene el ritmo de siempre.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Un jueves en el paraíso







Este jueves Vivian nos propone hablar del paraíso aquí. Y aprovecho para hablar de alguien a quien conocí y me impresionó hace unos meses, ahí mando mi relato:


Aún vive allí, en el paraíso.
Tuve ocasión de conocerle en primavera, cuando llegué allí, adonde, al fin, transcurren todos sus días.
Conoció el paraíso en su infancia, en esas vacaciones en el pueblo donde su madre fue la niña que en la ciudad se convirtió, primero en princesa, más tarde en reina.
Allí sus pasos le fueron llevando por campos, peñascos, riachuelos. Sus pasos fueron cada vez más firmes y fue llegando cada vez más lejos, pero nunca llegaba al final de aquella tierra eterna, la de sus ancestros y en la que veía su futuro.

Su futuro se desarrolló lejos, en la ciudad, con infinidad de viajes, nuevos conocimientos y nuevas experiencias. Mujer, hijos, éxito profesional, un creciente bagaje de conocimientos y, cada vez que podía, afrontaba ese viaje que le llevaría no muchos kilómetros muy lejos por carreteras casi imposibles. Y cada viaje lo afrontaba con esa cara que cuantos le conocían interpretaban bien y le decían:
- Qué, se va al paraíso, ¿verdad?
Y no hacía falta que respondiera, su cara lo reflejaba.


Entretanto el paraíso se despoblaba, fueron tiempos en que las comodidades del infierno ciudadano se llevaron a muchos de pobladores del paraíso. 
Los hijos se fueron marchando de su casa, los viajes menguaron y el éxito profesional se tornó en jubilación. Entonces fue cuando hizo aquella pregunta trascendente a su mujer:
- ¿Nos vamos, para siempre, al paraíso?
Arreglaron su hogar, ese que fue de su madre, la niña del paraíso que luego fue princesa, como atestigua ese cuadro que preside el salón y allí vivieron una vida de felicidad, con las frecuentes visitas de esos hijos a los que la obligación ata al infierno y la devoción al paraíso.

Ahora, me contó, es feliz, aunque en su mirada aparece un algo de tristeza. Confiesa que perdió a su compañera. Y no lo dice, pero se ve que su edad tal vez impida que continúe viviendo en el paraíso durante mucho tiempo.
Pero entonces él pide otra cerveza y entona una canción árabe que llama a esa lluvia que tanta falta hace.